Tos

¿Qué es?

¿Qué es la tos y qué la desencadena?

La tos es un acto reflejo protector por el que se expulsa de manera brusca y a gran velocidad el aire de los pulmones. Se trata de un síntoma que, en función de su frecuencia y/o intensidad, puede ser muy molesto y mermar en gran medida la calidad de la vida de quien lo padece. Se trata, de hecho, de uno de los motivos más habituales de consulta médica.

La tos no suele constituir motivo de alarma en la mayoría de los casos, ya que se trata de un mecanismo que cumple una función muy específica en nuestro organismo: expulsar los cuerpos extraños o secreciones que puedan irritar nuestros bronquios, tráquea o laringe. Por ejemplo, impurezas, gases, el humo del tabaco, los gérmenes, el aire frío o caliente o trozos de comida pueden ser algunos de los estímulos capaces de desencadenar la tos. Sin embargo, en ciertas ocasiones puede indicar la presencia de algunas enfermedades importantes o va acompañada de señales de alarma que hacen que debamos de procurar una asistencia médica más o menos inmediata (según el caso). Las mencionaremos más adelante.

¿A quién afecta?

De manera voluntaria o no, repetimos el gesto de toser con regularidad en nuestro día a día. De hecho, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), la prevalencia anual de la tos entre la población es del 10% al 30% y, de acuerdo con los datos del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona, el 23% de las personas sanas no fumadoras tosen al levantarse por la mañana.

¿Cómo se produce la tos?

La tos se origina en unos receptores situados, principalmente, en la mucosa de las vías aéreas, aunque también existen en otras localizaciones. El complejo mecanismo por el que se activa la tos se desarrolla en tres fases: en primer lugar, los receptores correspondientes se excitan por estímulos irritantes que generan un impulso nervioso, y este llega al tallo cerebral, desde donde se produce una respuesta motora en los músculos. Este movimiento muscular lleva a una inspiración en la que se abre la glotis -la abertura superior de la laringe- con mucha intensidad; en la segunda, hay una contracción de los músculos con que respiramos, las cuerdas vocales se juntan y se cierra la glotis durante un breve instante, aumentando así la presión dentro del tórax; por último, las cuerdas vocales se relajan y la glotis se abre de nuevo con brusquedad para expulsar a gran velocidad y de manera explosiva el aire de los pulmones. Por último, se relajan los músculos espiratorios y se re expanden las vías aéreas. El primer golpe de tos es siempre el más intenso, aunque pueden sucederse varios.

¿Qué tipos de tos existen?

Existen varios tipos de tos.
En función de su duración, la tos puede ser:

  • Tos aguda: dura menos de tres semanas y suele comenzar de manera repentina. Entre las principales causas, se hallan las infecciones de las vías respiratorias altas, y también la bronquitis aguda. Una reagudización del asma bronquial, la neumonía, la exacerbación de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el goteo postnasal, que se produce, por ejemplo, cuando existe sinusitis y las secreciones se drenan hacia la garganta o la faringe, son otras causas frecuentes de aparición de tos.
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La causa más común de la tos seca es la irritación de la garganta.

Otras causas menos habituales son la presencia de un trombo en las arterias de los pulmones (señal de embolia pulmonar), insuficiencia cardiaca o haber aspirado un cuerpo extraño como un trozo de comida. En este caso, se debe realizar de manera inmediata a la persona afectada la maniobra de Heimlich. La inhalación de cualquier sustancia irritante de las vías aéreas como humo, polvo o sustancias químicas, también provoca tos.

 

  • Tos subaguda: que dura entre 3 y 8 semanas. La tosferina como causa de tos subaguda y que puede tender a cronificarse está incrementando su presencia en los últimos años. La tos post-infecciosa puede aparecer en este intervalo debido a la irritación de las vías respiratorias tras haber sufrido una infección.
  • Tos crónica: se prolonga más de 8 semanas. Dado que la tos continua irrita la tráquea y la laringe, puede tender a perpetuarse. Según la SEPAR, su prevalencia en la población general varía entre el 3,3% y el 12%.
    Las principales causas de la tos crónica son la bronquitis crónica, el asma, el reflujo gastroesofágico y, también, el goteo postnasal.
    Otras causas menos comunes son la tuberculosis, el tratamiento con algunos fármacos utilizados fundamentalmente para la hipertensión arterial e infecciones pulmonares por hongos. Además, las personas con demencia o con secuelas producidas por un accidente cerebrovascular pueden tener problemas para tragar, lo que les lleva a aspirar hacia la tráquea comida, bebida o, incluso, su propia saliva o contenido gástrico. En ocasiones, la tos puede ser también síntoma de un cáncer de pulmón.

En función de si hay o no expectoración, la tos puede clasificarse en:

  • Tos productiva: produce expectoración de sangre o de flemas (esputos). Estas últimas son secreciones procedentes de las vías respiratorias que pueden contener mucosidades, células que los pulmones han expulsado y otras sustancias que se hayan acumulado. Su color y características pueden variar mucho según la dolencia que las causa e, incluso, cambiar conforme estas van evolucionando. Por ejemplo, puede ser transparente, amarillento, verdoso, anaranjado…
    La causa más habitual es un proceso infeccioso como un resfriado o una gripe, pero también pueden originarla otras infecciones más graves como la neumonía o la bronquitis. Si el esputo es rosado, puede ser señal de edema pulmonar y, si contiene sangre, de hemorragia.
  • Tos seca o improductiva: se produce sin expectoración. La causa habitual suele ser la irritación de la garganta, laringe, tráquea o bronquios debido a una infección como la faringitis, a una alergia, al humo de los cigarrillos o a la presencia de cuerpos extraños en las vías respiratorias. También es típica del asma. En este caso, puede aparecer también desencadenada por el ejercicio. Con frecuencia, provoca dolor en la garganta o en el pecho, irritación y puede dificultar el descanso por la noche.
  • Tos seca falsa: no se logra expectorar y se produce la deglución del esputo (más habitual en mujeres y niños).

Por último, otros tipos de terminología que suele utilizarse con los pacientes con tos y en función del sonido que produce son, por ejemplo:

  • Tos de perro: es la típica de la infección de laringe y tráquea.
  • Ataques de tos con gallo: son accesos de tos en los que la cara sufre enrojecimiento, característicos de la tosferina, y se emite un sonido sibilante y aspirado.

Y otras menos habituales, como la tos como tic (cuando se tose antes de hablar) o la tos somática (antes psicógena) que aparece en personas muy nerviosas.

¿Qué tratamiento requiere cada tipo de tos?

El tratamiento adecuado de la tos es el del trastorno subyacente a ella. Por ejemplo, se pueden usar antibióticos para la neumonía, o medicamentos que dilatan las vías respiratorias (broncodilatadores) o corticoesteroides inhalados para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el asma. Como norma general, dado que la tos desempeña un papel importante en la limpieza de las vías respiratorias y en la eliminación de las flemas, no debe suprimirse.

En cambio, si la tos como síntoma es intensa, entorpece el sueño o se debe a ciertas circunstancias concretas se pueden aplicar algunos tratamientos para aliviarla, debiendo siempre individualizar cada caso.

En caso de tos seca improductiva, se debe calmar bebiendo líquidos en abundancia, lo que mantendrá el árbol respiratorio húmedo. Si persiste, se puede recurrir a fármacos antitusígenos o, si es producto de dolencias como la bronquitis o el asma, se aplicará un tratamiento específico para estas.
Salvo excepciones, la tos productiva no debe ser suprimida. En cambio, es necesario facilitar la expectoración. En este caso, también conviene ingerir líquidos y, en algunos casos seleccionados, podría ser beneficioso usar medicamentos expectorantes y/o mucolíticos, cuya efectividad en la población general sin patología de base, sin embargo, no está demostrada. Estos ayudarían a reducir la viscosidad de las flemas y, de esta manera, a expulsarlas, mientras que los expectorantes estimularían el mecanismo mediante el que se eliminan como, por ejemplo, el movimiento ciliar que impulsa la mucosidad hacia la faringe.

¿Cuáles son los síntomas de alarma relacionados con la tos?

Es necesario acudir al médico en caso de que se produzcan estos síntomas junto a la tos:

  • Dificultad para respirar.
  • Dolor en el tórax.
  • Presencia de sangre.
  • Vómitos.
  • Dificultad para alimentarse.
  • Si no desaparece en seis días.
  • Si es un niño de menos de tres meses quien sufre la tos.

También es necesario consultar a un profesional sanitario si el esputo es amarillo intenso, verde, marrón, rojizo o sanguinolento, o existe sangrado con la tos. La pérdida de peso asociada a la tos, cuando cursa con fiebre que no desaparece en una semana, el contacto habitual con personas que padecen algunas enfermedades como tuberculosis o VIH o la toma de fármacos que debilitan el sistema inmunitario, son también motivos para consultar de forma indemorable con el médico.

Recomendaciones para controlar la tos

Además de los medicamentos, existen medidas higiénicas y cuidados en el hogar que pueden ayudarnos a reducir o suavizar la tos:

  • 1. Bebe al menos dos litros de agua al día.
  • Este hábito te permitirá mantener hidratadas y húmedas tus vías respiratorias. Además, en caso de tos con expectoración, ayuda a hacer el moco más fluido y, por tanto, a expulsarlo con más facilidad. Además de agua, puedes tomar zumos, caldos e infusiones.
  • 2. Mantén la humedad de la habitación, al menos, al 40%.
  • Un ambiente seco irrita las vías respiratorias y agrava la tos. Consulta con el profesional sanitario sobre la posibilidad de utilizar humidificadores de vapor frío.
  • 3. Evita los espacios con humo.
  • El humo es un irritante que estimula la tos. Tampoco fumes y pide, cuando sea necesario, que otros no fumen a tu alrededor y, mucho menos, cerca de un niño.
  • 4. Incorpora la cabecera de tu cama.
  • O de la cuna o cama de tu hijo. Ello facilitará el paso del aire por las vías aéreas y evitará el goteo postnasal. También puedes usar una doble almohada para elevar tu cabeza.
  • 5. Realiza lavados nasales.
  • Antes de ir a dormir, puede facilitar el descanso lavar tus fosas nasales con agua de mar o suero fisiológico.
  • 6. Toma caramelos de miel o hierbas para suavizar la garganta.
  • En cambio, no recurras al mentol, pues se trata de un agente irritante.
  • 7. En caso de un ataque de tos, respira profundamente y traga saliva.
  • También puedes beber agua que no sea fría o, si es posible, una bebida caliente con una cucharada de miel.
  • 8. Si eres alérgico, controla los posibles alergenos.
  • Por ejemplo, cuando los niveles de polen estén muy elevados, intenta salir lo menos posible y mantén las ventanas cerradas. Si, en cambio, eres alérgico al polvo, asegúrate de mantener bien ventilada la habitación y limpia el polvo de las superficies con un paño húmedo.

Infográfico

En este infográfico tienes un resumen de las características de cada tipo de tos y los síntomas a los que debes estar atento si aparecen también junto a la tos.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.