Asma

¿Cómo mantener el asma bajo control?

18 mayo, 2015

¿Qué es el asma?

El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias que afecta a los bronquios, que son los conductos por los que entra y sale el aire de los pulmones cuando respiramos. Se produce cuando la exposición a ciertas sustancias o determinadas circunstancias provocan la inflamación de la capa interna de músculo de los bronquios, que se estrechan de forma temporal y pueden llegar a obstruirse, lo que dificulta la respiración.

El carácter crónico del asma quiere decir que presenta largas temporadas sin síntomas, y episodios más agudos, normalmente relacionados con factores desencadenantes. Esta enfermedad aparecer en la infancia y después permanecer sin síntomas durante años hasta que algún desencadenante los provoque de nuevo.

¿Qué tipos de asma hay?

La publicación “GEMA, Guía Española para el Manejo del Asma” clasifica el asma en tres tipos:

  • Leve. Se produce una pequeña obstrucción de la función pulmonar. Las molestias son poco intensas y, aunque pueden aparecer con las actividades de la vida diaria, no impiden realizarlas.
  • Moderada. La obstrucción de la función pulmonar es mayor y las molestias, más intensas, impiden realizar algunas actividades habituales. Puede surgir sin hacer nada, especialmente durante la noche.
  • Grave. La obstrucción de la función pulmonar es mayor todavía y las molestias, que aparecen hasta en reposo, pueden incluso impedir hablar con normalidad. Puede llegar a provocar la pérdida de conocimiento y, en raras ocasiones, la muerte.

Por su parte, la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) prefiere no hablar de asma en general, sino de asma en función de la causa, la respuesta al tratamiento y la evolución de la enfermedad. De acuerdo a estos criterios, la SEICAP se refiere a asma del lactante, asma inducido por virus, asma alérgica, asma de causa desconocida, asma inducida por ejercicio, asma intermitente, asma persistente, asma leve, moderada, severa, asma inestable, asma no controlada, etc.

En todo caso, un mismo paciente puede combinar varias características a un mismo tiempo o, incluso, su tipo de asma puede cambiar a lo largo el tiempo.

¿Quién padece asma?

La Organización Mundial de la Salud calcula que en la actualidad hay 235 millones de pacientes con asma en el mundo. En España, se trata también de una enfermedad muy frecuente, pues afecta al 5% de la población adulta y a entre el 8% y el 10% de los niños. El asma es, de hecho, la enfermedad crónica más frecuente en la infancia. Casi la mitad de los casos se inician antes de los 10 años de edad, aunque que puede aparecer a cualquier edad.

Por otra parte, según el Estudio Europeo de Salud Respiratoria, un 52% de las personas con asma en España no habían sido diagnosticadas y hasta un 26% de ellas no recibía ningún tratamiento, a pesar de sufrir síntomas con frecuencia.

Hasta los quince años, el asma es más frecuente en los niños que las niñas -en una proporción aproximada de tres a uno-, mientras que en la edad adulta, después de los cuarenta años, afecta más a las mujeres que a los hombres.

¿Qué causa el asma?

La predisposición genética es el factor más importante que influye en la aparición del asma y, de hecho, la alergia constituye un factor de riesgo esencial en el niño. Además, existen sustancias o situaciones que pueden desencadenar las crisis asmáticas.

  • Causas externas:
    • Los alérgenos: pólenes, polvo, ácaros, mohos, hongos, pelo o caspa de animales, productos químicos en el lugar de trabajo…
    • Algunos alimentos y aditivos. Especialmente los huevos, la leche, la soja, el maíz, el marisco, los frutos secos, así como los metabisulfitos presentes en bebidas como los zumos, la cerveza y el vino.
    • Medicamentos como la aspirina, los betabloqueantes o los antiinflamatorios no esteroideos.
    • Olores intensos como los de los perfumes, aerosoles y disolventes.
  • Causas internas:
    • Las infecciones respiratorias: el resfriado, la gripe, la sinusitis…
    • El reflujo gastroesofágico.
    • La práctica de actividad física. El ejercicio causa la compresión de las vías respiratorias, aunque algunas actividades como correr pueden causar más síntomas que otras como nadar.
    • Emociones intensas como reír o llorar.
    • Influencias hormonales. La pubertad, el embarazo o la menopausia pueden influir en el empeoramiento o mejora de los síntomas.
  • Causas ambientales:
    • La exposición al humo del tabaco o fumar.
    • La contaminación atmosférica.
    • Algunas condiciones meteorológicas: una ráfaga repentina de aire frío, exceso de calor y humedad o climas secos, etc.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas del asma, que varían en severidad y frecuencia de una persona a otra, son:

  • Disnea: se trata de una sensación de falta de aire o ahogo, que puede ser leve o intensa. Suele ser más intensa por la noche e incluso llegar a despertar al enfermo.
  • Sibilancias: son silbidos o pitidos en el pecho que se producen al pasar el aire por los bronquios, estrechados por la inflamación. Son el signo más característico del asma.
  • Tos: al principio suele se ser seca, de carácter irritativa y aparecer en ataques. Después, se convierte en productiva, pues arranca mucosidades del pulmón.
  • Sensación de dolor u opresión en el pecho.
  • Rinitis: síntomas fruto de la rinitis como el taponamiento nasal, el picor en los orificios nasales, ojos y/oídos, estornudos frecuentes y la secreción de moco y líquido nasal son también comunes en un gran número de asmáticos.

Estos síntomas pueden darse a cualquier hora del día, aunque en algunas personas se agravan durante la actividad física o por la noche. Además, el otoño suele ser la época en la que los síntomas aparecen con más frecuencia y el verano, en la que son menos habituales.

¿Qué complicaciones puede provocar el asma?

Pueden producirse las siguientes complicaciones:

  • Atelectasias. Frecuentes en niños, se producen cuando algún bronquio se tapona por completo, debido a las mucosidades que se expulsan poco a poco de los pulmones con la tos. Cuando esto ocurre, se obstruye algún bronquio y el aire no puede entrar en alguna zona del pulmón.
  • Neumonías o pulmonías. Son infecciones de alguna zona del pulmón, a las que los asmáticos están más predispuestos, porque las mucosidades se pueden infectar.
  • Neumotórax (aire dentro de la pleura) o neumomediastino (aire dentro del mediastino). Debido a pequeñas roturas, se produce una fuga de aire de los pulmones hacia otras partes interiores del pecho. Suele desaparecer espontáneamente, aunque algunas veces se debe pinchar para extraerlo.
  • Además, en ocasiones, pueden darse crisis de asma severa, que requieren acudir inmediatamente a un servicio médico de Urgencias y se reconocen por los siguientes síntomas:
  • Empeoramiento progresivo de los síntomas, que pueden aparecer en reposo, no permiten el descanso nocturno, e interfieren con la actividad diaria.
  • Movimientos en el cuello y en las costillas cuando se respira.
  • Coloración gris-azulada alrededor de la boca.

¿Cómo se diagnostica el asma?

La Clínica Universidad de Navarra propone un diagnóstico llevado a cabo por un equipo  médico multidisplicinar, compuesto por neumólogos, alergólogos y, en ocasiones, otorrinolaringólogos y gastroenterólogos.

En primer lugar, se debe analizar la historia clínica del paciente, prestando atención a los distintos síntomas (tos irritativa, sibilancias, sensación de opresión en el pecho), y valorar sus antecedentes familiares y personales de atopia. A continuación, se realiza una exploración física, que incluye una auscultación pulmonar para detectar la presencia de sibilancias.

En función de los resultados, se pueden realizar las siguientes pruebas para confirmar el diagnóstico:

  • Espirometría. Es una prueba que permite conocer la capacidad pulmonar de una persona. Consiste en respirar por la boca a través de un pequeño tubo, y forzar la respiración al máximo para medir la cantidad de aire expulsado en el primer segundo y averiguar el grado de obstrucción de las vías aéreas.
  • Prueba broncodilatadora. Se realiza una espirometría tras administrar un broncodilatador. Si mejora la cantidad de aire expulsado, es probable que haya asma.
  • Prueba de provocación con metacolina o con aire frío. Mide el grado de contracción de las vías aéreas mediante la inhalación de un medicamento como la metacolina o de aire frío, cuyo efecto se comprueba posteriormente con una espirometría.
  • Medición del flujo espiratorio máximo. El flujo espiratorio máximo (FEM) se mide con un dispositivo portátil y fácil de manejar (flujímetro), con el fin de evaluar la resistencia de la vía aérea, la fuerza de contracción de la musculatura respiratoria y la elasticidad pulmonar y de la pared torácica. El paciente debe coger el flujímetro, tomar una inspiración máxima, y seguidamente, hacer una espiración forzada, máxima, que puede ser corta.
  • Medición de la fracción de óxido nítrico exhalado (FENO). Existe una asociación entre la inflamación eosinofílica de las vías respiratorias con el aumento del nivel de la FENO. Su medición en niños con síntomas de asma puede ayudar a apoyar el diagnóstico del asma y puede ser útil para guiar el tratamiento con corticoides inhalados en niños con asma.
  • Radiografías. Generalmente, se trata de radiografías del tórax y de los senos paranasales.
    PH-metría esofágica. Cuantifica el ácido que existe en el esófago mediante la colocación en el esófago de una sonda.
  • Pruebas de alergia cutáneas, como los prick-test, que consisten en introducir en la piel una cantidad ínfima del posible alérgeno que causa la alergia. Si éste provoca una reacción en la piel, entonces se considera que la persona tiene alergia a esa sustancia.

¿Cómo se mantiene el asma bajo control?

El asma es una inflamación de los bronquios que no se cura, pero que se puede llegar a controlar hasta el punto de poder disfrutar una calidad de vida similar a la de una persona no asmática.

Los tratamientos para controlar el asma son:

  • Uso de inhalador. Se trata de un dispositivo que ayuda a liberar una cantidad específica de medicamentos a los pulmones. Existen de muchas clases y es conveniente aprender a manejarlos correctamente. En la Asociación Española de Pediatría en Atención Primaria encontramos una tabla gráfica muy útil con los cinco inhaladores más utilizados y su modo de empleo, que aquí resumimos:
    • Inhalador ACC Uhaler: comenzamos abriendo el dispositivo y deslizando la palanca hasta oír un clic, que indica que la dosis está preparada. Después, hay que expulsar el aire por la boa, pero manteniendo el inhalador alejado. A continuación, colocar en la boca cerrando los labios e inspirar lenta y profundamente y acto seguido, apartar el inhalador de la boca y retener el aire unos 10 segundos. Para finalizar, hay que espirar lentamente, para luego cerrar el dispositivo y guardarlo en un lugar seco.
    • Inhalador con cámara espaciadora: abrir el inhalador, agitar y conectarlo en posición vertical en el orificio correspondiente. Nos colocamos la boquilla entre los dientes y ajustamos los labios alrededor, colocando la lengua debajo de la boquilla. Entonces, apretamos el pulsador una vez con la cámara en posición horizontal.  Partir de ahí, inspiramos y espiramos (coger aire y soplar) despacio a través de la boquilla durante 5 respiraciones. Si se precisan más dosis esperar 30 segundos y repetir el procedimiento.
    • Inhalador con cámara espaciadora y mascarilla: se trata de un dispositivo pensado para niños pequeños, por lo que un adulto será el encargado de manejarlo. Así, el pequeño debe estar preferiblemente sentado y, si es muy pequeño, en el regazo. Hay que abrir el inhalador, agitarlo y conectarlo en posición vertical en el orificio correspondiente. Desde ahí, situar la mascarilla apretada alrededor de la boca y la nariz del niño, procurando que este respire por la boca. A continuación, apretamos el pulsador una vez con la cámara en posición horizontal, y mantenemos la cámara y la mascarilla en esa posición mientras el niño respira durante unas 5 respiraciones. Si se precisan más dosis esperar 30 segundos y repetir el procedimiento.
    • Inhalador Novolixe: comenzamos quitando la tapa, y con el inhalador en posición horizontal, apretamos el pulsador. La ventana que aparece debajo del contador de dosis estará en color verde, indicando que la dosis está dispuesta para ser inhalada. Entonces, soltamos el dedo del pulsador, para expulsar el aire por la boca dejando el inhalador alejado de esta. Después, situamos la boquilla entre los labios y aspiramos de forma profunda y mantenida (aunque ya haya cambiado la ventana al color rojo). Para terminar, apartamos el inhalador de la boca y retener el aire unos 10 segundos. Espiramos lentamente, ponemos la tapa y guardar el inhalador en un lugar seco.
    • Inhalador Tarbuhaler: desenroscar y retirar el tape que cubre el inhalador. Girar la rosca inferior primero hacia la derecha hasta notar un tope, luego hacia la izquierda hasta oír un clic. Expulsar el aire por la boca manteniendo el inhalador alejado de esta. Colocar la boquilla entre los dientes y cerrar los labios sobre la misma. Inspirar de forma rápida, profunda y mantenida sujetando el inhalador por la zona de la rosca, sin obturar ninguno de los orificios del inhalador. Apartar el inhalador de la boca y retener el aire unos 10 segundos. Espirar lentamente. Poner el tape y guardar el inhalador en un lugar seco.

El tipo de medicación que contienen los inhaladores son glucocorticoides, que mejoran la inflamación y, a medio plazo, consiguen controlar el asma y evitar su empeoramiento posterior. Son derivados de la cortisona, pero en dosis muy bajas.

Así, mismo hay otros tratamientos habituales:

  • Glucocorticoides orales. Se utilizan en las crisis de asma para recuperar el control, en los planes de acción o en los casos de asma muy grave que no responden al tratamiento habitual. Por ejemplo, la cortisona.
  • Broncodilatadores.  Alivian las molestias al dilatar los bronquios, pero no influyen en la inflamación y, por tanto, no mejoran el asma. Pueden ser de acción rápida o de efecto prolongado.
  • Antagonistas de los receptores de leucotrienos. Se pueden usar solos o combinados con los glucocorticoides inhalados, siempre en función del nivel de control del asma.
  • Inmunoterapia con alérgenos (vacunas de la alergia). Si la alergia es la causa del asma, la administración de vacunas que contengan el alérgeno responsable en dosis crecientes es un tratamiento eficaz para “desensibilizar” al paciente frente a dicho alérgeno.
  • Control ambiental. Las personas con asma deben reconocer sus desencadenantes y saber cómo evitarlos. Estos pueden ser, por ejemplo, los diversos alérgenos, las sustancias presentes en algunos puestos de trabajo como la panadería o la peluquería, las infecciones víricas o el humo del tabaco.

¿Puedo hacer deporte teniendo asma?

En general, las personas asmáticas pueden y deben hacer deporte en los intervalos sin síntomas, porque el ejercicio físico mejora el funcionamiento del sistema respiratorio y el cardiocirculatorio. Sin embargo, como apunta laSociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica, si bien algunas personas con asma toleran el ejercicio sin problemas, otras pueden padecer asma de esfuerzo, por lo que deben conocerse a sí mismas y su tolerancia al ejercicio físico, e informar siempre de manera previa a sus entrenadores deportivos o profesores.

En cualquier caso, el asma de esfuerzo se produce fundamentalmente por el enfriamiento rápido e intenso de los bronquios, lo que les hace perder calor y humedad. En consecuencia, puede prevenirse en gran medida si se preparan las vías aéreas antes del deporte, con ejercicios graduales de calentamiento y estiramiento, y si se comienza  la actividad de una manera suave hasta alcanzar una intensidad moderada. Además,  practicar deportes en ambientes calientes y húmedos o en salas cerradas (natación, waterpolo, fútbol-sala…) previene en mayor medida las crisis.

Por último, el asmático que practica ejercicio debe tomar con regularidad el tratamiento preventivo general del asma prescrito por su médico y, en algunos casos, puede necesitar tomar un broncodilatador unos minutos antes de comenzar.

Diez consejos para controlar con el asma

Aunque el asma no se cura, sí puede llegar controlarse. Para ello, las personas asmáticas deben seguir las siguientes recomendaciones:

  • 1. Evita los alérgenos que más te afecten.
  • Debes mantener tu entorno libre de las sustancias que pueden empeorar tu asma, como el polvo, los ácaros, hongos o el pelo de los animales. Recuerda también que alrededor del 10% de los adultos asmáticos son intolerantes a la aspirina y a los antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno.
  • 2. Realiza ejercicios respiratorios habitualmente.
  • Aprende y practica de manera regular ejercicios de fisioterapia, porque te ayudarán a controlar la respiración y la ansiedad cuando llegue una crisis. Si esta se produce, toma la medicación, busca una postura cómoda –generalmente sentado con los brazos apoyados en una mesa o barandilla-, relájate, saca el aire con los labios fruncidos y respira sin ansiedad, sirviéndote del abdomen. Los ejercicios de fisioterapia son las técnicas encaminadas a mejorar la ventilación pulmonar, como el control de la respiración, o la respiración diafragmática.
  • 3. Sí al deporte, pero con precaución.
  • Realiza ejercicios de calentamiento y estiramiento antes de comenzar a practicar cualquier actividad física e incrementa poco a poco la intensidad del ejercicio, con el fin de preparar las vías aéreas para el esfuerzo. Debes saber que los deportes en ambientes húmedos como la natación o en salas cerradas están más indicados para los asmáticos.
  • 4. No fumes y aléjate de los ambientes con humo.
  • El tabaco es el principal desencadenante del asma, porque incrementa la inflamación bronquial. Por tanto, no fumes y tampoco permitas que lo hagan cerca de ti.
  • 5. Llévate el sentido común cuando viajes.
  • Siempre que el asma esté bien controlada y sea estable, una persona asmática puede viajar como cualquier otra, pero ha de llevar consigo siempre sus medicamentos habituales, el plan de acción por escrito que ha elaborado con su médico y los medicamentos que puede necesitar en caso de empeoramiento o crisis.
  • 6. Toma todos los días tu medicación, incluso aunque no sufras síntomas.
  • Para lograr controlar tu asma y disfrutar de una buena calidad de vida, es muy importante que tomes la medicación que tu médico te haya prescrito en la dosis, frecuencia y duración indicadas.
  • 7. Nunca abandones el tratamiento por tu cuenta.
  • Comenta a tu médico cualquier duda que puedas tener sobre cómo seguirlo o tus posibles temores ante efectos secundarios –muy poco probables-, pero nunca dejes de tomar la medicación por iniciativa propia.
  • 8. Consulta siempre a tu médico antes tomar nuevos fármacos.
  • Nunca te automediques e informa a tu médico de nuevas prescripciones que otros especialistas hayan podido indicarte. En todo caso, comunica siempre a tu farmacéutico, dentista y médicos tu condición de asmático.
  • 9. Aprende a usar bien tu inhalador.
  • Los pasos son: abrir el dispositivo, prepararlo (agitarlo, rotarlo o cargarlo), vaciar tus pulmones de aire, bloquear la respiración, colocar el orificio del inhalador en la boca, inhalar a fondo, contener la respiración de cinco a diez segundos y volver a respirar con normalidad. Si el medicamento contiene corticoide, debes enjuagarte la boca al terminar.
  • 10. Aprende a reconocer y actuar ante las crisis.
  • Pide a tu médico que te enseñe a detectar los síntomas de empeoramiento –para lo que a veces puede ser necesario un medidor de flujo espiratorio- y elabora con él un plan de acción escrito, que te indique con exactitud cómo debes reaccionar en caso de una crisis grave: aumentar la dosis de medicamento, tomar otro nuevo o acudir a Urgencias.

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Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.