Pericarditis

¿Qué complicaciones puede producir la pericarditis?

11 abril, 2018

¿Qué es la pericarditis?

La pericarditis es la inflamación del pericardio, una membrana delgada y fibrosa con forma de saco que rodea el corazón y se encuentra adherida a él. Se compone de dos capas, entre las cuales hay una pequeña cantidad de líquido lubricante.

Las principales funciones del pericardio son fijar el corazón y controlar que no se mueva demasiado con los cambios de postura, reducir la fricción entre este órgano y los que lo rodean y protegerlo de infecciones u otros problemas que puedan producirse en los órganos y tejidos contiguos. Por otra parte, tiene también una función mecánica, limitando la distensión o dilatación cardíaca en determinadas circunstancias.
No obstante, el pericardio no resulta imprescindible para la vida y su extirpación tiene un efecto mínimo sobre el funcionamiento del corazón.

Cuando las dos capas que forman el pericardio están irritadas e inflamadas, pueden rozarse entre sí y producir dolor, uno de los síntomas comunes de la pericarditis. Normalmente, esta enfermedad mejora sin necesidad tratamiento específico.

¿A quién afecta?

Según datos ofrecidos por el Servicio de Cardiología del Hospital Quirón de Barcelona, entre el 2% y el 5% de la población sufre pericarditis aguda en algún momento de la vida, si bien en otras fuentes se habla de que es difícil establecer su incidencia debido a que es una enfermedad subdiagnosticada

¿Qué tipos de pericarditis hay?

En función de su duración, esta enfermedad puede presentar las siguientes variantes:

  • Pericarditis aguda: comienza de manera repentina tras el suceso desencadenante y dura de tres a cuatro semanas (habitualmente, menos de seis semanas).
  • Pericarditis subaguda o incesante: sin que llegue a remitir el episodio agudo, los síntomas persisten entre cuatro y seis semanas más, pero no se extienden más de seis meses.
  • Pericarditis crónica: los síntomas se manifiestan de manera paulatina y se prolongan más de seis meses.
  • Pericarditis recurrente: se entiende por aquella que se manifiesta de nuevo tras un período asintomático de entre 4 a 6 semanas de duración, después de un primer episodio de pericarditis aguda.

¿Cuáles son las causas de la pericarditis?

En la mayoría de los casos, la pericarditis se presenta de forma aguda (comienza en pocos días o en horas) y, característicamente, es idiopática, es decir, se desconoce su causa. Entre los factores conocidos que podrían explicar su aparición, los más frecuentes son:

  • Infección viral: la pericarditis puede estar precedida de un catarro, faringitis o cualquier otro tipo de infección, como el VIH. Es posible también que aparezca tras infecciones bacterianas, micóticas o parasitarias, aunque son menos frecuentes que las de causa viral.
  • Un ataque cardíaco grave o en el contexto de un síndrome postinfarto de miocardio.
  • Haber sufrido una cirugía cardíaca.
  • Otras enfermedades: como por ejemplo, la insuficiencia renal, hipotiroidismo, enfermedades autoinmunes (artritis reumatoide, lupus…) o inflamatorias (la enfermedad inflamatoria intestinal, por ejemplo).
  • Tomar determinados medicamentos.
  • Traumatismos torácicos: lesiones en el corazón o en el tórax, que se pueden producir en un accidente de tráfico o de otro tipo (por ejemplo, la inserción de un marcapasos).
  • Radioterapia: la pericarditis generalmente aparece un año después.
  • Sufrir cáncer (leucemia, cáncer de mama o de pulmón).

¿Cuáles son sus síntomas?

Según el tipo de pericarditis, su gravedad y velocidad de instauración, pueden darse algunos o todos de los siguientes signos y síntomas:

  • Dolor agudo e intenso en el centro o el lado izquierdo del tórax: puede irradiarse al hombro izquierdo y al cuello, así como acentuarse al toser, al inspirar profundamente, al tragar o al acostarse boca arriba o de lado. En cambio, puede disminuir al sentarse o inclinarse hacia delante. Este dolor es el síntoma más habitual en caso de pericarditis aguda, aunque también puede tratarse de una sensación de presión e irradiarse al brazo izquierdo.
  • Roce pericárdico: se trata de un ruido característico, rugoso, agudo y superficial, aunque estas características pueden ser variables dentro del mismo ciclo cardíaco o en la evolución de la enfermedad. Este roce se detecta con la auscultación del corazón y si bien no aparece siempre, cuando está presente, por sí solo puede indicar el diagnóstico de pericarditis.
  • Taquicardia, taquipnea y, con frecuencia, alteraciones en el electrocardiograma.
  • Fiebre o febrícula.
  • Sensación general de debilidad.
  • Tos seca.
  • Dolor al tragar.
  • Fatiga o dificultad para respirar principalmente al reclinarse.
  • Hinchazón en el abdomen o en las piernas.

¿Qué complicaciones puede tener la pericarditis?

Las complicaciones de la pericarditis pueden comprender:

  • Pericarditis constrictiva: se trata del engrosamiento, cicatrización y endurecimiento del pericardio, que se produce sobre todo en el caso de pericarditis crónica o de recaídas, si bien puede darse también de manera transitoria. La pérdida de elasticidad del pericardio impide al corazón funcionar de manera correcta. También puede ocurrir que las dos capas del pericardio se adhieran entre sí o al miocardio. Puede manifestarse con hinchazón intensa de las piernas -que suele comenzar por los tobillos- y del abdomen y con problemas para respirar.
  • Derrame pericárdico: es la acumulación de líquido en el pericardio, entre la membrana adherida al corazón y la que está unida a los pulmones. Ello aumenta la presión existente entre las dos capas e impide al corazón bombear la sangre correctamente. También puede producir el engrosamiento del pericardio. Su envergadura depende tanto de la cantidad de líquido acumulada como de la rapidez con que se ha acumulado, entre otros factores.
  • Taponamiento cardíaco: se produce como consecuencia de la compresión del corazón que provoca el derrame pericárdico y puede ser agudo o crónico. La presión en el corazón impide que este se llene correctamente, lo que lleva a que fluya menos sangre desde este órgano. Ello puede conducir a una afectación leve u otras muy graves que se manifiestan entre otras cosas con una caída drástica de la presión arterial, que puede resultar mortal si no se trata de inmediato. Los síntomas más habituales son problemas para respirar y, ocasionalmente, dolor en el tórax.
  • Pericarditis con afección miocárdica (miopericarditis): se trata de la inflamación conjunta del miocardio- el tejido muscular del corazón- epicárdico (se refiere a la parte externa), y de la membrana que lo envuelve, el pericardio, que al estar inflamado condiciona también una irritación en este área

¿Cómo se trata la pericarditis?

En general, el pronóstico de la pericarditis aguda es bueno y el diagnóstico temprano contribuye a reducir el riesgo de complicaciones. El tratamiento irá en función de la causa subyacente (que se desconoce en la mayoría de las ocasiones) y de los síntomas. La mayoría de los casos son leves y, por lo general, mejoran sin tratamiento específico. Su objetivo es controlar el dolor y reducir la inflamación del pericardio. Para ello, se aconsejan reposo y antiinflamatorios. En los casos más graves, el tratamiento se basa en la administración de fármacos y se suele prolongar entre dos o tres semanas. A veces, requiere ingreso hospitalario en las fases iniciales.

Como hemos dicho, los antiinflamatorios del grupo AINES (fármacos antiinflamatorios no esteroideos) son la primera opción en el caso de la pericarditis aguda y, solo si la respuesta no es suficiente, se recurre a un medicamento llamado colchicina. Si este tampoco funcionara, suele recurrirse a los corticoides, cuyo uso, sin embargo, se asocia a un mayor riesgo de recurrencia. Raramente, cuando se presentan complicaciones, es necesaria la cirugía o el drenaje pericárdico.

Aunque, según la Clínica Universidad de Navarra, un 15%-30% de los pacientes con pericarditis aguda tienen recurrencias (otro episodio igual al cabo de un tiempo), normalmente son benignas y no dejan secuelas.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.