Cáncer de mama

¿Cómo se puede detectar el cáncer de mama?

15 octubre, 2018

¿Qué es el cáncer de mama?

El cáncer de mama es un tipo de tumor maligno que se inicia en la glándula mamaria, como consecuencia de la proliferación incontrolada y acelerada de las células, que aumentan enormemente su capacidad de reproducirse y se tornan cancerosas. Esta multiplicación da lugar a la formación de una masa o tejido, cuyas células pueden llegar a diseminarse a otras partes del cuerpo a través de la sangre o los vasos linfáticos, adherirse a otros tejidos y formar una metástasis, que es la reproducción o extensión del cáncer por otras partes del cuerpo.

Al igual que el resto de tipos de cáncer, el carcinoma en la mama puede detectarse en etapas iniciales (estadio I) o cuando ya ha se ha extendido y producido metástasis (estadio IV). El pronóstico empeora conforme avanza el estadio, por lo cual, es fundamental realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad.

¿A quién afecta este tipo de tumor?

El cáncer de mama puede afectar tanto a mujeres como a hombres, pero, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, el 99% de los casos se produce en mujeres. Este tipo de cáncer es, de hecho, el más común entre las mujeres de todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), representa el 16% de todos los cánceres femeninos.

En España, de acuerdo con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), se diagnostican alrededor de 26.000 nuevos cánceres de mama al año y una de cada ocho mujeres lo padecerá a lo largo de su vida.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

A día de hoy, no se conocen las causas del cáncer de mama, aunque sí diversos factores de riesgo que aumentan las probabilidades de padecerlo:

  • La edad: entre los 50 y 65 años, la incidencia es mayor, según la AECC.
  • Tener antecedentes familiares directos de cáncer de mama: es decir, que haya sufrido la enfermedad la madre, una hermana o una hija incrementa el riesgo; o si hay afectados más de tres familiares, y el cáncer (de mama u ovario) ha aparecido en edades jóvenes, antes de los 50 años.
  • Tener antecedentes personales de cáncer de mama: haber sufrido ya un tumor de este tipo.
  • Sufrir alteraciones en la mama: algunas enfermedades benignas causadas por la alteración de las células mamarias, que causan su proliferación y un aspecto anormal de estas, aumentan el riesgo.
    Haber permanecido expuesta al estrógeno (hormonas femeninas segregadas de forma natural) durante mucho tiempo: por ejemplo, por haber tenido la primera regla antes de los 12 años (menarquia precoz) o la menopausia después de los 55; no haber estado nunca embarazada o haber tenido el primer hijo después de los 30 años; haber tenido la menopausia después de los 55 años.
    Haber recibido aportes externos de estas hormonas: por ejemplo, haber usado durante la menopausia la terapia hormonal sustitutiva. Se desconoce si tomar o haber tomado píldoras anticonceptivas orales durante más de ocho años aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama, aunque en un periodo menor no parece que lo incremente. Según otras fuentes, las mujeres que hayan dejado de utilizar anticonceptivos orales durante más de 10 años no parecen presentar más riesgo.
  • Mutaciones heredadas en determinados genes: según la AECC, se cree que entre el 5% y el 10% de los cánceres de mama son hereditarios, provocados por genes anormales que se transmiten de padres a hijos. En concreto, se asocia un riesgo mayor de cáncer de mama a los genes BRCA1 y BRCA2. El estudio genético para determinar la presencia de estos genes está solo recomendado cuando existen antecedentes de cáncer de mama en tres o más familiares directos, especialmente cuando han padecido la enfermedad en la juventud.
  • Haber recibido radioterapia en la mama o el pecho: durante la infancia o fundamentalmente en la adolescencia (etapa del desarrollo de las mamas) por algún otro tipo de tumor.
  • Llevar un estilo de vida no saludable: por ejemplo, padecer sobrepeso u obesidad -sobre todo después de la menopausia-, el sedentarismo, seguir una dieta rica en grasas animales y pobre en fibra y el consumo excesivo de alcohol.

¿Qué tipos de tumor en la mama existen?

Según su origen celular (el tipo de células a partir de las que se desarrolla el tumor), los tipos de cáncer de mama más frecuentes son:

  • Carcinoma lobulillar: se desarrolla en los lobulillos de la mama, que son unas diminutas estructuras que contienen las glándulas productoras de leche materna.
  • Carcinoma ductal: comienza en las células que recubren por dentro los conductos que transportan la leche desde los lóbulos al pezón. Constituyen la mayoría de casos de cáncer de mama.

Tanto en estos como el resto de tipos de tumores, la clasificación teniendo en cuenta su extensión, tamaño y afectación, comprende:

  • Estadío 0 (no invasivo): cuando las células malignas no se infiltran en el tejido circundante y no se extienden más allá de los conductos o los lobulillos, se denomina tumor “in situ”. Cabe destacar que el carcinoma lobulillar in situ rara vez se transforma en un cáncer invasor y es una lesión que habitualmente no se considera un cáncer, aunque sí un factor de riesgo para desarrollar cáncer de mama en esa misma mama afectada o en la otra.
  • Estadio I al IV: cuando las células malignas sí han invadido el tejido que las rodea, se denomina tumor infiltrante o invasivo. Este último tipo es el caso del 90% de los tumores de mama que se detectan.

¿Ante qué señales debo estar alerta?

Existen diversos signos y síntomas a los que cualquier mujer debe estar atenta. Los más habituales son:

  • Un nódulo o bulto palpable en la mama, que normalmente no provoca dolor. Es el síntoma más habitual.
  • La retracción del pezón.
  • Alteraciones en la piel de los senos: irritación, enrojecimiento, hundimiento o la conocida como “piel de naranja”.
  • Secreción del líquido del pezón: sobre todo, si se trata de sangre o se da solo en una mama. Existen otros procesos patológicos de carácter benigno que pueden producir secreciones, que en cualquier caso requieren la correspondiente valoración del profesional. Por supuesto, es normal la secreción de leche materna en la lactancia.
  • Cambios en la forma o tamaño de las mamas o movilidad asimétrica de estas al elevar los brazos.
  • Dolor en cualquier parte del seno: aunque, generalmente, este no es un síntoma característico en una fase inicial del cáncer de mama, si se produce, hay que consultarlo con el médico.

¿Cómo se detecta y diagnóstica el cáncer de mama?

La detección y el diagnóstico precoz son cruciales para un buen pronóstico en el cáncer de mama. Por este motivo, incluso sin que se presenten síntomas, es conveniente que la mujer se realice con regularidad una autoexploración mamaria. Es decir, que se examine a sí misma los senos mediante palpación en busca de bultos o cambios anormales.

Además, en las revisiones ginecológicas anuales, el especialista realizará también un examen de las mamas y las axilas. Si este llega a observar alguna anomalía o alteración palpable, puede ser necesario realizar varias pruebas de imagen como mamografía, ecografía de las mamas y axilas y, en algunos casos, resonancia magnética.

Si se sospecha la existencia del cáncer, será necesario llevar a cabo una biopsia. Es decir, tomar una muestra de tejido para analizarlo. Esta pueda realizarse con una aguja fina (PAAF) o con aguja gruesa (BAG), para obtener una mayor muestra de tejido. También se practica la biopsia quirúrgica (extirpación del tejido o nódulo sospechoso en el quirófano) pero con menos frecuencia que antes de la aparición de la punción con aguja gruesa, técnica más sencilla.

¿Cómo se trata el cáncer de mama?

Como apunta la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), la supervivencia por cáncer de mama ha mejorado notablemente en los últimos veinte años: en la actualidad, se sitúa de manera global en el 82,8% a los cinco años del diagnóstico, porcentaje que aumenta un 1,4% anualmente.

El tratamiento adecuado para cada mujer depende de factores muy diversos -como su edad, el tipo de cáncer, el estadio en que se encuentra…- y puede combinar varias de las siguientes opciones:

  • Cirugía: puede realizarse con conservación del seno (tumorrectomía, cuadrantectomía, mastectomía parcial o mastectomía segmentaria) o ser una mastectomía, en la que se extirpa todo el seno. Esta última puede ser doble.
  • Quimioterapia: consiste en la administración de medicamentos, habitualmente por vía intravenosa, para destruir las células cancerosas. Puede realizarse antes de la cirugía para reducir el tamaño del tumor (neoadyuvante), después (adyuvante) o como tratamiento paliativo en los casos del cáncer avanzado. Sus efectos secundarios pueden ser numerosos, aunque no todos los pacientes los sufren, ni en igual medida.
  • Radioterapia: habitualmente, consiste en la aplicación externa de rayos o partículas de alta energía en la mama, la pared del tórax o en las cadenas de ganglios de la axila, si estos han dado positivo. Es un tratamiento que complementa a la cirugía y su objetivo es destruir posibles células cancerosas que hayan podido quedar tras la operación. A veces, se complementa esta radioterapia externa con radioterapia interna (braquiterapia), introduciéndose material radiactivo, en forma de hilo, donde se asentaba el tumor.
  • Terapia hormonal: alrededor de dos de cada tres cánceres de mama son receptores de hormonas positivos (hormonodependientes). Esto significa que sus células poseen un tipo de proteínas que se unen al estrógeno y/o la progesterona, las hormonas sexuales femeninas, para “avanzar” o desarrollarse. En consecuencia, este tipo de tratamientos funcionan de dos formas diferentes: disminuyen los niveles de estrógeno para que el cáncer no crezca ni se produzcan recaídas; o bien bloquean la acción del estrógeno en las células cancerosas con el mismo objetivo. Se administran fármacos en función del tipo de tumor y teniendo en cuenta el momento vital de la mujer.
  • Terapia dirigida (biológica): en, aproximadamente, uno de cada cinco casos de carcinoma se encuentra aumentada una proteína llamada HER2. Este tipo de cáncer suele ser de rápido crecimiento y más agresivo, pero, en la actualidad, se administra un tipo de fármaco -un anticuerpo monoclonal- que actúa de manera específica sobre las células del tumor que reproducen la proteína HER2 en exceso, sin afectar a las sanas.

Dudas frecuentes sobre el cáncer de mama

  • 1. ¿Cómo puedo prevenirlo?
  • La mayor parte de factores de riesgo del cáncer de mama no pueden controlarse, pero otros, como el sedentarismo, la alimentación o la obesidad, sí son modulables. Por este motivo, procura llevar un estilo de vida saludable, seguir una dieta equilibrada -rica en frutas y verduras, cereales integrales y alimentos con bajo contenido en grasas animales-, realizar ejercicio de manera regular y moderar el consumo de alcohol.
  • 2. ¿Cuándo debo empezar a hacerme mamografías?
  • Se recomienda la realización de una mamografía de cribado de ambas mamas habitualmente una vez cada dos años a partir de los 40 años. Antes de esa edad, solo es necesario llevarlas a cabo en casos de alto riesgo (mujeres con antecedentes familiares directos que padecieron la enfermedad jóvenes o portadoras de alteraciones genéticas), con valoración y estudio por el profesional.
  • 3. Me han diagnosticado un tumor en la mama y voy a recibir quimioterapia, ¿qué efectos secundarios sufriré?
  • Los efectos secundarios dependen del tipo de medicamento administrado y difieren en cada persona. Los más comunes son el cansancio, la caída del cabello (aproximadamente, se produce a las tres semanas de la primera sesión), náuseas, vómitos, diarrea, mucositis (llagas en la boca), alteraciones en la composición de la sangre y aumento o pérdida de peso. Tanto este último efecto como la pérdida del cabello pueden, además, deteriorar la autoestima de la mujer.
  • 4. ¿He de interrumpir el embarazo si me diagnostican cáncer de mama?
  • Si es necesario administrar quimioterapia o radioterapia, que pueden dañar al bebé, se debe valorar la interrupción, pero depende de múltiples factores. Además, la interrupción del embarazo no mejora el pronóstico de la madre, aunque sí puede hacer el tratamiento más sencillo.
  • 5. ¿Puedo tener hijos después del cáncer de mama?
  • La quimioterapia, la radioterapia y el tratamiento hormonal pueden reducir la fertilidad o producir esterilidad. Hoy en día existen técnicas para preservar la fertilidad como la congelación de óvulos, aunque, antes de su aplicación, se deben valorar factores como la edad de la madre y el riesgo de recaída.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.