Alergia a los frutos secos

¿Qué es la alergia a los frutos secos?

Nueces, cacahuetes, almendras, pistachos, anacardos, semillas de girasol o de calabaza, pistachos, avellanas, semillas de sésamo… A todos los llamamos frutos secos, porque los consumimos desecados, pero, en realidad, provienen de especies vegetales muy diferentes. Lo que sí tienen en común estos alimentos son un grupo de proteínas que son capaces de actuar como alérgenos y desencadenar en el organismo una reacción inmunológica de hipersensibilidad. Es decir, los frutos secos contienen ciertas proteínas que pueden provocar alergia a las personas especialmente sensibles a ellas cuando ingieren el fruto seco que las contiene.

¿A quién afecta?

La alergia a los frutos secos es una de las más frecuentes también en nuestro país. Según la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA), afecta al 1% de la población. No es tan frecuente en los lactantes como la alergia a la leche de vaca o al huevo, pero sí es una de las alergias alimentarias más comunes en España a partir de los 3 o 4 años, según la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP).

Además, de acuerdo al estudio Pronuts -presentado en el congreso de 2018 de la SEICAP-, las nueces son los frutos secos a los que con mayor frecuencia son alérgicos los niños españoles. No obstante, la prevalencia varía dependiendo de la edad y la zona geográfica. Normalmente, suele haber reactividad cruzada con otros frutos secos. Esto quiere decir que, si, por ejemplo, se padece alergia a la nuez, es posible que se tenga también a las almendras e, incluso, al resto de frutos secos. También puede ocurrir que, si se sufre alergia a estos, se tenga además a los pólenes y/o el látex, que pueden compartir sustancias con capacidad alergénica.

Síntomas de la alergia a los frutos secos

Cuando la persona que sufre este tipo de alergia come un fruto seco o un alimento que los contenga, su cuerpo comienza a liberar sustancias químicas como la histamina. Esta puede provocar síntomas como, por ejemplo:

  • Picor en la boca.
  • Inflamación de labios.
  • Sensación de opresión en la garganta.
  • Hinchazón, picor y lagrimeo en los ojos.
  • Rinitis.
  • Urticaria y habones por el cuerpo.
  • Dificultades para respirar y/o respiración sibilante (con «pitos»).
  • Tos o estornudos.
  • Síntomas digestivos como diarrea, vómitos o dolor de estómago.

Estos síntomas pueden aparecer en el momento en que se ingieren los frutos secos o hasta dos horas después y, como en otros tipos de alergia, pueden diferir de una persona a otra o cambiar según la circunstancia.

En el peor de los casos, puede producirse un cuadro de anafilaxia, que es una reacción alérgica generalizada que afecta a dos o más sistemas del organismo y cuyos síntomas varían de un paciente a otro, y suelen ser de carácter súbito y pueden causar la muerte. Por su parte, se denomina shock anafiláctico cuando además ocurre una afectación del sistema cardiovascular con bajada de la tensión arterial.

Una dieta sin frutos secos

Dado que, generalmente, la alergia a los frutos secos no desaparece con la edad y, por el momento, no existe tratamiento ni medicamento específico para tratarla, es conveniente eliminar de la dieta el fruto o los frutos secos que produzcan la reacción alérgica. Si no se ha identificado con certeza la especie que provoca la reacción, es mejor evitarlos todos.

Además, también es necesario excluir los alimentos que incluyan entre sus ingredientes frutos secos o puedan contener trazas. Como identificarlos no es una labor sencilla, es necesario leer con atención las etiquetas de los alimentos, especialmente los de galletas, cereales, repostería, pasta, helados, chocolates, salsas, turrones, papillas, etc.

Hemos de tener en cuenta, además, que algunos frutos secos se llaman de manera diferente en otros países. Por ejemplo, el cacahuete es conocido también como maní. Por tanto, una revisión exhaustiva de las etiquetas es fundamental para las personas alérgicas a estos alimentos.

Consejos para las personas alérgicas a los frutos secos

Quienes sufren alergia a los frutos secos deben seguir las siguientes precauciones en su día a día:

  • 1. Lee con atención las etiquetas de los envases.
  • Fíjate tanto en los ingredientes como en las leyendas que advierten sobre la posible presencia de trazas de frutos secos o sobre el proceso de fabricación. Por ejemplo, algunos alimentos no contienen cacahuetes ni frutos secos, pero se han fabricado en las mismas instalaciones que otros productos que sí los tienen, por lo que puede haber contaminación cruzada.
  • 2. Evita los aceites de frutos secos.
  • Aunque los aceites están compuestos casi en su totalidad por lípidos, que no causan alergia, aceites como el de girasol pueden contener trazas de proteínas, que sí pueden ser agentes alérgenos, por lo que es mejor recurrir a otros tipos, como el de oliva. Tampoco uses cosméticos o productos de higiene personal que los contengan ni tomes mantequilla o cremas de cacahuete o de otros frutos secos.
  • 3. Informa a los camareros cuando comas fuera.
  • Pide que te confirmen si el plato que deseas pedir contiene o no frutos secos y que extremen las precauciones en la cocina para evitar contaminaciones cruzadas.
    Ten un plan de emergencia. Tu alergólogo puede prescribirte un autoinyector de adrenalina para que lo lleves encima. Aprende a usarlo para ser capaz de reaccionar con rapidez en caso de una ingestión accidental que se torne grave. También es conveniente que te acostumbres a llevar contigo un antihistamínico para las reacciones más leves. Tu médico te indicará además sobre la conveniencia de llevar otros fármacos, como los corticoides, para las reacciones moderadas o graves y las pautas precisas de actuación en cada caso.
  • 4. Identifica a tu hijo alérgico.
  • Ponle un colgante, pulsera, chapa identificativa o lo que te resulte más práctico, en donde se indique a qué frutos secos tiene alergia. Existen también pulseras con un código QR que, al leerse con el móvil, suministrará toda la información sobre la alergia de tu hijo o hija.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.

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