Tuberculosis

¿Sabes cómo se contagia la tuberculosis?

8 octubre, 2018

¿Qué es la tuberculosis?

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por un organismo que comparte características de hongo y bacteria, denominado Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch. Se trata de un microoorganismo que pasa con mucha facilidad de una persona a otra a través de la tos, la expectoración e incluso el habla debido a que, en estos procesos, se forman unas pequeñas microcápsulas llamadas gotas de Pflügge, en las que viaja dicho agente infeccioso.

Aunque la forma más habitual e históricamente relevante es la afectación pulmonar, la tuberculosis puede afectar a otros órganos y aparatos, así como diseminarse por todo el organismo en casos más raros.

¿A quién puede afectar?

El contacto con el microorganismo Mycobacterium tuberculosis es muy frecuente en los primeros años de vida. Habitualmente, este contacto no significa enfermedad, ya que nuestro sistema inmunitario controla de inmediato este agente, que, sin embargo, se mantiene en el organismo, como una posible semilla que crecerá en el futuro si nuestras defensas inmunitarias bajan. Esto ocurre sólo en un 10% de las personas expuestas a este bacilo.

¿Existen factores de riesgo para la tuberculosis?

Por lo explicado anteriormente, todos los factores que afectan a una disminución de la inmunidad constituyen factores de riesgo para la tuberculosis. En concreto, podemos mencionar los siguientes:

  • Infección por VIH: en el momento actual, el desarrollo de la inmunodeficiencia asociada a esta patología (SIDA) es el factor de riesgo más importante para padecer tuberculosis.
  • Tratamientos inmunosupresores: los medicamentos empleados en patologías como el cáncer hemático (leucemias, linfomas, entre otros), enfermedades inmunológicas (corticoides) o reumatológicas, crean la situación de base para que los “nidos” del microorganismo Mycobacterium eclosionen y produzcan la diseminación pulmonar inicial y, con ello, la enfermedad tuberculosa.
  • La edad: el envejecimiento suele acaparar problemas como la disminución en el rendimiento de nuestra inmunidad, por lo que la edad avanzada puede considerarse un factor de riesgo. En el extremo de edad opuesto, los niños también presentan mayor riesgo.
  • Padecer alcoholismo, desnutrición o drogadicción: los pacientes aquejados de este tipo de problemas son población que puede desarrollarla con más facilidad.
  • Condiciones de hacinamiento, pobreza y malnutrición: hacen que las personas expuestas puedan sufrir más exposición y una disminución de su funcionamiento inmunológico, con el consiguiente mayor riesgo. Esta sigue siendo una situación muy habitual en campos de refugiados o regiones en guerra.

¿Cuáles son sus síntomas?

La expresión de la tuberculosis más frecuente es la pulmonar, aunque también puede darse una tuberculosis ósea, genito-urinaria o meníngea. Igualmente, existe una forma diseminada por el organismo.
Aquí nos centraremos en los síntomas de la tuberculosis pulmonar, que se desarrolla por fases:

  • 1. Primoinfección o primer contacto con el bacilo de Koch: suele cursar sin síntomas o producir un cuadro de catarro leve.
  • 2. Reactivación o la tuberculosis postprimaria: puede manifestarse de forma más brusca.

En ambos casos, los síntomas más habituales de la tuberculosis pulmonar son:

  • Elevación de la temperatura corporal.
  • Tos productiva que dura más de 3 semanas.
  • Pérdida de peso paulatina: puede ser independiente o asociarse a la falta de apetito.
  • Cansancio creciente.

Estos tres últimos signos pueden ir aumentando de intensidad y generar un cuadro caquéctico (desnutrición extrema, fatiga, debilidad…) si la enfermedad no se detecta y trata adecuadamente.
También se puede manifestar:

  • Fiebre alta.
  • Dolor torácico: causado por la afectación pleural (más frecuente en jóvenes).
  • Expulsión de sangre con la expectoración: a este fenómeno se le denomina hemoptisis, y de ahí viene el sinónimo o expresión tísis, históricamente empleado para referirse a la tuberculosis.
  • En ciertas ocasiones, puede pasar prácticamente inadvertida, con subidas de fiebre o febrícula en la noche, o sensación de escalofríos y cansancio. Por eso, la tuberculosis es un diagnóstico a considerar en casos de fiebre inexplicada o de origen desconocido.

¿Cómo se diagnostica la tuberculosis?

El diagnóstico de la enfermedad tuberculosa pulmonar se basa en demostrar la presencia de Mycobacterium o bacilos de Koch en el esputo, la secreción que se escupe por la boca tras la expectoración, y también se realiza una radiografía de tórax.

Por otro lado, también existe una prueba cutánea distinta, denominada Mantoux, que intenta determinar si el paciente ha estado en contacto con el Mycobacterium tuberculosis. Se denomina también PPD porque se practica sobre la piel de la persona, inoculando en ella una porción inactiva del microorganismo. Si el paciente ha estado en contacto y no ha perdido la inmunidad, la piel presentará una reacción significativa en forma de círculo rojo que se ha de medir. Si el tamaño de dicha rojez es superior a 5 mm, se considera que la prueba es positiva y que esa persona no sólo ha entrado en contacto con el agente infeccioso sino que sigue presente en sus pulmones.

¿Cómo es su tratamiento?

Tanto las personas con factores de riesgo que presentan un Mantoux positivo como aquellas que han tenido su primer contacto con el Mycobacterium tuberculosis hace menos de 2 años, deben seguir un tratamiento que “erradique” al agente infeccioso de sus pulmones, con el fin de evitar el riesgo futuro de que este se despierte y desarrolle la enfermedad.

En el tratamiento para prevenir la tuberculosis se suele utilizar un único fármaco y en el tratamiento antituberculoso es necesaria la asociación de 3 fármacos, como mínimo. En ambos casos, se trata de terapias que se prolongan en el tiempo (más de 6 meses) y que deben llevarse a cabo de forma rigurosa y con la máxima adherencia, dado el carácter “esquivo” del Mycobacterium. En este sentido, y como ocurre con los antibióticos, no cumplir adecuadamente el tratamiento o el abandono prematuro de la medicación contribuye a la aparición de resistencias.

Claves para prevenir la tuberculosis

  • 1. Chequea el estado de tu sistema inmunitario.
  • Si presentas factores de riesgo de inmunosupresión, consulta a tu médico para establecer si tienes riesgo de padecer tuberculosis y debes seguir una terapia preventiva de la enfermedad (profilaxis).
  • 2. Vigila si tienes fiebre habitualmente.
  • En caso de que tengas fiebre o sudoración nocturna de forma continuada y que no se explica por otra causa, es recomendable que te sometas a pruebas diagnósticas que descarten una posible tuberculosis, en especial si presentas factores de riesgo.
  • 3. Acude rápidamente a tu médico si toses sangre.
  • La tos con expectoración sanguinolenta debe ser siempre e inmediatamente consultada con un médico.
  • 4. Toma precauciones para evitar contagiarte.
  • Si vas a viajar a un área en conflicto, a lugares en los que existen condiciones de hacinamiento, a zonas donde hay numerosos enfermos o vas a tener que compartir espacios cerrados, establece previamente tu estado inmunitario con respecto a la tuberculosis. Además, debes seguir muy bien las recomendaciones en términos de utilización de mascarillas y protección global. A la vuelta a tu país de origen, es aconsejable que te repitas la prueba cutánea (Mantoux) si la que te hiciste antes de viajar fue negativa.
  • 5. Protege a las personas de tu entorno.
  • Si sospechas que puedes padecer tuberculosis, tu médico te indicará que utilices una mascarilla para evitar el contagio de tus familiares, personas con las que convivas o tu entorno en general. El tratamiento de la enfermedad puede hacerse ambulatoriamente, pero durante 2 semanas o el tiempo que te indique el especialista, debes respetar el aislamiento.
  • 6. Sigue fielmente el tratamiento médico.
  • Si se ha confirmado el diagnóstico y ya has iniciado el tratamiento para la tuberculosis, es fundamental que sigas las recomendaciones médicas al pie de la letra y no olvides ni retrases en el día las tomas establecidas.