Hepatitis C

¿Qué síntomas provoca este tipo de hepatitis?

24 julio, 2017

De la mano de ATEHNA (Asociación de Trasplantados y Enfermos Hepáticos de  Navarra), hacemos un repaso de la hepatitis C, el tipo de hepatitis más nombrado en los últimos años.

¿Qué es la hepatitis?

La hepatitis vírica es una enfermedad del hígado provocada por la infección de distintos virus. A  estos virus se les asocia con una letra: A, B, C, D, E y F, de forma que a cada tipo de hepatitis que producen, se le añade también la letra del virus causante de la infección.

La hepatitis puede ser:

  • Aguda: es una dolencia leve que dura poco tiempo.
  • Crónica: es la tipología más grave que se mantiene a lo largo de la vida.

¿Qué es la hepatitis C?

La hepatitis C es una inflamación del hígado provocada por la infección del virus C, descubierto en 1989.

Existen hasta siete tipos distintos de hepatitis C, llamados genotipos, que son nombrados con un número y una letra. Los principales son:

  • Genotipo 1a.
  • Genotipo 1b.
  • Genotipo 2.
  • Genotipo 3.
  • Genotipo 4.
  • Genotipos 5 y 6

La importancia del genotipo radica en que existen tratamientos específicos para cada uno de ellos, aunque cada vez tiene menos relevancia, ya que actualmente existen medicamentos pangenotipos para todos ellos, con altísimas tasas de curación.

¿A quién afecta?

Según la OMS, se estima que en el mundo hay 71 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis C.

¿Cómo se contagia la hepatitis C?

La infección del virus C es parenteral, o sea, que se transmite por la sangre, por lo que no es tan  fácil infectarse como podría parecer.

Es muy importante saber que no se contagia al sentarse al lado de la persona infectada, ni al darle la mano, un abrazo, un beso en la boca, al compartir comida, ni tampoco al mantener las relaciones sexuales con preservativo.

Existen estas causas y grupos de riesgo principales:

  • Consumir de drogas inyectables y compartir el material de inyección, como las jeringuillas.
  • Recibir una transfusión de sangre: sobre todo, si esa transfusión se ha realizado antes de 1991, porque hasta ese año no se hacía cribado del virus C en las trasfusiones; de ahí que muchísimas personas se infectaran.
  • Practicar relaciones sexuales de riesgo: es decir, en las que hay peligro de sangrado. Para evitar esta infección lo mejor es la utilización de preservativos.

Grupos de riesgo:

  • Personal sanitario que trabaja en entornos en los que puede darse una reutilización o esterilización inadecuada de equipo médico, especialmente jeringuillas y agujas.
  • Parejas o familiares directos que convive con una persona infectada: en este tipo de relaciones, lo que se aconseja es no utilizar ningún utensilio de aseo de la persona infectada (cuchillas o maquinillas de afeitar cepillos de dientes… porque pueden contener restos de sangre) y mantener unas estrictas normas de higiene.
  • En general, personas que reciben perforaciones de objetos punzantes (piercings, tatuajes, acupuntura….). Los especialistas hacen especial hincapié en intentar evitar las infecciones por esta causa, aconsejando realizar este tipo práctivas en centros  homologados y autorizados. La norma fundamental es que todo el material utilizado sea de un único uso.
  • Hijos/as de madre infectada por el virus: en este grupo, el porcentaje de contagio es muy bajo. No se sabe a ciencia cierta si el contagio se produce en el útero o durante el parto, al tragar el bebé sangre infectada de la madre. El virus C no se trasmite a través de la leche materna.
  • Personas que han estado o están en situación de hemodiálisis.
  • Personas que padecen infección por VIH o VHB (virus de la hepatitis B).
  • Personas que tienen las transaminasas altas en una analítica: las transaminasas son enzimas liberadas por las células hepáticas cuando el hígado está inflamado.
  • Personas que hayan estado o se encuentren internas en instituciones penitenciarias.

¿Qué síntomas causa la hepatitis C?

La hepatitis C es una enfermedad silenciosa, ya que, en la mayoría de los casos, el afectado no es consciente de padecerla. De hecho, tras la infección inicial, aproximadamente un 80% de los casos no presentan síntomas, y los que aparecen son comunes a la hepatitis A y B y suelen recordar a los de una gripe común:

  • Disminución del apetito.
  • Náuseas.
  • Dolor muscular o de las articulaciones.
  • Pérdida de peso.
  • También puede aparecer ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel y los ojos.

¿Cómo se diagnostica?

Como hemos dicho, esta es una enfermedad generalmente asintomática, especialmente en sus estadios iniciales, lo que dificulta su diagnóstico.

Este se confirma en varias fases:

  • Análisis de sangre: para detectar anticuerpos anti VHC. No obstante, tener anticuerpos no significa necesariamente que haya una infección por el virus. A continuación, hay que medir la cantidad de material genético, el ARN del virus de la hepatitis C, habitualmente mediante una técnica llamada reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o prueba de PCR. Si esta prueba da positivo en ARN del VHC, se confirma la infección por el virus VHC.
  • Elastografía de transición (fibrocán): prueba sencilla y rápida que permite diagnosticar la fibrosis hepática sin necesidad de biopsia.
  • Biopsia: se realizará cuando lo estime el especialista, consiste en extraer un pedazo pequeño de hígado para analizarlo y sirve para evaluar el grado de daño hepático.

¿Qué complicaciones tiene?

El virus C penetra en  las células hepáticas (hepatocitos), y, al replicarse, las destruye, provocando heridas en el hígado que terminan por cicatrizar. A esas cicatrices se les denomina fibrosis, de la que existen varios tipos:

  • Fibrosis 1 (F1): cuando en el hígado hay pocas cicatrices.
  • Fibrosis 2 (F2): las cicatrices son más numerosas.
  • Fibrosis 3 (F3): el hígado está lleno de cicatrices.
  • Fibrosis 4 (F4) o cirrosis: el hígado se encuentra masivamente invadido de cicatrices. La hepatitis crónica por virus C evoluciona muy lentamente y tan solo alrededor del 20% de los pacientes crónicos derivarán, al cabo de entre 15 ó 20 años, en cirrosis.

Cuando ya se ha producido una cirrosis, esta terminará descompensando el hígado, de forma que aparecen efectos muy graves, como las siguientes:

  • Encefalopatías (disfunción cerebral).
  • Ascitis (retención de líquido en la tripa).
  • Varices esofágicas (aparecen varices en las venas del esófago, al trasportar más sangre de la que pueden. Existe peligro de sangrado).
  • Carcinoma-hepatocelular (cáncer de hígado): se estima que una de cada 100 personas con F3 y entre 3 y 5 con F4, sufrirán al cabo de un año esta complicación. Se trata de una situación gravísima que requerirá una intervención urgente que, en caso extremo, será un trasplante hepático. Por todo ello, es de vital importancia hacer una ecografía del hígado cada 6 meses a todos los pacientes con F3 y F4 (despistaje del carcinoma hepatocelular).

¿Se puede curar la hepatitis C?

Alrededor del 40% de los casos de hepatitis C se curarán de forma natural, es decir, el sistema inmunológico del enfermo destruirá el virus, por lo que no precisarán tratamiento.

Por su parte, en el 60% restante, la hepatitis se convertirá en crónica si pasados 6 meses desde la infección, esta continúa activa.

¿Cómo se trata la hepatitis C?

Lo primero que debemos saber es que no existe ninguna vacuna para la hepatitis C.

Además, los tratamientos que buscan la curación de los pacientes están cambiando constantemente y, en la actualidad, la combinación de varios medicamentos está arrojando tasas de curación del 95%, según la OMS. Sin embargo, las personas curadas mantienen en su organismo anticuerpos del  virus C, y no protegen a esos pacientes contra una reinfección del virus.

El único tratamiento existente hasta el año 2011 fue el interferón y la ribavirina, cuyo función era la de fortalecer el sistema inmunológico para que venciera al virus, pero a partir del año 2011 aparecen los llamados Antivirales de Acción Directa (AAD), que eliminan el virus, evitando que éste se replique.

En abril de 2015 se puso en marcha el Plan Nacional para el Abordaje de la Hepatitis C y desde entonces hasta hoy, alrededor de 80.000 enfermos han sido tratados. El objetivo principal de este Plan es que, para el año 2020, la hepatitis C se convierta en una enfermedad residual, aunque queda mucho por hacer en el campo de la detección precoz en Atención Primaria.

En los casos más graves en los que el organismo es incapaz de retener líquidos, puede ser necesario administrarlos por vía intravenosa, sobre todo en el caso de bebés y niños pequeños.

Normalmente, no se requiere ningún tipo de medicación ni existen tampoco medicamentos específicos. Si es necesario, puede recurrirse a los analgésicos para tratar el dolor y/o la fiebre, los antieméticos para mejorar las náuseas y vómitos. Los antibióticos no son efectivos en caso de infecciones víricas.

Una vez que los síntomas comienzan a remitir y el organismo vuelve a tolerar alimentos sólidos, pueden introducirse de manera progresiva alimentos astringentes y sin fibra, como por ejemplo yogur natural, pan tostado, arroz blanco, jamón cocido, tortilla bien cuajada, pechugas de pollo hervidas o a la plancha, pescado blanco, manzana rallada sin piel, membrillo o plátano maduro (ricos en un tipo de fibra soluble llamado pectina).

¿Cómo prevenir esta enfermedad?

Como hemos comentado, no existen vacunas para prevenir la infección por el virus de la hepatitis C, por lo que la prevención debe ir enfocada a reducir el riesgo de exposición al virus en el entorno sanitario y en los grupos de población de alto riesgo a través de medidas de higiene, como estas:

  • Lavado de manos.
  • Uso de guantes.
  • Uso seguro y esterilización del material sanitario y de inyección.
  • Uso correcto y sistemático de preservativos.
  • Manipulación segura de objetos afilados.

Autor

Antonio García López es Presidente de ATEHNA (Asociación de Trasplantados y Enfermos Hepáticos de Navarra).