Arritmias

Cuando el tendido eléctrico del corazón funciona mal, los latidos cardíacos se descoordinan

Normalmente, el corazón de un adulto late entre sesenta y cien veces por minuto. Sin embargo, puede producirse un tipo de anomalía conocida como arritmia cardíaca, que vuelve irregular, acelera o ralentiza este ritmo. De acuerdo con la Sociedad Española de Cardiología, las arritmias afectan a alrededor de un 15% de la población mayor de 50 años en España, y va a aumentando con la edad.

Las arritmias tienen lugar cuando se produce una alteración en el sistema eléctrico interno del corazón -denominado sistema de excitación y conducción-, que controla la frecuencia de los latidos y su ritmo cardiaco. Este se desarrolla en dos etapas. La primera se llama diástole y, en ella, el músculo cardíaco se relaja para que sus cavidades se llenen de sangre. Durante la segunda etapa, denominada sístole, el músculo se contrae y expulsa la sangre al torrente sanguíneo. Es decir, la bombea y permite que fluya por todo el organismo, y mantiene la presión arterial.

Esto es posible gracias a una pequeña zona del corazón llamada nódulo sinoauricular o sinusal, ubicada en la aurícula derecha -la cavidad superior derecha del corazón-. Con cada latido, este grupo de células emite una señal eléctrica que se desplaza por diferentes rutas a través del corazón, de la parte superior a la inferior. De esta manera, cuando todo va bien, esta señal indica a cada zona del órgano cuándo contraerse, como si se tratara de una especie de marcapasos natural. Por ejemplo, cuando estamos nerviosos, practicando deporte o sintiendo emociones, acelera nuestro ritmo cardiaco, mientras que, si estamos durmiendo, lo reduce.

Pero, a veces, surgen problemas y las señales son anómalas (trastornos de la formación del impulso eléctrico) o se desorganizan (trastornos de la conducción del impulso) o pueden darse ambas circunstancias a la vez. Por ejemplo, pueden retrasarse, bloquearse, generarse con frecuencia excesiva o en un lugar erróneo, o viajar por rutas distintas a las que les correspondería, y todo ello produce alteraciones en el ritmo cardíaco. Por eso, podría decirse que muchas de las arritmias son una especie de cortocircuito que sufre el tendido eléctrico que rige el funcionamiento del corazón.

Causas diversas y, a veces, desconocidas

Algunas de las causas de las arritmias pueden encontrarse directamente en el corazón, y ser congénitas -de nacimiento- o adquiridas. Es decir, pueden provocarlas un ataque al corazón, la enfermedad coronaria o la insuficiencia cardíaca, por ejemplo.

Otras causas, sin embargo, pueden encontrarse fuera de este órgano (extracardíacas), como infecciones o enfermedades como la hipertensión, el hipotiroidismo o el hipertiroidismo.

También pueden producir arritmias otras circunstancias extracardíacas, como el consumo excesivo de sustancias como el alcohol, la cafeína, drogas estimulantes -cocaína, anfetaminas…- y el tabaco -debido a su contenido en cafeína-, así como el uso de algunos medicamentos y plantas medicinales. Igualmente, el estrés y las emociones intensas pueden desencadenarlas.

Por último, en algunos casos no se detecta una enfermedad o factor desencadenante aparente.

No sólo taquicardias y bradicardias

Las arritmias pueden ser de varios tipos y ser clasificadas de diversas formas.

Si se originan en las aurículas o en el nodo auriculoventricular, se llaman supraventriculares, mientras que se denominan ventriculares si tienen lugar en los ventrículos.
Si, en cambio, atendemos a la frecuencia de los latidos, podemos hablar de taquiarritmias, cuando estos se aceleran –si llegan a más de cien latidos por minuto es taquicardia- y de bradiarritmias cuando se ralentizan –si son menos de sesenta por minuto, es bradicardia-.

Además, las arritmias pueden presentarse de diversas formas: si se producen en momentos puntuales, se les llama paroxísticas, y si son permanentes, se denominan crónicas.

Los latidos anormales pueden presentarse de forma errática, sin seguir un patrón regular, o bien con una cadencia a intervalos predecibles.
En cuanto a su gravedad, muchas de ellas pueden ser inofensivas, como un tipo de arritmia conocida como extrasístoles, que consiste en latidos que se adelantan, algo que experimentamos la mayoría de las personas en algún momento de nuestra vida y que, normalmente, son asintomáticos y pasan desapercibidos. En cambio, otras arritmias a veces pueden provocar daños graves e, incluso, llegar a poner en peligro la vida.

Palidez, pérdida de conocimiento, sudor…

En cuanto a síntomas, las arritmias suelen manifestarse con palpitaciones -los latidos se perciben como demasiado fuertes, irregulares o veloces, como si el corazón aleteara o vibrara- y síncopes, que son pérdidas de conocimiento a consecuencia de que el flujo sanguíneo al cerebro queda mermado.

Otros posibles síntomas de las arritmias provocados por la falta de riego sanguíneo son palidez, mareo, dolor en el pecho, debilidad, aturdimiento, sudor, sensación de falta de aire y ansiedad. Si se padecen de forma habitual estos síntomas, sería recomendable acudir a una revisión médica que realice al paciente los estudios pertinentes para confirmar o descartar una arritmia.

En el caso concreto de un tipo de taquiarritmia que se llama fibrilación auricular – el tipo más frecuente de arritmia-, las aurículas, que son las dos pequeñas cámaras superiores del corazón, vibran en vez de contraerse rítmica y enérgicamente, como si fueran un tazón de gelatina. Al no producir el vaciado de la sangre adecuado, pueden originarse pequeños coágulos (trombos) con consecuencias tan serias como embolias. El fallo en el bombeo adecuado de sangre puede originar también insuficiencia cardiaca, mala irrigación sanguínea, falta de aire crónica…

Por otro lado, algunas personas que padecen arritmias no tienen síntomas y estas suelen ser detectadas por el profesional sanitario en un examen de rutina que incluya un electrocardiograma.

Medicamentos, procedimientos médicos o cirugía para tratarlas

A veces, las arritmias solo pueden detectarse cuando se realizan las pruebas diagnósticas. Estas resultan fundamentales para establecer de qué tipo se trata y, en función de ello, elegir uno u otro tratamiento. Si son arritmias benignas y no presentan síntomas, puede ser suficiente con seguir un estilo de vida saludable, cuidando la alimentación, practicando ejercicio físico regular, dejando de fumar y moderando el consumo de alcohol y sustancias estimulantes como la cafeína.

Para tratar las taquicardias, puede recurrirse a los fármacos y, si estos no son efectivos, a diferentes procedimientos médicos. Uno de ellos son las maniobras vagales, una serie de movimientos que afectan al sistema nervioso y permiten reducir la velocidad de los latidos, pero no son efectivas en todos los casos.

En otras ocasiones, puede estar indicado tratar las taquicardias con otros procedimientos. En el caso de padecer fibrilación auricular, se puede usar la cardioversión, un procedimiento médico que administra corriente eléctrica al corazón por medio de unas paletas o parches. También, en otras taquiarritmias, es posible implantar bajo la piel un desfibrilador cardioversor, un pequeño dispositivo que controla las arritmias más graves precursoras de muerte súbita con pulsos o descargas eléctricas para revertirlas.

Así mismo, puede recurrirse a la ablación con catéter, que consiste en la inserción de un tubo flexible y delgado en un vaso sanguíneo del brazo, ingle o cuello, cuyo extremo se guía hasta el corazón. Posteriormente, una máquina envía energía hasta los electrodos ubicados en su punta y elimina el área de tejido cardiaco que origina la arritmia.

En el caso de las bradicardias, suele ser necesario implantar un marcapasos. Este es un pequeño dispositivo que se pone bajo la piel del pecho o del abdomen y que controla el ritmo cardiaco, gracias a unos sensores que detectan la actividad eléctrica del corazón. Cuando esta es anormal, envía impulsos eléctricos para que el ritmo cardiaco vuelva a la normalidad.

En ocasiones, debe recurrirse a la cirugía. Por ejemplo, puede ser necesario reparar una válvula del corazón o, si la arritmia se debe a una enfermedad coronaria, realizar un bypass, una técnica quirúrgica que mejora el flujo de sangre hasta el músculo cardiaco.
En cualquier caso, la mayoría de las arritmias, incluso los tipos más graves, pueden tratarse con éxito y la persona puede llegar a hacer una vida normal. En los casos leves e inofensivos a menudo no necesitan tratamiento.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.