Depresión

Una de las enfermedades médicas más tratables

13 octubre, 2015

¿Qué es la depresión?

Ocasionalmente, todos nos sentimos melancólicos o tristes, pero estos sentimientos, por lo general, son pasajeros y se superan en poco tiempo. En cambio, cuando una persona tiene un trastorno depresivo, este interfiere con la vida diaria y afecta al desempeño normal de sus actividades cotidianas.

La depresión es una enfermedad común pero grave, y la mayor parte de quienes la padecen necesita tratamiento para mejorar. En el peor de los casos, la depresión puede prolongarse durante años e, incluso, afectar de forma irreversible a la persona que la padece.

Por tanto, la depresión se caracteriza por un estado de ánimo bajo y sentimientos de tristeza, asociados a alteraciones del comportamiento, del grado de actividad y del pensamiento. Puede causar ansiedad, insomnio, pérdida de apetito y falta de interés o placer por realizar diferentes actividades, así como afectar a las actividades laborales, escolares y familiares.

¿Quién padece depresión?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, que afecta a unos 350  millones de personas, y va en aumento: se prevé que en 2020 sea la causa de enfermedad número uno en el mundo desarrollado. En la Unión Europea, 18,4 millones de personas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años padecen cada año una depresión importante.

La depresión puede afectar a cualquier persona, de cualquier nivel socioeconómico y de cualquier edad. De hecho, dos de cada 100 habitantes de entre 16 y 65 años presenta un problema depresivo, y es la tercera causa más frecuente por la que un paciente acude a su médico de familia, según datos del Servicio Andaluz de Salud.

Por otra parte, según datos publicados recientemente por la Asociación Española de Psiquiatría Privada, la depresión afecta al 15% de la población adulta. En España, una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres padecen  este trastorno. Además de a las mujeres, afecta también en mayor medida a las personas menores de 45 años.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, que afecta a unos 350  millones de personas, y va en aumento: se prevé que en 2020 sea la causa de enfermedad número uno en el mundo desarrollado. En la Unión Europea, 18,4 millones de personas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años padecen cada año una depresión importante.

La depresión puede afectar a cualquier persona, de cualquier nivel socioeconómico y de cualquier edad. De hecho, dos de cada 100 habitantes de entre 16 y 65 años presenta un problema depresivo, y es la tercera causa más frecuente por la que un paciente acude a su médico de familia, según datos del Servicio Andaluz de Salud.

Por otra parte, según datos publicados recientemente por la Asociación Española de Psiquiatría Privada, la depresión afecta al 15% de la población adulta. En España, una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres padecen  este trastorno. Además de a las mujeres, afecta también en mayor medida a las personas menores de 45 años.

¿Qué tipos de depresión existen?

Podemos clasificar la depresión de las siguientes maneras:

  • Trastorno depresivo grave o depresión grave: se caracteriza por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer, y disfrutar de las actividades que antes resultaban placenteras. La depresión grave incapacita a la persona y le impide desenvolverse con normalidad. Puede suceder una sola vez, pero normalmente se repite a lo largo de la vida.
  • Trastorno distímico o distimia: sus síntomas duran dos o más años y, aunque no incapacitan necesariamente a la persona, sí le impiden desarrollar una vida normal o sentirse bien. Las personas con distimia también pueden padecer uno o más episodios de depresión grave a lo largo de sus vidas. Se trata también una de las formas más comunes de depresión.
  • Depresión psicótica: cuando una enfermedad depresiva grave está acompañada por alguna forma de psicosis, como ruptura con la realidad, alucinaciones o delirios.
  • Depresión postparto: nos referimos a esta tipología cuando mujer sufre un episodio de depresión grave dentro del primer mes después del parto. Se trata de una patología frecuente, puesto que afecta a entre al 10% y el 15% de las madres.
  • Trastorno afectivo estacional: aparece durante el invierno, cuando disminuyen las horas de luz solar, y suele desaparecer en primavera y verano.
  • Trastorno bipolar o enfermedad maníaco-depresiva: se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo, que puede oscilar de momentos de alegría extrema o máxima energía (por ejemplo, manía) a estados de ánimo muy bajos (por ejemplo, depresión) y viceversa. No es tan común como la distimia  y la depresión grave.

¿Qué provoca la depresión?

Las razones por las que uno se deprime pueden ser obvias o todo lo contrario. Igualmente, puede existir un solo motivo o varios. En realidad, no existe una causa única conocida de la depresión. Más bien, esta parece ser el resultado de una combinación de factores genéticos, bioquímicos, y psicológicos.

Por ejemplo, sufrir un episodio traumático, la pérdida de un ser querido, atravesar por una relación dificultosa, o cualquier situación estresante puede provocar un episodio de depresión, y también pueden darse episodios de depresión subsiguientes  sin una provocación evidente.

Según la Clínica Universidad de Navarra, este trastorno se produce generalmente por la interacción de factores biológicos (cambios hormonales, alteraciones en los neurotransmisores cerebrales como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, componentes genéticos, etc.) con factores psicosociales (circunstancias estresantes en la vida afectiva, laboral o de relación) y de personalidad (especialmente, sus mecanismos de defensa psicológicos).

¿Cuáles son sus factores de riesgo?

En todo caso, los factores que aumentan el riesgo de desarrollar este trastorno son los siguientes:

  • Género: estadísticamente, la depresión es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. Esta circunstancia puede deberse a diferencias genéticas u hormonales, o a que ellas sufren en general más estrés emocional o a que los hombres tienden a no admitir o a reprimir sus sentimientos.
  • Antecedentes familiares: según la Mental Health America, los antecedentes familiares duplican el riesgo de sufrir depresión severa, por lo que parece existir un componente genético en la aparición de este trastorno. No obstante, puede padecerse depresión sin tener parientes con esta enfermedad.
  • Problemas de la vida: por ejemplo, la pérdida de algo o alguien y el duelo que ello provoca, e incluso un divorcio o un despido aumentan el riesgo de padecer depresión. Cambios como la jubilación, el incremento en la pobreza, un nuevo país o ciudad o el nacimiento de un hijo pueden provocarla.
  • Las circunstancias: el cansancio físico o la soledad influyen también en este trastorno.
  • Enfermedades físicas: por ejemplo, el Alzheimer, el cáncer, la diabetes, afecciones del corazón, desórdenes hormonales, mal de Parkinson o trombosis, al igual que otros trastornos mentales como la ansiedad o trastornos de la alimentación.
  • Abuso del alcohol o drogas: los problemas o excesos con estas sustancias aumentan el riesgo de padecer depresión, pero también puede ocurrir que una persona haya llegado a ser adicta al alcohol o las drogas como consecuencia de una depresión subyacente.
  • Determinados medicamentos: algunas medicinas pueden provocar depresión clínica como efecto secundario.

¿Cuáles son sus síntomas?

Aunque no todas las personas con depresión padecen los mismos síntomas, son habituales los siguientes signos:

  • Sentimiento persistente de tristeza, ansiedad, vacío, desesperanza y pesimismo.
  • Sentimiento de culpa, inutilidad o impotencia.
  • Irritabilidad o inquietud.
  • Pérdida de confianza en uno mismo y/o en los demás.
  • Pérdida de interés en las actividades o pasatiempos habituales de los que antes disfrutaba, incluso de las relaciones sexuales. .
  • Pérdida de la libido y del interés en las relaciones sexuales.
  • Pérdida de la capacidad de disfrutar.
  • Cansancio exagerado, incluso después de pequeños esfuerzos, y falta de energía.
  • Disminución de la capacidad para concentrarse, recordar detalles y tomar decisiones.
  • Insomnio, despertar muy temprano, o dormir demasiado.
  • Pérdida de apetito o comer de manera excesiva.
  • Ideas de muerte o intentos de suicidio.
  • Dolores y malestares persistentes: dolores de cabeza, cólicos o problemas digestivos que no se alivian incluso con tratamiento.

¿Cómo se diagnostica la depresión?

Según la Clínica Universidad de Navarra, la intensidad de los síntomas, su duración (que debe ser de al menos dos semanas) y la incapacidad que generan han de tener una entidad suficiente como para afectar al funcionamiento normal o adecuado del paciente. Para llegar a un diagnóstico correcto, esta institución sanitaria aboga por:

  • Realizar una entrevista diagnóstica.
  • Descartar enfermedades orgánicas mediante pruebas diagnósticas y la valoración por parte de otros especialistas.
  • Realizar pruebas de psicodiagnóstico.

No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que la depresión no siempre se diagnostica de manera correcta, lo que lleva a que personas depresivas no sean tratadas de forma adecuada, mientras que otras que no padecen estos trastornos son tratadas con antidepresivos.

¿Cómo se trata?

La depresión clínica es una de las enfermedades médicas más tratables: ocho de cada diez personas que la sufren mejorarán con ayuda profesional. El tipo de tratamiento dependerá de los síntomas que sufra cada persona, de su gravedad y de las circunstancias del paciente, pero existen dos vías principales de tratamiento, que también pueden ser compatibles entre sí:

  • Psicoterapia: tanto la terapia cognitivo-conductual como la interpersonal, ambas basadas en el diálogo con el profesional, son efectivas contra la depresión y constituye la mejor opción para tratar la depresión de leve a moderada. La primera enseña nuevas maneras de pensar y comportarse, mientras que la segunda ayuda a entender y resolver relaciones personales problemáticas. El tratamiento puede durar tan solo unas semanas o prolongarse en el tiempo, de acuerdo a los síntomas y necesidades del paciente.
  • Tratamiento con  antidepresivos: el médico de cabecera o psiquiatra puede prescribir al paciente fármacos antidepresivos. Estos contribuyen a normalizar las sustancias químicas naturales del cerebro (neurotransmisores) como la serotonina o la norepinefrina, que participan en la regulación de los estados de ánimo. Dado que los efectos no son inmediatos, es importante que el paciente tome dosis regulares del antidepresivo durante al menos tres o cuatro semanas para poder experimentar su efecto. Por otra parte, no debe interrumpir el tratamiento hasta que el médico lo indique, con el fin de evitar una recaída. Por otra parte, debe prestarse también atención a los posibles efectos secundarios como dolor de cabeza, náuseas o insomnio, que suelen disminuir con el tiempo.

Normalmente, no se requiere ningún tipo de medicación ni existen tampoco medicamentos específicos. Si es necesario, puede recurrirse a los analgésicos para tratar el dolor y/o la fiebre, los antieméticos para mejorar las náuseas y vómitos. Los antibióticos no son efectivos en caso de infecciones víricas.

Una vez que los síntomas comienzan a remitir y el organismo vuelve a tolerar alimentos sólidos, pueden introducirse de manera progresiva alimentos astringentes y sin fibra, como por ejemplo yogur natural, pan tostado, arroz blanco, jamón cocido, tortilla bien cuajada, pechugas de pollo hervidas o a la plancha, pescado blanco, manzana rallada sin piel, membrillo o plátano maduro (ricos en un tipo de fibra soluble llamado pectina).

10 consejos para afrontar una depresión

Para afrontar una depresión es necesario cuidar la mente, pero también el cuerpo. Algunas de las siguientes recomendaciones pueden ser útiles a la hora de superar esta enfermedad:

  • 1. Habla y desahógate.
  • Elige a un amigo/a o familiar de confianza como confidente, y cuéntale cómo te sientes. Pero ten en cuenta que ellos sufren por ti, por lo que es importante que busques a un profesional sanitario o psicólogo para que intente ayudarte.
  • 2. No tomes decisiones precipitadas.
  • Aplaza las decisiones importantes, como puede ser un divorcio, un cambio de empleo o contraer matrimonio, hasta que te sientas mejor. Y de nuevo, habla sobre ellas con otras personas que conozcan y tengan una visión objetiva de la situación. Otra opción es escribir en un papel cómo te sientes o qué te preocupa: expresarlo en palabras te ayudará reflexionar sobre ello y a ponerlo en perspectiva.
  • 3. Sé sincero.
  • Tanto contigo mismo como con el profesional que te ayude a afrontar tu depresión. No temas contarle tus preocupaciones y miedos ni preguntarle todo lo que necesites. Exprésale de manera franca todo lo que sientes, porque así podrá ayudarte mejor.
  • 4. Piensa en positivo.
  • Mantén la esperanza, muchísimas personas han superado este problema. Plantéate metas realistas y no seas impaciente: la depresión no desaparecerá de manera súbita, sino que, poco a poco, los pensamientos positivos irán reemplazando a los negativos.
  • 5. No te encierres en ti mismo.
  • No te aísles. Aunque no tengas muchas ganas, intenta seguir relacionándote con tus amigos o familiares, pasa tiempo con ellos y mantén tus actividades de ocio habituales siempre que sea posible. Seguir activo te ayudará a conservar una actitud positiva.
  • 6. Muévete.
    Haz deporte, da un paseo o practica otro tipo de actividades de ocio -como ir al cine o participar en eventos sociales- con las que antes disfrutaras. Respirar aire puro y el movimiento te ayudarán a sentirte mejor física y emocionalmente. También es muy aconsejable que alguna de estas actividades sean en compañía.
  • 7. Come y duerme bien.
  • Aunque no sientas apetito, no descuides lo que comes. Una dieta variada y equilibrada, rica en frutas y verduras, te hará sentirte más fuerte. Así mismo, mantener unos horarios regulares de sueño te ayudará a sentirte más reposado. Si no logras conciliar el sueño, acuéstate igualmente y escucha la radio o ve la televisión, al menos tu cuerpo descansará. Frecuentemente, durante el tratamiento de la depresión, el sueño y el apetito comenzarán a mejorar antes de que su estado de ánimo deprimido desaparezca.
  • 8. Intenta evitar el estrés.
  • En el día a día, clasifica las tareas en grandes y pequeñas y establece prioridades para cometer lo que tienes que hacer sin agobiarte. Recuerda que no pasa nada si no llegas a todo.
  • 9. No abuses del alcohol u otras drogas.
  • No caigas en la tentación de recurrir al alcohol o a otras drogas para sentirte mejor, pues, una vez se haya disipado el efecto de relajación o euforia que provocan estas sustancias, los sentimientos de tristeza y desesperanza se volverán más intensos.
  • 10. Cumple el tratamiento médico.
  • Acude a todas las citas que tengas con tu doctor, bien sea el psicólogo, el médico de cabecera o un especialista. Sigue sus recomendaciones y, en caso de que te prescriba antidepresivos, es muy importante que sigas las instrucciones, que tomes todas las dosis con exactitud y que no interrumpas el tratamiento por tu cuenta.