Colon irritable

El colon irritable, una dolencia crónica y sin cura

El colon irritable, cuya denominación más correcta es Síndrome de Intestino Irritable (SII), es un trastorno digestivo crónico y recurrente bastante común, que produce en quien lo sufre malestar intestinal asociado a alteraciones en el número o consistencia de las deposiciones, sin que exista una causa orgánica  justificada.

Se trata de una disfunción crónica del intestino, que no funciona como debería hacerlo. Sus síntomas pueden incapacitar a la persona afectada y llegar a mermar su calidad de vida. De hecho, constituye un motivo frecuente de absentismo laboral y escolar y ello está asociado a un importante gasto sanitario y social, según informes de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).

Las mujeres, más afectadas

De acuerdo a la Asociación Española de Afectados de Síndrome de Intestino Irritable (AESII), esta dolencia afecta al 11,2% de la población en los países occidentalizados. En España, un 4,5% de la población sufre esta patología de forma severa.

Su prevalencia es mayor en mujeres y, de hecho, en nuestro país, es entre dos y cuatro veces más común en ellas que en los hombres. Aunque puede aparecer a cualquier edad, suele hacerlo antes de los 35 años y es menos frecuente que se manifieste una vez cumplidos los 60. La prevalencia en niños es similar a la de los adultos.

Retorcijones e hinchazón abdominal

Aunque la gravedad y frecuencia varían en cada persona y existen varios subtipos de este síndrome en función de que predominen unos u otros, algunos de los síntomas digestivos más recurrentes son:

  • Dolor o malestar abdominal: en forma de retorcijones o calambres variables en intensidad.
  • Estreñimiento: suele ser con heces duras que se  eliminan con dificultad.
  • Diarrea: se suele acompañar de ganas urgentes de defecar.
  • Mucosidad sin sangre: puede acompañar  a la diarrea o al estreñimiento.
  • Sensación de evacuación incompleta al defecar.
  • Otros síntomas intestinales: como gases o hinchazón/distensión abdominal; pirosis (ardor); sensación de plenitud después de comer o de que uno se llena pronto con la comida (saciedad precoz).

Estos síntomas digestivos pueden ser comunes a otras patologías digestivas, por lo que el diagnóstico de Síndrome de Intestino Irritable ha de realizarlo un médico, a quien deberemos consultar sin demora en varios casos: si dicha sintomatología es de aparición reciente; si el paciente es mayor de 50 años; si se está produciendo un adelgazamiento no relacionado con una dieta; si existen síntomas nocturnos o sangre con las deposiciones; si se acompaña de fiebre; si percibimos algo anormal cuando nos palpamos el abdomen; o en caso de que a esto se añadan antecedentes familiares de enfermedades intestinales.

-Otros síntomas inespecíficos fuera del aparato digestivo, como dolor de cabeza, dolores musculares o síntomas urinarios, entre otros, pueden estar presentes en porcentajes variables en estos pacientes.

-Se asocia también con mayor frecuencia al síndrome de fatiga crónica, a la fibromialgia, y dolor abdominal pélvico crónico.

-No está demostrado que el SII sea una enfermedad psicológica, si bien a menudo la persistencia de los síntomas, la percepción de su gravedad o su influencia en la calidad de vida del paciente pueden hacer que existan con frecuencia cuadros de ansiedad, depresión o hipocondría relacionados con los síntomas en muchos de estos pacientes.

Un síndrome sin causa claramente establecida

La causa del SII no está identificada, pero se cree que existen a  varios factores implicados:

  • Genéticos: mayor prevalencia en determinadas familias.
  • Ambientales: ciertos alimentos pueden influir en una mayor intensidad de los síntomas: sorbitol (edulcorante), alcohol, cafeína, chocolate, grasas, comida rápida, picante, leche, huevos, trigo o frutos secos.
  • Hipersensibilidad visceral: se ha comprobado que estos pacientes notan antes el  dolor intestinal, por ejemplo, cuando este órgano se distiende, frente a las personas que no padecen SII.
  • Mecanismos inflamatorios y posinfecciosos: a veces, el inicio del cuadro puede tener lugar después de una gastroenteritis, ya que se desencadenan mecanismos de inflamación en la pared del tubo digestivo consistentes en un aumento de presencia de sustancias que alteran el funcionamiento de las terminaciones nerviosas intestinales. Ello provocaría una alteración en los movimientos del intestino y  malestar abdominal.
  • Factores psicológicos: más del 50% de los pacientes relaciona los episodios de reagudización de los síntomas con factores estresantes.
  • Trastornos en la flora intestinal.
  • Papel de las hormonas sexuales: está demostrado el aumento de la  sensibilidad rectal durante el ciclo menstrual en las mujeres que padecen este síndrome.
  • Alteraciones de la motilidad digestiva: tránsito intestinal enlentecido o acelerado.

Una buena relación médico-paciente, clave en el tratamiento

El colon irritable no se ha conseguido relacionar con daños permanentes del intestino, ni con predisposición a enfermedades intestinales graves. El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente. Para ello, se pueden tomar medidas de diverso tipo:

  • Establecer una buena relación médico-paciente: está demostrado que con una buena relación entre el paciente y el profesional se consigue un menor número de consultas, una mayor satisfacción del paciente y una disminución de los síntomas de este trastorno.
  • Cambios en el estilo de vida: por ejemplo, practicar ejercicio de manera regular y dedicar tiempo suficiente para la defecación puede mejorar los síntomas y la calidad de vida de estos pacientes, así como seguir una dieta equilibrada, evitando ciertos alimentos desencadenantes. No obstante, las dietas muy restrictivas también pueden mermar la calidad de vida de los enfermos.
  • Tratamiento farmacológico: de acuerdo a los síntomas que presente, el paciente puede tomar distintos tipos de medicamentos, siempre indicados por un médico: antidiarreicos, fibra y laxantes (para combatir el estreñimiento), espasmolíticos (para evitar los espasmos en el intestino), antidepresivos, probióticos o algunos antibióticos.
  • Asistencia psicológica: existen distintas opciones  que pueden ayudar al paciente a sobrellevar el diagnóstico y  las molestias de la enfermedad.

Diez consejos para aliviar el colon irritable

Aunque no se pueda curar de forma definitiva, incorporar a tu vida algunos hábitos sanos y controlar el estrés puede ayudarte a aliviar los síntomas del Síndrome de Intestino Irritable (SII):

  • 1. Sigue horarios regulares en las comidas.
  • Trata de desayunar, comer y cenar siempre a la misma hora del día y tómate también tu tiempo para el descanso posterior y para ir al baño.
  • 2. No comas demasiado cada vez.
  • Intenta evitar las comidas copiosas y optar por porciones más pequeñas y frecuentes.
  • 3. Evita los alimentos que estimulen el intestino.
  • Productos como cafeína, grasas, leche, alcohol, huevos, trigo, frutos secos, sorbitol (edulcorante), podrían agravar los síntomas. Quizás en tu caso identifiques otros alimentos desencadenantes, por lo que escribir un diario de tus hábitos dietéticos te podría llevar a identificarlos mejor.
  • 4. Toma más productos con fibra.
  • Tomar fibra soluble puede producir una mejora del estreñimiento en aquellos pacientes en los que ése sea el síntoma predominante, aunque probablemente no una mejora global de los síntomas. Por eso, la recomendación general es aumentar poco a poco la cantidad de frutas, verduras y hortalizas de tu dieta, prestando siempre atención a cómo te sientan. Si es necesario, pide ayuda a un nutricionista, quien te recomendará un menú de acuerdo a tus síntomas.
  • 5. Hidrátate bien.
  • Toma al menos dos litros de líquidos al día (agua, infusiones, caldos…), para que tu organismo se mantenga hidratado.
  • 6. No fumes ni bebas alcohol.
  • Ambos hábitos pueden agravar los síntomas.
  • 7. Realiza ejercicio físico de manera regular.
  • Entre otros muchos beneficios, la actividad física y el deporte pueden contribuir a una mejor digestión.
  • 8. Controla el estrés.
  • Dada la estrecha relación entre el intestino y los nervios, trata de realizar actividades que te ayuden a gestionarlo, pero, sobre todo, intenta entender qué situaciones te lo producen. Si es necesario, busca ayuda profesional.
  • 9. Valora registrar cómo te sientes cada día.
  • La Asociación Española de Afectados de Síndrome de Intestino Irritable (AESII) recomienda llevar un diario de alimentos, ejercicios, medicación y estado de salud general, con el fin de relacionar los síntomas con los factores que los pueden producir de manera repetida, y evitarlos o reducirlos.
  • 10. Habla sobre cómo te encuentras y cómo te sientes.
  • Tanto con los médicos y los profesionales sanitarios, como con tu familia y amigos. De igual modo, compartir tus sentimientos y experiencias con otras personas afectadas puede ayudarte a sentirte mejor.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.