Anemia

¿Es posible prevenir la anemia?

12 enero, 2015

¿Qué es la sangre?

La sangre es el líquido fundamental que mantiene la vida en los humanos y los animales. Circula a través del corazón y los vasos sanguíneos (las arterias y las venas), transportando a todos los tejidos del cuerpo los elementos que necesitan para realizar sus funciones: nutrientes, hormonas, vitaminas, anticuerpos, calor y oxígeno.

La sangre humana está compuesta principalmente de plasma y células sanguíneas. El plasma  representa el 55% del volumen total y a su vez está compuesto de agua, proteínas y sales inorgánicas.

El restante 45% lo forman los glóbulos rojos (eritrocitos), los glóbulos blancos (leucocitos), que defienden al organismo contra las infecciones bacterianas y virales, y las plaquetas, que impiden las hemorragias, favoreciendo la coagulación de la sangre.

La cantidad de sangre en el cuerpo de una persona depende de su sexo, edad, peso y altura. Pero en líneas generales, un adulto tiene entre 4,5 y 6 litros de sangre, el 7% de su peso.

¿Qué son los glóbulos rojos y la hemoglobina?

Los glóbulos rojos, o hematíes, son células sanguíneas que se producen en la médula ósea. Su función es transportar el oxígeno desde los pulmones al resto del organismo, así como retirar el dióxido de carbono de los tejidos periféricos y expulsarlo a través del pulmón. Tanto el  oxígeno como el dióxido de carbono circulan por la sangre adherida a la hemoglobina, una proteína presente en los glóbulos rojos.

¿Qué es la anemia?

El término anemia designa un conjunto de síntomas y signos que se producen debido a la disminución del número de glóbulos rojos en la sangre o a la disminución de los niveles de hemoglobina. Cuando el cuerpo produce menos hematíes o desciende el nivel de hemoglobina, no recibe suficiente cantidad de oxígeno y surgen los síntomas propios de la anemia.

¿Qué tipos de anemia hay?

Existen muchas clases de anemia, pues puede constituir la manifestación de una enfermedad hematológica o un síntoma de muchas otras patologías. Muchos de estos signos son leves, de corta duración y fácil tratamiento, mientras que otros son graves, perduran durante más tiempo y, si no se tratan, pueden resultar letales. Algunos de los tipos de anemia son:

  • Anemia ferropénica: se produce cuando el cuerpo no cuenta con la suficiente cantidad de hierro para producir glóbulos rojos sanos y hemoglobina suficiente. En este caso, el organismo comienza a usar sus reservas de hierro, que en poco tiempo se agotan. Como consecuencia, el cuerpo produce menos glóbulos rojos y, además, estos son más pequeños, por lo que contienen menos hemoglobina de la necesaria.
  • Anemia aplásica: es una patología que puede ser hereditaria o adquirirse después del nacimiento y que impide producir suficientes glóbulos rojos. Los bebés y niños que la sufren requieren con frecuencia transfusiones de sangre.
  • Aquellos tipos de anemia en los que, debido a factores adquiridos o hereditarios, el organismo destruye con velocidad excesiva los glóbulos rojos. Entre estos se hallan la anemia de células falciformes, las talasemias y la anemia hemolítica.
  • Anemia por carencia de ácido fólico: el ácido fólico es necesario para la formación y crecimiento de los glóbulos rojos sanguíneos, aunque el cuerpo no es capaz de almacenarlo en grandes cantidades. Este tipo de anemia es más frecuente en mujeres en estado de gestación, pero también puede ser por otras causas (alcoholismo, no consumir frutas y verduras frescas o cocer en exceso las verduras). Durante el embarazo, el bebé utiliza las escasas reservas de folato de la madre para poder crecer adecuadamente. Si no se suministra un suplemento de ácido fólico a la madre embarazada, ésta puede sufrir una anemia y el niño padecer importantes problemas de crecimiento.
  • Anemia perniciosa: los glóbulos rojos disminuyen porque el intestino no puede absorber de manera adecuada la vitamina B12, necesaria para su producción, crecimiento y función. Este tipo de anemia aparece cuando hay problemas importantes en el estómago o porque nuestro sistema inmunológico  afecta a las células que producen el factor intrínseco (imprescindible para poder absorber la vitamina B12).
  • Anemia drepanocítica: es una anemia con un componente hereditario importante. La hemoglobina es diferente y esto hace que cambie la forma de los glóbulos rojos, lo que a su vez provoca que se destruyan antes y tengan su función de trasporte alterada.
  • Anemia de Fanconi: se trata de una enfermedad poco frecuente, característica de la infancia por la aparición de anemia, episodios infecciosos y hemorrágicos que suelen ser persistentes y severos. Se debe a que disminuye al mismo tiempo las tres series de células sanguíneas: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

¿A quién afecta la anemia?

La anemia es una patología muy frecuente que puede presentarse a cualquier edad. Se estima que afecta al 24,8% de la población mundial, según datos de la OMS.

Pueden padecerla tanto hombres como mujeres, pero la anemia ferropénica es la más frecuente, y se da más en mujeres en edad fértil. De acuerdo a la Fundación Española del Aparato Digestivo, aproximadamente una de cada cinco mujeres en edad fértil sufre déficit en los depósitos de hierro y hasta un 7% padece anemia ferropénica relacionada con la pérdida de sangre durante la menstruación.

¿Qué causa la anemia?

Existen tres causas principales de la anemia: la pérdida de sangre, la falta o producción insuficiente de glóbulos rojos y el aumento de la velocidad con que estos se destruyen o se pierden:

  • Pérdida de sangre. Es la causa más frecuente, sobre todo en el caso de la anemia ferropénica. Esta pérdida de sangre puede ser debida a los periodos menstruales; la ingesta regular de medicamentos como la aspirina o el ibuprofeno; el sangrado de los aparatos digestivo o urinario; la cirugía; traumatismos; y el cáncer.
  • Falta de producción de glóbulos rojos. Pueden provocarla situaciones adquiridas como una mala alimentación, concentraciones anormales de ciertas hormonas (como la eritropoyetina), el embarazo y algunas enfermedades como la insuficiencia renal, el cáncer o  el sida. También puede darse en enfermedades hereditarias como la anemia aplásica.
  • Aumento de la velocidad de destrucción de los glóbulos rojos. El aumento del tamaño del bazo o enfermedades hereditarias como la anemia de células falciformes, las talasemias y la anemia hemolítica son algunas de las posibles causas. En el caso concreto de la anemia ferropénica, la causa de la enfermedad es la deficiencia de hierro que, a su vez, puede estar provocada por la pérdida de sangre, el embarazo, una dieta pobre en ese mineral o enfermedades que impiden absorber el hierro, como la celiaquía.

¿Qué factores incrementan el riesgo de padecerla?

Como hemos descrito anteriormente, existen muchos tipos de anemia y cada una tiene unos factores de riesgo que aumentan la posibilidad de desarrollarla. En general podemos decir que las causas generales de las anemias son los problemas de desnutrición/malnutrición, embarazo, factores hereditarios, enfermedades crónicas, autoinmunes o el tratamiento con ciertos fármacos.

Aumentan el riesgo de padecer anemia factores como seguir una dieta pobre en hierro, vitaminas o minerales; las pérdidas de sangre provocadas por una cirugía o lesión; y patologías prolongadas o graves como la enfermedad renal, el cáncer, la diabetes, la artritis reumatoide o el sida; las dolencias intestinales inflamatorias (incluida la enfermedad de Crohn); la enfermedad hepática; la insuficiencia cardíaca; y las patologías de la tiroides.

Igualmente, incrementan las posibilidades de desarrollar la enfermedad las infecciones prolongadas y factores genéticos como antecedentes familiares de anemia hereditaria. También tienen más posibilidades de sufrir anemia las mujeres embarazadas o que sufren un periodo menstrual abundante, los bebés prematuros o que nacieron con peso bajo y los niños de entre 1 y 2 años que no siguen una dieta saludable y no la complementan con suplementos de hierro.

También las personas que han excluido la carne de su dieta y no ingieren otros alimentos ricos en hierro, así como los donantes de sangre frecuentes, corren un mayor riesgo. Por último, las personas mayores y los adultos que sufren sangrado interno por dolencias como úlceras, hemorroides o cáncer, cuentan con más posibilidades de sufrir esta dolencia.

¿Cuáles son los síntomas de la anemia?

Los síntomas de la anemia varían en función de la rapidez con que aparece la enfermedad, la severidad de la enfermedad y  la capacidad de respuesta del organismo, sobre todo a nivel cardiovascular. Los principales son:

  • Palidez: es uno de los signos más característicos y se produce como consecuencia del cierre de los vasos sanguíneos en la piel, manos, pies,… y por el descenso de la concentración de la hemoglobina en sangre.
  • Astenia: sentirse muy cansado es otro síntoma muy ligado a esta enfermedad.
  • Disnea: es la sensación subjetiva de falta de aire.
  • Fatiga muscular: aparece al realizar incluso pequeños esfuerzos.
  • Taquicardia y palpitaciones: son constantes en casos de anemia moderada o intensa, mientras que en una anemia crónica de aparición lenta, el único signo apreciable pueden ser ligeros soplos (ruido que hace la sangre al salir del corazón). Si la anemia es muy intensa se añade una respiración muy rápida e incluso pérdida del conocimiento.
  • Trastornos neurológicos: se refieren a alteraciones de la visión o dolores de cabeza. Cuando la anemia es muy grave, pueden aparecer signos de hipoxia cerebral (atontamiento), vértigos, e incluso un estado de coma.
  • Manifestaciones neuromusculares: consisten en cambios en la conducta, dolores de cabeza, vértigos, trastornos visuales, insomnio, incapacidad para concentrarse y, a veces, desorientación.
  • Alteraciones del ritmo menstrual: la existencia de reglas abundantes es la causa más frecuente de anemia en las mujeres jóvenes, aunque suele ser una anemia moderada. Sin embargo, cuando la anemia es más intensa, suele apreciarse una disminución del ritmo menstrual. Lo que ocurre es que, frente al descenso de la hemoglobina, el organismo reacciona disminuyendo, o incluso anulando, la pérdida de sangre.
  • Alteraciones renales: se produce una retención que puede provocar la aparición de edemas o hinchazón en las piernas.
  • Trastornos digestivos: consisten en falta de apetito, náuseas y, a veces, estreñimiento.

¿Qué complicaciones puede provocar?

La anemia grave o prolongada puede causar lesiones en el corazón, el cerebro y otros órganos del cuerpo, debido a que la sangre no es capaz de transportar a los tejidos el oxígeno suficiente. Por ejemplo, esta enfermedad puede provocar arritmias que, con el tiempo, pueden lesionar el corazón y llegar a desembocar en insuficiencia cardíaca.

La anemia también puede debilitar a las personas con cáncer o infectadas con VIH y dificultar su tratamiento. Y en casos extremos, puede resultar letal.

Si no se tratan, las anemias por deficiencia de hierro graves pueden originar, además, infecciones y problemas de crecimiento en niños y bebés. Durante la gestación, la anemia ferropénica está relacionada con partos prematuros y bebés de bajo peso al nacer, siempre que no se traten.

¿Cómo se diagnostica y se trata la anemia?

La anemia se diagnostica normalmente con un examen médico y un análisis de sangre que incluya hemogramas completos, con el fin de determinar, entre otros valores, los niveles de hemoglobina, hematocrito y glóbulos rojos, así como su color y tamaño medio. También se tienen en cuenta los antecedentes médicos y familiares del paciente. Otras pruebas adicionales pueden ser la endoscopia, la colonoscopia y el ultrasonido.

Una vez diagnosticada la enfermedad, el médico prescribirá el tratamiento adecuado, cuyo objetivo será aumentar la cantidad de glóbulos rojos o la concentración de hemoglobina en la sangre.

En el caso de anemias por déficit de vitaminas o minerales, el medico prescribirá la ingesta por vía oral de suplementos de hierro, vitamina B12 y ácido fólico. Cuando se deba a pérdidas importantes de sangre, se realizará una transfusión. Y en casos más específicos (como síndromes hereditarios) puede plantearse el trasplante de médula ósea. En todo caso, es necesario consultar con el médico de atención primaria o especialista (especialista en hematología) para que te indique el tratamiento de la anemia más adecuado para tu caso.

Otro objetivo del tratamiento puede ser paliar la enfermedad de fondo o causa subyacente de la anemia. Por ejemplo, es posible que el especialista prescriba al paciente medicamentos como anticonceptivos orales para aligerar el flujo menstrual, antibióticos para tratar las úlceras o cirugía para extirpar pólipos o tumores.

¿Por qué es importante el hierro para la salud?

El hierro es un micromineral esencial para el organismo, pues interviene en la formación de la hemoglobina y de los glóbulos rojos, así como de ciertas enzimas. Nuestro organismo acumula los depósitos de hierro en el hígado, el bazo y la médula ósea.

Los expertos en nutrición recomiendan consumir como mínimo 8 miligramos de hierro al día a hombres y mujeres postmenopáusicas, y 18 miligramos de hierro diarios a las mujeres premenopáusicas. Los hombres y mujeres vegetarianos deben prácticamente duplicar estas cantidades, puesto que el organismo absorbe en menor medida el hierro de origen vegetal que aquel presente en los tejidos animales.

10 consejos para prevenir y hacer frente a la anemia

Las anemias hereditarias no pueden prevenirse, pero aquellas producidas por una deficiencia de hierro o vitaminas sí pueden evitarse, si se siguen una serie de sencillas recomendaciones:

  • 1. Sigue una alimentación variada con un poco de todo.
  • Una dieta equilibrada y de todos los grupos de alimentos nos asegura tener la cantidad suficiente de hierro, porque no todo el hierro presente en los alimentos se absorbe de igual manera. De hecho, se estima que sólo un 10-15% del hierro de la dieta es absorbido por el intestino. Así, del hierro en alimentos de origen animal (cerdo, pollo y pavo, carnes rojas, mariscos y moluscos, huevos e hígado) se absorbe aproximadamente un 30%, mientras que el de los alimentos vegetales (espinacas,  acelgas y  guisantes) se absorbe con más dificultad. Además, existen algunos alimentos que es preferible no tomar después de que hayamos comido otros que sí son ricos en hierro: leche, yema de huevo, ciertas legumbres o  cereales integrales, café, té, cacao o proteína de soja. Así, beber café una hora después de la comida puede reducir la absorción de hierro hasta en un 80%.
  • 2. Ingiere diariamente alimentos con hierro.
  • El hierro se encuentra en numerosos alimentos, como carnes rojas magras (ternera, buey); mariscos de concha (berberechos, almejas y mejillones); frutos secos (nueces, pistachos, almendra tostada); hígado; sésamo, verduras de hoja verde (berros, acelgas, espinacas); legumbres (lentejas, garbanzos, guisantes, germinado de lenteja); o productos integrales: trigo, pan, arroz, pan de avena).
  • 3. Incorpora a tu dieta alimentos cítricos.
  • Una buena opción son los zumos de naranja o mandarina, y también el brócoli, kiwi y melón, que son apropiados no tanto por la vitamina C sino por el ácido cítrico. Estos alimentos mejoran la absorción de hierro.
  • 4. No olvides la vitamina B12.
  • La deficiencia de esta vitamina puede causar anemia perniciosa, por lo que también debemos procurar que esté presente en nuestra dieta. Podemos encontrarla en la carne vacuna, las aves y el pescado, los huevos y lácteos y cualquier alimento enriquecido con ella como las hamburguesas vegetarianas.
  • 5. Redobla los esfuerzos si no consumes carne.
  • Los vegetarianos deben tener en cuenta que el cuerpo no absorbe con la misma facilidad el hierro de origen vegetal  que el que contiene la carne. Por eso, deben consumir casi el doble de hierro en su día a día e incorporar alimentos como los cereales integrales, las verduras de hoja verde, las alubias y lentejas, el tofu y las nueces.
  • 6. Toma precauciones si estás embarazada y apuesta por la leche materna.
  • Las necesidades nutricionales de hierro se duplican en el embarazo, por lo que las mujeres en este estado deben seguir una dieta rica en hierro, vitamina C y ácido fólico. Estos casos el médico suele prescribir vitaminas prenatales en las que se incluye sobre todo el hierro el ácido fólico. Tras dar a luz, es recomendable alimentar al bebé exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida, pues su hierro es mejor absorbido por los niños que el de la leche de vaca. Si no fuera posible, una alternativa para prevenir la anemia en bebés es la leche enriquecida con hierro.
  • 7. Deporte sí, pero sin bajar la guardia.
  • El ejercicio físico siempre es recomendable, pero si lo practicas de manera intensa, debes seguir más que nunca una dieta equilibrada y rica en hierro. Sobre todo, deben mantenerse alerta los corredores de larga distancia, que sufren a veces la denominada anemia del corredor.
  • 8. Evita el autodiagnóstico y acude al médico.
  • Aunque nos sintamos débiles y pensemos que tenemos anemia, debemos acudir al médico en lugar de comenzar a tomar suplementos alimenticios o vitaminas para la anemia o por nuestra cuenta, porque nos arriesgamos a una intoxicación por hierro y porque, de existir anemia, puede estar causada por algún problema grave que requiera un tratamiento diferente.
  • 9. Precaución con el consumo de antiinflamatorios.
  • No se debe abusar de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos como la aspirina o el ibuprofeno, ya que pueden irritar el revestimiento del estómago y causar una úlcera sangrante. Recordemos que las hemorragias internas disminuyen la concentración de glóbulos rojos y hemogloblina en la sangre.
  • 10. Respeta las recomendaciones médicas al tomar los suplementos nutricionales.
  • Cuando el especialista nos prescriba suplementos de hierro o vitaminas, debemos respetar minuciosamente las pautas de administración y posología que nos indique. Aunque comencemos a sentirnos mejor, no debemos abandonar el tratamiento a medias. Sólo el 8% del hierro que se toma por vía oral es absorbido por el torrente sanguíneo, por lo que el cuerpo necesita como mínimo 3- 6 meses  para aumentar sus reservas.

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¿Tener una menstruación abundante me puede causar anemia?

Sí. La pérdida de sangre es una de las causas más frecuentes de la anemia, sobre todo de la de tipo ferropénico, que se produce cuando el cuerpo no cuenta con la suficiente cantidad de hierro para producir hemoglobina suficiente y por tanto, glóbulos rojos de tamaño adecuado y que funcionen adecuadamente. En el caso de las mujeres, esta pérdida de sangre está provocada a menudo por periodos menstruales abundantes. Para contrarrestar esta situación, es importante seguir una dieta rica en hierro, que podemos encontrar en ternera, buey, berberechos, almejas, mejillones, frutos secos, hígado, berros, acelgas, espinacas, lentejas, garbanzos, guisantes, trigo, pan o arroz.