Diferencias artrosis y artritis

Comparten algunos síntomas y la fonética no ayuda: artritis y artrosis son dos enfermedades que, a menudo, no sabemos diferenciar. Sin embargo, es importante aprender a hacerlo, porque el origen de cada una es diferente y aunque pueden compartir algunos síntomas, otros son diferentes.

¿Qué es?

¿Qué es la artrosis?

De ambas dolencias, la artrosis es la más común y, por tanto, la más conocida. Según la Sociedad Española de Reumatología (SER), afecta a una de cada diez personas en nuestro país y representa una cuarta parte de los motivos de los pacientes atendidos en consultas de Reumatología. Además, es una dolencia que va en aumento en nuestra sociedad por el envejecimiento de la población.

La artrosis es una enfermedad reumática, crónica y degenerativa, de curso progresivo, que se produce cuando se desgasta el cartílago que se encuentra en el interior de las articulaciones para protegerlas (el cartílago es el tejido que recubre el hueso y actúa de amortiguador).

Actualmente, se sabe que, además de al cartílago, la artrosis afecta a toda la articulación: al hueso bajo el cartílago, los ligamentos, la cápsula articular, al músculo que rodea la articulación o a los meniscos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el cartílago ejerce una importantísima misión para redistribuir la carga de la articulación y amortiguar el roce de los huesos que la componen, por lo que su desgaste implica el mal funcionamiento de la articulación afectada. Ello podrá provocar dolor, rigidez, crujidos, limitación de la movilidad y, en ocasiones, derrame articular, cierto grado de inflamación local y el atrofiamiento de los músculos que la rodean.

La artrosis afecta sobre todo a las articulaciones que soportan mayor peso y realizan un esfuerzo mayor como las caderas, las rodillas, los hombros y la columna vertebral. También es frecuente su aparición en algunos dedos de las manos. Puede afectar solamente a una o dos articulaciones o presentarse de forma generalizada.

¿Qué es la artritis?

Artritis significa inflamación de la articulación, y todas las formas de artritis que pueden darse son el resultado de un proceso inflamatorio. Una de las más frecuentes dentro de este grupo de enfermedades se denomina artritis reumatoide.

La artritis reumatoide es una enfermedad reumática autoinmune, de causa desconocida, que inflama las articulaciones y los tejidos que las rodean, aunque puede extenderse a otras partes del cuerpo como la piel, los ojos, los vasos sanguíneos, el corazón y los pulmones.

¿Qué síntomas distinguen artrosis y artritis?
La artrosis afecta sobre todo a las articulaciones que soportan mayor peso, como las rodillas.

Según la Coordinadora Nacional de Artritis-Conartritis, esta enfermedad afecta en España aproximadamente al 0,5% de la población adulta. Es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres y más habitual en personas mayores (se inicia en torno a los 45-55 años), aunque puede aparecer a cualquier edad, incluida la infancia y la adolescencia.

Los síntomas principales y comunes a todos los tipos de artritis -dolor, deformidades, hinchazón, calor, enrojecimiento de la piel que está sobre la articulación y rigidez- suelen exacerbarse durante periodos determinados de tiempo, para luego atenuarse. Se trata de un trastorno crónico, que raramente se cura por sí solo.

Entonces, ¿en qué se distinguen las artrosis y la artritis?

Hemos podido comprobar que las dos dolencias comparten características como su carácter reumático y crónico o que la posibilidad de padecerlas aumenta con la edad. También pueden comprender algunas pautas comunes para el manejo del dolor que provocan, sin embargo, su origen y la manera en que cada una afecta a las articulaciones son distintos.

También hemos apuntado que la principal diferencia es que, en la artrosis, es el desgaste del cartílago el que causa la enfermedad, mientras que, en la artritis, lo es –inicialmente- la inflamación crónica de la bolsa (llamada membrana sinovial) que recubre la articulación, si bien, posteriormente, esta inflamación acabará dañando también al cartílago, el hueso, los ligamentos y los tendones.

En concreto, en el caso de la artrosis, la causa es degenerativa, pues se produce por el desgaste con el paso de los años, lo cual provoca que los huesos se rocen. Además de la edad, pueden aumentar el riesgo de padecer artrosis factores hormonales como la menopausia, la obesidad, algún traumatismo previo o la práctica habitual de algunos deportes como el ciclismo o el running, especialmente si se han sufrido lesiones. En el caso del desempeño de algunas profesiones, como por ejemplo, la conducción o la costura, que exigen movimientos repetitivos y que, por tanto, producen microtraumatismos, ha de existir algún otro factor adicional, ya que personas en las mismas condiciones podrán desarrollarla o no. Por tanto, no es una enfermedad exclusiva de la vejez. Si aparece en personas jóvenes de forma precoz y generalizada, se observa una relación con factores genéticos.

En cambio, la causa de la artritis no se conoce bien, aunque sí se sabe que algunos tipos, como la artritis reumatoide, tienen de base un trastorno autoinmune. Esto significa que el propio sistema inmunitario ataca las células y los tejidos del cuerpo. Además, en la artritis reumatoide, los factores genéticos están muy relacionados: sufren más posibilidades de padecerla quienes tienen familiares directos con esta patología. Las variaciones en las hormonas femeninas podrían influir también en su aparición, pero no se sabe a ciencia cierta. Otros factores que pueden predisponer su aparición son el tabaquismo, las infecciones, el estrés o la obesidad y tipo de alimentación, aunque su relación tampoco se conoce bien.

Diferencias en la sintomatología

Por otra parte, el curso de la artrosis es variable, en función de la articulación afectada y la fase de la enfermedad, y puede ser lento y progresivo, aunque también, a veces, cursar con períodos de exacerbación y remisión. Mientras, la artritis reumatoide suele afectar a la vez a varias articulaciones de forma simétrica, y los síntomas sí se manifiestan más por brotes.

El síntoma más característico de la artrosis es el dolor en las articulaciones, que se llama dolor de ritmo mecánico, ya que suele acentuarse con el sobreesfuerzo y mejorar con el reposo. También provoca rigidez y limita el movimiento. La rigidez se suele manifestar en la articulación que está afectada y aparece tras un período de falta de actividad; habitualmente dura menos de una hora y desaparece rápidamente al retomar e ejercicio. Sin embargo, no presenta síntomas generales, como sí ocurre en el caso de la artritis, la cual puede provocar, por ejemplo, fiebre, malestar, fatiga, falta de apetito y pérdida de peso. Y, aunque el dolor también caracteriza a la artritis, éste sigue un ritmo inflamatorio, es decir, suele aparecer por la mañana o por la noche y, en ocasiones, permanecer de manera continuada: no mejora, incluso puede llegar a empeorar con el reposo. Así mismo, la rigidez que experimentan los pacientes con artritis reumatoide también es diferente a la de la artrosis, ya que suele ser generalizada, más intensa al levantarse y de duración variable, pero más prolongada.

Además, al contrario que la artrosis, la artritis reumatoide, por ejemplo, puede afectar a otros órganos, con el paso del tiempo y cuando la enfermedad ya está establecida, y provocar complicaciones como vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos), pleuritis (inflamación de la pleura del pulmón), pericarditis (inflamación del pericardio, la membrana que envuelve el corazón) y problemas oculares como el ojo seco. En el caso de otros tipos de artritis, además de la afectación de las articulaciones pueden existir otras manifestaciones que involucran a otros órganos (por ejemplo: artritis psoriásica o la enfermedad inflamatoria intestinal).

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.