Osteoporosis

Huesos de acero

19 octubre, 2015

¿Qué es la osteoporosis?

La osteoporosis es el tipo de enfermedad ósea más común. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aboga por definirla como una dolencia “caracterizada por una masa ósea baja y el deterioro microestructural del tejido óseo, lo que lleva a una mayor fragilidad de los huesos y al consiguiente aumento del riesgo de fractura”.

Es decir, la osteoporosis es una enfermedad que reduce la densidad y la calidad de los huesos, ya que estos se vuelven más porosos: hay más aire en su interior y aumenta el número y tamaño de las cavidades. Esto debilita el esqueleto y aumenta el riesgo de padecer una fractura, aunque esta enfermedad puede no manifestar síntomas hasta que la propia fractura se produce.

Sobre todo, las fracturas pueden afectar a la columna vertebral, las muñecas, la cadera, la pelvis y el húmero. De hecho, según la Fundación Internacional de Osteoporosis (FIO), una de cada tres mujeres mayores de 50 años sufrirá una fractura por osteoporosis (cifra mayor que el cáncer de mama) a lo largo de su vida, al igual que uno de cada cinco hombres (cifra superior al cáncer de próstata).

Tanto la propia dolencia como las fracturas que produce constituyen una importante causa de morbilidad, ya que obliga, a los pacientes a ingresos hospitalarios más prolongados que los que provocan otras graves enfermedades como la diabetes, los ataques cardíacos o el cáncer, y porque limita su calidad de vida.

Además, la mortalidad relacionada con la osteoporosis también es alta: en nuestro país, el 13% de los pacientes que han sufrido una fractura mueren en los 3 meses siguientes. En los dos años posteriores a la fractura, la mortalidad alcanza el 38%.

La osteoporosis es una enfermedad que tiene un enorme impacto en la salud pública tanto desde un punto de vista individual como colectivo para los sistemas de salud, la economía y la población.

¿Quién padece osteoporosis?

De acuerdo con la Asociación Española Contra la Osteoporosis (AECOS), cerca de tres millones de personas padecen esta enfermedad en España, la mayor parte de las cuales son mujeres. De ellas, una de cada tres sufre osteoporosis después de la menopausia.

A pesar de estas cifras preocupantes, según la Fundación Internacional de Osteoporosis (FIO), el 80% de quienes presentan riesgo elevado de osteoporosis y han sufrido por lo menos una fractura no han sido diagnosticados ni han recibido tratamiento para la enfermedad.

¿Qué provoca la osteoporosis?

Podemos definir la masa ósea como la calidad, densidad y estructura del hueso (formado a su vez por proteínas y sales de calcio) que tiene una persona en su esqueleto en un momento de su vida. El pico máximo llega a los 30 ó 35 años, edad a partir de la cual comienza a producirse una pérdida natural de masa ósea, normalmente lenta, que se prolonga durante toda la vida.

De este modo, conforme envejecemos, el cuerpo tiende a reabsorber el calcio y el fosfato de nuestros huesos, en lugar de mantener estos minerales en ellos.

Además, esta pérdida afecta en mayor grado a la mujer que, por una parte, ya cuenta con un pico de masa ósea menor que la del hombre y, por otra, deja de producir estrógenos al llegar a la menopausia, lo que puede acelerar la pérdida de masa ósea. Además, existen factores positivos y negativos que pueden condicionar que consigamos un pico de masa ósea adecuado: el sobrepeso, la falta de ejercicio y la baja ingesta de productos lácteos se relaciona directamente con una menor masa ósea.

Por eso es tan importante adquirir una buena masa ósea durante la infancia y juventud, a través de la alimentación y la práctica de ejercicio, para fortalecer nuestros huesos.

¿Qué tipos de osteoporosis existen?

De acuerdo con lo dicho anteriormente, la osteoporosis de tipo primario (no provocada por otras enfermedades o por medicamentos)  puede clasificarse de la siguiente manera:

  • Tipo I o postmenopáusica. Provocada por la falta de estrógenos que sufren las mujeres en esta etapa de la vida. Los síntomas suelen aparecer en las mujeres de los 50 a los 75 años de edad.
  • Senil. Es consecuencia de una deficiencia de calcio producida por el envejecimiento.  Suele afectar a los mayores de 70 años.
  • Idiopática juvenil o del adulto. No tiene causa conocida.

¿Y qué factores de riesgo?

Además del género y la edad (ser mujer y ser anciano), aumentan el riesgo de padecer osteoporosis los siguientes factores:

  • La genética. Tener antecedentes familiares de primer grado de osteoporosis.
  • La raza. La población blanca y asiática padece más a menudo esta enfermedad.
  • La constitución física. Las personas que tienen una constitución ósea pequeña y delgada son más propensas a desarrollar esta afección. También aquellas con un índice de masa corporal bajo.
  • La menopausia. Los cambios hormonales que provoca esta etapa de la vida pueden aumentar el riesgo de osteoporosis, especialmente en aquellas mujeres que la sufren de manera prematura (antes de los 45 años de edad).
  • Padecer desequilibrios hormonales. Como bajos niveles de estrógeno o testosterona o exceso de hormona tiroidea.
  • Ausencia prolongada de periodos menstruales, la pérdida temprana de la menstruación o la pérdida de esta tras una extirpación de los dos ovarios.
  • Una mala alimentación o seguir una dieta baja en calcio o vitamina D. (alimentos lácteos)
  • Padecer un trastorno alimenticio. Por ejemplo, la anorexia nerviosa.
  • Fumar o abusar del alcohol.
  • Llevar un estilo de vida sedentario.
  • Sufrir determinadas enfermedades. Por ejemplo, algunas dolencias endocrinas, enfermedades reumáticas inflamatorias, de la sangre o del hígado.
  • Recibir dosis altas de algunos medicamentos de manera prolongada. Entre ellos, la cortisona, antiepilépticos u hormonas tiroideas.
  • Antecedentes personales de fracturas previas por traumas leves.

¿Cuáles son sus síntomas?

La osteoporosis es una enfermedad silenciosa, no presenta síntomas en sus etapas iniciales y, a menudo, es la primera fractura la que lleva a descubrir la existencia de la enfermedad. Estas fracturas suelen ser:

  • Fracturas de repetición de huesos largos (fémur, húmero, radio en la muñeca), que se producen por golpes mínimos o caídas, o incluso suceden de forma espontánea. Suelen ser las típicas de la osteoporosis de anciano y, de hecho, las fracturas de fémur suelen ser las responsables de las fracturas de cadera tan comunes en las personas de edad avanzada.
  • Fracturas vertebrales causadas por pequeños movimientos como agacharse, toser o estornudar. Producen dolores muy agudos en la espalda y provocan su deformación progresiva, así como la reducción paulatina de la estatura, debido a aplastamientos vertebrales. Este tipo de fracturas son más frecuentes en la mujer postmenopáusica.

Según datos de la Clínica Universidad de Navarra, en España se producen al año 100.000 fracturas debido a la osteoporosis. Las más habituales son las fracturas de vértebra y de cadera, que se suelen dar a partir de los 70 años. Esta cifra aumenta a más de 1,3 millones de fracturas cuando se tiene en cuenta la población de todo el mundo.

¿Cómo se diagnostica la osteoporosis?

Si bien la historia clínica y el examen físico constituyen el punto de partida, la osteoporosis se detecta de manera definitiva a través de una densitometría. Esta prueba mide la masa ósea y permite realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad con una mínima exposición a las radiaciones. En concreto, permite:

  • Diagnosticar la pérdida ósea y la osteoporosis.
  • Predecir el riesgo de fracturas óseas en el futuro.
  • Valorar la eficacia de un medicamento contra la osteoporosis

Por otra parte, la radiografía está indicada ante la sospecha de fractura en cualquier localización. Por último, existe también la posibilidad de realizar un análisis de sangre y orina, si se sospecha que la osteoporosis está producida por alguna otra afección.

¿Cómo se trata?

El tratamiento contra la osteoporosis tiene como objetivo evitar las fracturas y se basa en las siguientes medidas:

1. Medidas no farmacológicas. El riesgo de fracturas disminuye con un estilo de vida saludable, basado en una dieta sana y la práctica habitual de ejercicio físico:

  • Realizar alguna actividad física, al menos tres días a la semana durante veinte o treinta minutos. El ejercicio puede ayudar a preservar la densidad ósea y retrasar el proceso que conduce a la osteoporosis, además de mejorar el equilibrio, la fuerza y la agilidad, lo que previene caídas. Algunas posibilidades son ejercicios de impacto o con peso como caminar, bailar o natación; ejercicios de equilibrio como el taichí y el yoga, o rutinas con ejercicios de fuerza o de resistencia en un gimnasio.
  • Dejar de fumar y de consumir alcohol.
  • Seguir una dieta rica en alimentos con calcio como la leche y sus derivados, la verdura, la fruta y algunos pescados y mariscos. La cantidad exacta de calcio que necesita un adulto depende de su edad, género y riesgo de osteoporosis, pero puede oscilar entre los 1.000 y los 1.500 miligramos al día, y podemos conseguirla tomando 2 ó 3 vasos grandes de leche o yogur a diario. En cuanto a los quesos, también contienen mucho calcio, pero hay que tener en cuenta que también son ricos en sal, grasas y calorías, por lo que es preferible tomar lácteos o derivados desnatados. Además,  a veces puede ser necesario tomar un suplemento.
  • Evitar la carencia de la vitamina D. Fundamental para el hueso, normalmente se obtiene la cantidad que se necesita mediante la absorción por la piel de la radiación solar. En este sentido, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es suficiente con exponer la cara y los brazos al sol durante unos 30 minutos al día, evitando, eso sí, las horas centrales del día y las quemaduras. Ya que los únicos alimentos naturales que contienen vitamina D son los aceites de hígado de pescado, aquellas personas que no pueden salir a la calle o que habitan en lugares poco soleados pueden necesitar también suplementos de esta vitamina (entre 400 y 800 milígramos al día).
  • Ingerir una cantidad suficiente de proteínas. Una dieta baja en este nutriente aumenta el riesgo de fractura de cadera o una mala recuperación, cuando ya se ha producido.
  • Prevenir caídas. Para ello, los expertos recomiendan evitar los fármacos hipotensores o sedantes, así como retirar los posibles obstáculos en el domicilio (alfombras, escalones, etc.) o usar zapatillas de estar en casa de suela de goma, para evitar resbalones. También podemos recurrir, si es necesario, a protectores de cadera.

2. Medidas  farmacológicas. Pueden ser de dos tipos:

  • Administración de medicamentos que frenan la pérdida de masa ósea y que, incluso, pueden favorecer la formación del tejido del hueso y un incremento de su densidad. Entre estos fármacos, se encuentran los bifosfonatos, los estrógenos, el raloxifeno, las calcitoninas y la teriparatida, entre otros, que en todos los casos deberán ser prescritos por el médico.
  • Prescripción de suplementos de calcio y/o vitamina D, en el caso de que la dieta que sigue el paciente o su estilo de vida no le garanticen el aporte necesario de ambos nutrientes. Debe realizarse siempre bajo supervisión médica.

Por último, en el caso de dolor intenso e incapacitante de las fracturas vertebrales, puede ser necesario recurrir a alguna de las siguientes cirugías:

  • Cifoplastia. Se inserta en la columna un material específico que restaura la altura de las vértebras.
  • Artrodesis vertebral. Los huesos de la columna se unen unos con otros, de manera que no se muevan.

¿Y las personas intolerantes a la lactosa o que no les gusta la leche?

En casos de personas intolerantes a la lactosa o aquellas a las que no le guste la leche, es posible enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio, vitamina D, rivoflavina y proteínas. Por ejemplo, con verduras como las espinacas, la acelga o el brócoli; legumbres como las judías blancas, las lentejas y los garbanzos; la yema de huevo; pescados como la sardina, el salmón y el lenguado; las gambas y todos los frutos secos –excepto la castaña-. Todos estos productos constituyen excelentes fuentes naturales de los nutrientes que contienen los lácteos.

También pueden consumir leche que no tenga lactosa, ya que existe un amplio número de marcas de leche que comercializan gamas de productos sin lactosa, y que pueden hacer más llevadera la necesidad de excluir parcial o completamente los lácteos de nuestra dieta.

Además, también puede ser recomendable apoyarse en complementos nutricionales de lactasa. El farmacéutico dispone de soluciones nutricionales en cápsulas o comprimidos masticables para facilitar la digestión en estas personas intolerantes a la lactosa. Su uso permite una ingesta de productos con lactosa prácticamente sin restricción. Si nuestro médico o farmacéutico nos lo recomienda, podemos recurrir a estos suplementos en los casos en los que probablemente se van a ingerir alimentos con lactosa como comidas fuera de casa, celebraciones etc.

10 consejos para minimizar los riesgos de la osteoporosis

Aquellas personas que sufren osteoporosis deben seguir un estilo de vida que fortalezca sus huesos y, al mismo tiempo, minimice los riesgos de sufrir fracturas. Para ello, son fundamentales las siguientes recomendaciones, muchas de las cuales deberían incorporarse ya desde la infancia y la juventud como medidas preventivas:

  • 1. Sigue una dieta rica en calcio
  • Trata de conseguir todo el calcio que necesita tu esqueleto de una manera natural por medio de la alimentación: lácteos –yogures, quesos, leche…-, frutas y verduras –col, espinacas, cebollas, frutos secos… -, pescados -anchoas, sardinas, lenguado, y salmón – y mariscos. También una dieta rica en proteínas ayuda a prevenir la fractura de cadera.
  • 2. Asegura tu aporte de vitamina D.
  • Se obtiene con los rayos del sol, por lo que entre quince y veinte minutos diarios de exposición solar te garantizarán la cantidad necesaria de esta importante vitamina, que fija el calcio en el hueso.
Cinfa Salud - Consejos osteoporosis
  • 3. Deja el tabaco y reduce el consumo de alcohol.
  • Ambas sustancias dañan los huesos, pero el alcohol, además, disminuye los reflejos y aumenta el riesgo de caídas y posibles fracturas. El exceso de café tampoco es aconsejable.
  • 4. Practica ejercicio de manera regular.
  • Huye del sedentarismo y realiza alguna actividad física durante veinte o treinta minutos unas tres veces a la semana. Algunos de los ejercicios que te ayudarán a fortalecer tus huesos son caminar, bailar, practicar taichí, yoga o ejercicios de soporte de peso. Evita siempre aquellos que impliquen algún tipo de riesgo.
  • 5. Cuida tus posturas en el día a día.
  • Vigila la manera en que caminas, te sientas, te acuestas y te levantas. Presta atención, además, a la forma en que coges y trasladas pesos.
  • 6. Presta atención al caminar por la calle.
  • Mira bien por donde pisas y evita caminar en días de heladas, si vives en una zona fría. Escoge bien los zapatos que utilizas: deben ajustarse a tu pie y los tacones deben ser bajos.
  • 7. Minimiza los riesgos de caídas en casa.
  • Deja las luces encendidas durante la noche para que puedas ver mejor mientras caminas; retira las alfombras u otros objetos de decoración que puedan hacerte tropezar; instala en el baño barras de seguridad y pavimento antideslizante en la ducha o bañera.
  • 8. Vigila tu vista.
  • La mejor manera de evitar una caída es ver bien, por lo que es recomendable que acudas a revisarte la vista a un oftalmólogo una o dos veces al año.
  • 9. Evita los fármacos hipotensores o sedantes.
  • Este tipo de medicamentos puede provocar somnolencia e inestabilidad, por lo que es preferible no tomarlos en la medida de lo posible. Si debes hacerlo, ten mucho cuidado cuando te levantes y desplaces.
  • 10. Toma suplementos de calcio y vitamina D si es necesario.
  • Tu médico te indicará si necesitas complementar tu dieta con este tipo de aportes, que debes tomar siempre bajo su supervisión y respetando las dosis y pautas de administración que él te señale.

Vídeos

Consejos para prevenir la osteoporosis y evitar fracturas

La osteoporosis afecta a 3 millones de personas en España. Lo padecen 1 de cada 3 mujeres a partir de la menopausia, y 1 de cada 5 hombres en algún momento de su vida. Se trata de una enfermedad asintomática, no se detecta hasta que se produce una fractura. Los principales factores de riesgo son un estilo de vida sedentario, una dieta pobre en calcio, el tabaco y el alcohol. Consumir 1 litro diario de productos lácteos y derivados (leche, yogur, queso…), hacer ejercicio y exponernos al sol unos 15 minutos al día, siempre con protección solar, por el aporte de vitamina D, que ayuda al cuerpo a absorber el calcio.

Audios