Artritis

¿Qué tratamientos alivian los síntomas de esta dolencia?

21 agosto, 2017

¿Qué es la artritis?

El término artritis engloba a todas aquellas enfermedades reumáticas en las que el proceso causa inflamación articular. Esto implica síntomas articulares como hinchazón, enrojecimiento, aumento de la temperatura de la piel, dolor y limitación en las articulaciones afectadas, así como otros signos generales como fiebre, cansancio, pérdida de apetito o adelgazamiento.

Existen múltiples causas de artritis: infecciosas; por depósitos de cristales en la articulación (como el ácido úrico que causa la gota); de base genética; relacionadas con algunas enfermedades; y otras, como la artritis reumatoide, cuyo origen está determinado por  un trastorno autoinmune.

¿Qué es la artritis reumatoide?

La artritis reumatoide es, por tanto, una enfermedad reumática autoinmune, de causa desconocida, que inflama las articulaciones y los tejidos que las rodean, aunque también puede afectar a otras partes del cuerpo, como la piel, los ojos, los vasos sanguíneos, el corazón y los pulmones, normalmente cuando la patología ya está establecida.

Es relativamente frecuente y, en general, produce síntomas como dolor, deformidad, hinchazón y rigidez -dificultades para moverse-.

Se trata de un trastorno crónico, con baja frecuencia de curación espontánea, que a menudo alterna periodos en que los síntomas se atenúan con otros en los que empeoran. Puede durar muchos años y llegar a deteriorar la calidad de vida de quien la padece, aunque existen tratamientos que permiten mantener la enfermedad bajo control en la mayoría de los casos.

¿A quién afecta?

De acuerdo a la Coordinadora Nacional de Artritis-Conartritis, esta enfermedad afecta en España a aproximadamente el 0,5% de la población adulta, lo que equivale a más de 200.000 afectados.

Por otra parte, es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres y es más habitual en personas mayores. Aunque suele manifestarse ente los 40 y 60 años, puede aparecer a cualquier edad, incluida la infancia y la adolescencia.

También aparece con más frecuencia entre personas que tienen una proteína en la sangre conocida como factor reumatoide, algo que sucede a un 5% de la población general.

¿Qué provoca la artritis reumatoide?

No se conoce bien la causa de la artritis, pero sí se sabe que se trata de un trastorno autoinmune; es decir, el propio sistema inmunitario ataca las células y los tejidos del cuerpo.

Aunque, como comentábamos, se desconoce el motivo exacto por lo que sucede esto, sí existen factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar esta enfermedad. Pueden ser de dos tipos:

  • Factores genéticos: parece ser que determinados genes están vinculados al origen de la artritis reumatoide. Por tanto, tener familiares –padres, hermanos, abuelos…- que hayan sufrido o sufren esta patología incrementa el riesgo de padecerla. Pero debemos saber que estos factores predisponen, pero no determinan la aparición de la enfermedad.
  • Factores no genéticos: pueden ser muy diversos, desde sufrir variaciones en las hormonas femeninas –los estrógenos-, a haber padecido infecciones causadas por determinados virus o bacterias –si bien esta vinculación no ha podido ser claramente establecida-, el tabaquismo o un exceso de estrés o la obesidad, entre otros.

¿Cuáles son sus síntomas?

Las articulaciones más afectadas con mayor frecuencia son las siguientes:

  • Manos y pies.
  • Tobillos y rodillas.
  • Hombros.
  • Codos y muñecas.
  • Cervicales.
  • Caderas.
  • Zona de la laringe.

Los síntomas más comunes y característicos –al principio suelen ser más leves- son las manifestaciones articulares:

  • Dolor en las articulaciones: es muy común y con frecuencia afecta a la misma articulación en ambos lados del cuerpo (la afectación suele ser simétrica). A menudo son las pequeñas articulaciones de manos y pies las más afectadas en un inicio.
  • Rigidez: y con el tiempo, las articulaciones pueden perder rango de movimiento. Esta tirantez, que puede durar varias horas, suele producirse por la mañana (rigidez matutina).
  • Inflamación: con el paso del tiempo, las articulaciones se pueden hinchar y deformar, lo que a veces llega a incapacitar al enfermo para realizar algunas tareas cotidianas.
  • Si no se trata o controla correctamente, la inflamación puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que rodean la articulación. Con el paso de los años, esto se traduce en deformidades en los dedos y roturas tendinosas, entre otras complicaciones. Es muy característica de estos pacientes la hinchazón de la cara dorsal de la muñeca.
  • La inflamación en la cara palmar de la muñeca puede comprimir el nervio mediano a su paso por el denominado túnel del carpo, produciendo hormigueo y pérdida de sensibilidad en algunos dedos, en lo que se conoce como Síndrome del Túnel Carpiano
  • Limitaciones y /o deformidades características correspondientes en otras zonas articulares.

En ocasiones, los síntomas articulares están precedidos de manifestaciones generales, aunque estas pueden acompañar a los anteriores en cualquier momento del proceso. De forma habitual, son las siguientes:

  • Cansancio y malestar.
  • Problemas para dormir y ánimo bajo: con frecuencia relacionados con la intensidad del dolor y la inflamación.
  • En ocasiones, puede haber fiebre o pérdida de peso sin una causa clara.
  • Otros síntomas algo menos frecuentes que suelen aparecer a lo largo del tiempo, generalmente cuando la enfermedad ya está establecida, son las manifestaciones extraarticulares:
  • Vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos): origina lesiones especialmente evidentes en la piel, de color violáceo en las proximidades de las uñas y erosiones y úlceras en las piernas. Influye también en la aparición de los nódulos reumatoideos (bultos indoloros debajo de la piel).
  • Pleuritis (inflamación de la pleura, membrana que envuelve los pulmones) y derrame pleural (líquido en esa membrana).
  • Pericarditis (inflamación del pericardio, membrana que envuelve el corazón).
  • Manifestaciones oculares con síntomas de ojo seco porque las glándulas lagrimales se ven afectadas. A veces, esta sequedad ocular se acompaña también de afectación de la lubricación en otras localizaciones (boca, aparato digestivo, vagina), denominándose entonces Síndrome de Sjögren.
  • Alteraciones sanguíneas: anemia (falta de glóbulos rojos) y trombocitosis (aumento del número de plaquetas), por ejemplo.

¿Cómo se trata la artritis?

Aunque la artritis hoy en día no tiene cura, sí existen tratamientos muy efectivos que permiten controlar los síntomas. Se trata de una amplia variedad de medicamentos, que suelen utilizarse de forma combinada y durante largos períodos de tiempo. En este sentido, existen varias posibilidades:

  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno o el naproxeno: disminuyen el dolor, la inflamación y rigidez de las articulaciones, pero no evitan su destrucción ni frenan la enfermedad. Suelen usarse en los estados iniciales o durante los periodos de exacerbación.
  • Glucocorticoides: son derivados de la cortisona, que pueden usarse en las fases iniciales de la artritis o en los periodos de empeoramiento, aunque durante el menor tiempo posible, debido a sus efectos secundarios.
  • Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME “tradicionales”): constituyen la base del tratamiento de la artritis reumatoide, ya que, además de aliviar los síntomas, frenan el avance de las  lesiones, ralentizan la deformación y destrucción de la articulación, porque interrumpen la actividad inflamatoria que las origina. El metotrexato es el más usado.
  • Fármacos biológicos o FAME biológicos: son medicamentos diseñados con tecnología molecular, que bloquean las distintas sustancias que intervienen en los procesos inflamatorios de la artritis y en la destrucción de los cartílagos. Son muy eficaces y capaces de frenar los daños que provoca la enfermedad en las articulaciones.
  • Otros fármacos: en ocasiones, pueden ser necesarios analgésicos como el paracetamol -que ayuda a aliviar el dolor y la fiebre-, relajantes musculares, ansiolíticos o antidepresivos. También los protectores gástricos pueden ser necesarios para prevenir o mitigar los efectos secundarios que muchos de los medicamentos contra la artritis provocan en el tubo digestivo.
  • Tratamiento de las articulaciones: si estas continúan inflamadas, pueden tratarse con infiltraciones o, si la articulación está muy dañada, con material ortopédico especial. También puede emplearse la fisioterapia (aplicación de calor, estimulación eléctrica o frío local) como complemento.
  • Cirugía: en caso de que la enfermedad esté muy avanzada y las articulaciones muy deterioradas, puede ser necesaria la cirugía ortopédica o reparadora. La artroscopia –en la que se introduce un tubo conectado a una cámara en la articulación- y la sinovectomía -extirpación del revestimiento articular- son algunas de las más habituales. La artroplastia, que es la sustitución de la articulación por una prótesis, se utiliza cuando la articulación –fundamentalmente en rodillas y caderas- está ya gravemente comprometida. Existen otras técnicas quirúrgicas en función de la gravedad de la afectación y de su localización.

También pueden aplicarse medidas no farmacológicas, como las que indicamos en el apartado Cinfaconsejos.

Diez consejos para controlar la artritis reumatoide

Introducir algunos cambios en el estilo de vida puede ayudar a controlar la artritis reumatoide. En los casos de personas que se encuentran en fases iniciales de la enfermedad o de remisión, las pautas son similares a las de la población en general, pero, si la artritis se encuentra más avanzada o en periodos de exacerbación, los enfermos deben seguir recomendaciones especiales:

  • 1. Descansa bien.
  • Duerme entre ocho y diez horas cada noche y, en los periodos en que tus articulaciones estén más inflamadas, dedica otros treinta o sesenta minutos a descansar a media mañana y a primera hora de la tarde. Mantén horarios regulares para irte a dormir por la noche y levantarte por las mañanas.
  • 2. Comienza el día con una ducha o baño caliente.
  • Disminuirá la rigidez en las articulaciones que puedes sentir al despertarte por la mañana.
  • 3. Moviliza tus articulaciones al menos una vez al día.
  • Durante los periodos de mayor inflamación, realiza ejercicios para mantener el rango de movimiento de la articulación, bien antes de irte a dormir o antes de levantarte. Si es necesario, pide ayuda a otra persona. También puede ayudarte realizar ejercicios isométricos (evitando mover la articulación inflamada), pero contrayendo los músculos que la rodean.
  • 4. Reposa cuando sea necesario.
  • Lo mejor es que mantengas el equilibrio entre ejercicio y descanso, especialmente, cuando tus articulaciones estén inflamadas.
  • 5. Cuida tu postura.
  • Sobre todo, si tu trabajo te obliga a permanecer sentado durante largos periodos de tiempo, mantén la espalda recta y apoyada contra el respaldo, y los antebrazos apoyados en los reposabrazos. Tómate una pausa de cinco minutos cada hora u hora y media para caminar y estirar los músculos.
  • 6. Elige bien tu calzado.
  • La punta debe ser ancha y el empeine alto, con el fin de evitar el roce con las articulaciones, sobre todo si están deformadas. Asegúrate también de que tu calzado te sujeta bien el talón y de que, aunque firme, sea elástico. Los botines y zapatillas deportivas pueden constituir buenas opciones.
  • 7. Practica ejercicio físico de manera regular.
  • Elige actividades aeróbicas de intensidad baja o moderada y de bajo impacto para las articulaciones, como caminar, nadar o montar en bicicleta estática. Practícalos tres días a la semana durante al menos treinta minutos, aunque procura no llegar a cansarte.
  • 8. Evita los esfuerzos físicos intensos.
  • También, las actividades que te obliguen a estar de pie mucho tiempo, en la misma posición sin moverte o realizar movimientos repetitivos con las articulaciones afectadas, sobre todo si requieren fuerza. Cuando realices taeas domésticas (abrir botes, limpiar cristales…), ayúdate con utensilios u aparatos.
  • 9. Mejor, sin estrés, tabaco ni alcohol.
  • Recuerda que el estrés y el tabaquismo son factores de riesgo de la artritis reumatoide. Controla también el alcohol que tomas y sigue una dieta equilibrada y variada, que te permita mantenerte un  peso saludable.
  • 10. Infórmate sobre tu enfermedad.
  • Es importante que participes de forma activa en la toma de decisiones junto al equipo de profesionales que te atiende. Así, el tratamiento se adaptará a tu evolución, características y necesidades, haciendo más llevadera la convivencia con esta patología.