Uso responsable de antibióticos

El antibiótico no baja la fiebre ni reduce la tos

20 febrero, 2015

¿Qué son los antibióticos?

Los antibióticos son medicamentos utilizados para combatir infecciones en personas o animales. Estos fármacos actúan de dos formas: destruyen las bacterias, o bien impiden su crecimiento. Un antibiótico es eficaz específicamente contra un único tipo de bacteria o contra varias bacterias.

El primer antibiótico, la penicilina, fue descubierto por Alexander Fleming en 1928. Su uso a partir de la década de los cuarenta revolucionó la atención médica y redujo de manera drástica la mortalidad causada por enfermedades infecciosas. Actualmente existen más de quince grupos distintos de antibióticos, que se diferencian por su estructura química y por las infecciones y bacterias sobre las que actúan.

¿Cuántos antibióticos se consumen en España y en Europa?

España es uno de los países desarrollados del mundo con mayor consumo de antibióticos, según el ‘Documento de Consenso sobre la utilización de Antibióticos en Atención Primaria’, publicado por representativas instituciones sanitarias de nuestro país. Es, tras Francia, el segundo país de Europa que más antibióticos consume por habitante, siendo los más usados los antibióticos de amplio espectro, es decir, los que se emplean para diferentes bacterias.

Según el Ministerio de Sanidad, el 90% del consumo de antibióticos en España se realiza fuera de los hospitales, y la mayoría de ellos (85%) se destina a tratar infecciones respiratorias –que tienen origen vírico y no requieren ni responden a su acción- en los meses de noviembre a febrero, la época en la que más se da este tipo de dolencias entre la población.

De acuerdo a un reciente estudio europeo, a pesar de que estos fármacos precisan receta médica, España es uno de los países con mayor grado de automedicación con antibióticos y de acopio de ellos en el hogar. Según datos del Ministerio de Sanidad, alrededor del 30% de los antibióticos utilizados por los españoles se estarían obteniendo sin receta –práctica prohibida por ley- o de restos de tratamientos antibióticos previos -práctica desaconsejada-. Es decir, se consumen sin que un médico lo haya indicado.

Uno de los factores que más influye en este fenómeno es que, en ocasiones, el propio paciente o familiar presiona al médico para que le prescriba antibióticos. Así, hasta un 36% de las prescripciones de antibióticos realizadas en Atención Primaria se consideran inadecuadas. Mención aparte merece el caso de las infecciones respiratorias en niños, ya que precisamente es en el colectivo de menores de cinco años donde más se produce una exposición a antibióticos innecesaria, porque la mayoría de las infecciones respiratorias en este grupo de edad son fundamentalmente víricas.

¿Por qué es importante hacer un uso adecuado de los antibióticos?

En la actualidad, los antibióticos están perdiendo eficacia a un ritmo alarmante, debido a que el uso inadecuado y excesivo de estos medicamentos provoca que las bacterias se vuelvan resistentes a ellos: las cepas sensibles son destruidas cuando se exponen a los antibióticos, pero las resistentes siguen creciendo y multiplicándose, e incluso pueden diseminarse y causar infecciones a otras personas que no hayan tomado ningún antibiótico.

Es decir, la bacteria se hace insensible al tratamiento, independientemente de que el paciente haya tomado en algún momento estos antibióticos. Por tanto, consumir estos medicamentos incorrectamente representa un riesgo para la salud del enfermo, y también para la población en general, pues dificulta el tratamiento de las infecciones bacterianas -que no responden al tratamiento-, al tiempo que aumenta el riesgo de contagio y de aparición de complicaciones.

Aunque la resistencia a antibióticos puede darse de manera natural, pues la bacteria trata de sobrevivir al efecto del antibiótico modificando su material genético mediante mutaciones, el consumo excesivo de antibióticos acelera la aparición y propagación de bacterias resistentes. Y, como la velocidad de aparición de resistencias es mayor que la de nuevos antibióticos, puede suceder que un día no se disponga de ningún fármaco de este tipo para tratar determinadas infecciones.

Así mismo, las infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos tardan más en diagnosticarse, lo que origina un retraso en el tratamiento antibiótico adecuado y genera un aumento de la gravedad, mayor duración de la estancia hospitalaria y más riesgo de muerte. A  día de hoy, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) calcula que la resistencia a los antibióticos provoca cada año 25.000 muertes. Además, cifra la asistencia sanitaria derivada de esta resistencia en más de 1.500 millones de euros.

Por todo ello, y con el objetivo de potenciar la investigación de nuevos antibióticos, la OMS ha publicado su primera lista de “patógenos prioritarios” resistentes a los antibióticos, que incluye las 12 familias de bacterias más peligrosas para la salud humana y que han adquirido resistencia a un elevado número de antibióticos. Y es que son muchas las autoridades sanitarias que advierten de que si el mal uso de los antibióticos no cesa, es posible que lleguemos a una situación peor que en la época previa a la aparición de la penicilina. De hecho, la resistencia a antibióticos es considerada por las Naciones Unidas como “la mayor amenaza para la medicina moderna”.

¿Cómo ha aumentado la resistencia de las bacterias en España?

De acuerdo a la guía editada por el Ministerio de Sanidad dentro de la ‘Campaña para el Uso Responsable de Antibióticos’, España muestra registros muy desfavorables de resistencia en relación con el resto de Europa y otros países como Estados Unidos o Canadá, especialmente en el caso de patógenos bacterianos de ámbito extrahospitalario (los que se adquieren fuera del hospital).

Por ejemplo, según el European Antimicrobial Resistance Surveillance System (EARSS), en España, la bacteria E. coli ha aumentado la resistencia a un antibiótico llamado ciprofloxacino del 17,2% en 2001 al 29,2% en 2005, lo que la convierte en una de las más elevadas en Europa. Por otra parte, el 30% de las cepas del Streptococo pneumoniae, responsable de la aparición de neumonías, son resistentes a la penicilina en nuestro país.

Pero esto no sucede tan sólo en nuestro país. También el resto de Europa, las tasas de resistencia a los antibióticos se han multiplicado por más de dos en los últimos cinco años. Y este aumento amenaza la eficacia de los antibióticos ahora y en el futuro. Tanto es así, que el número de infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos es cada vez mayor, al tiempo que las perspectivas de contar con nuevos antibióticos o disponer de tratamientos eficaces en el futuro son desalentadoras.

¿En qué situaciones está desaconsejado el uso de antibióticos?

Ante una infección, la primera actitud que debe de tener una persona es acudir a su médico de cabecera para que establezca qué tipo de enfermedad padece, si está producida por bacterias, hongos, parásitos o virus. Únicamente los médicos y los odontólogos son las personas autorizadas en España para prescribir antibióticos.

Las infecciones respiratorias habitualmente están producidas por virus y son la causa más frecuente de un uso inadecuado de antibióticos. De ellas, las más comunes, sobre todo en invierno, son los catarros, gripes o resfriados. Pero también hay casos de otitis, faringitis… que no necesitan ser tratados con antibióticos, porque la mayoría de ellos son producidos por otras causas.

Es muy importante saber que el antibiótico no baja la fiebre, no reduce la tos, ni la mucosidad, ni los estornudos, y no ayuda a recuperarse de una infección causada por virus, ni tampoco impide que los virus se diseminen a otras personas. Los antibióticos sólo atacan a bacterias y únicamente son eficaces para combatir las infecciones bacterianas. De hecho, cuando se emplean por razones equivocadas, por ejemplo, para combatir un resfriado o la gripe, no son beneficiosos. En este sentido, la OMS recomienda la utilización de antibióticos únicamente en caso de tratamiento de enfermedades infecciosas, y siempre y cuando no exista la opción de usar otro medicamento.

Así mismo, cuando no se siguen las instrucciones del médico sobre cuánto tiempo y cada cuánto hay que tomar el antibiótico (por ejemplo, si acortamos la duración del tratamiento, si no tomamos la dosis en los momentos correctos o si tomamos una dosis menor a la necesaria), las bacterias pueden adquirir resistencia a los antibióticos, porque es como si les “enseñáramos” el antibiótico al que se tienen que hacer resistentes. Estas bacterias resistentes pueden quedarse en el organismo y también transmitirse a otras personas.

De esta forma, todas estas malas prácticas exponen a la persona y a otras al riesgo de no responder a los antibióticos cuando los necesite de verdad.

¿Qué consecuencias tiene para nuestra salud el mal uso de los antibióticos?

Como hemos comentado, tratar un proceso vírico respiratorio con un antibiótico carece de utilidad: además de crear bacterias súperresistentes, somete al paciente a riesgos innecesarios como la aparición de reacciones alérgicas.

Por otro lado, el uso de antibióticos por sí mismo, esté bien indicado o no, produce alteraciones en la flora intestinal, bucal, vaginal… que tienen consecuencias para el bienestar de la persona que van más allá de una simple diarrea.

Y es que los antibióticos usados para tratar enfermedades concretas también afectan a determinados tipos de bacterias beneficiosas para el organismo, y favorecen el crecimiento de otras levaduras y hongos presentes en nuestro cuerpo en condiciones normales. Si se produce un aumento desproporcionado de esos microorganismos o un desequilibrio entre ellos, se pueden llegar a producir infecciones más graves. Por ejemplo, la destrucción de la flora intestinal puede originar infecciones por hongos en la boca, esófago, vagina… De hecho, estudios recientes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CESIC), indican que después del tratamiento antibiótico, la microbiota intestinal presenta una menor capacidad para asimilar hierro y digerir ciertos alimentos. Aunque alguno de estos cambios puede revertir al acabar el tratamiento con estos medicamentos, otros parecen irreversibles.

Por esta razón, los antibióticos deben ser tomados tan sólo cuando sean necesarios y eficaces, para evitar exponernos innecesariamente a estos riesgos.

¿Cuándo y cómo hay que tomar antibióticos?

Sólo debemos tomar antibióticos cuando el médico nos lo indique, que será en aquellas ocasiones en las que la dolencia esté ocasionada por bacterias que pueden combatirse con este tipo de medicamentos.

En ese caso, se deben seguir al pie de la letra todas sus instrucciones en lo que a dosis y duración del tratamiento se refiere, pues es más probable que la resistencia de las bacterias aumente si los antibióticos se toman de forma intermitente o en dosis más bajas de las prescritas.

Para consumirlos de manera prudente y adecuada, deben seguirse siempre las pautas, desglosadas en el apartado de Cinfaconsejos.

10 reglas de oro para consumir antibióticos de manera responsable

  • 1. Nunca te automediques con antibióticos.
  • Puedes estar cometiendo el error de consumir medicamentos totalmente ineficaces para combatir tu infección y, por tanto, estar contribuyendo al aumento de la resistencia de las bacterias patógenas. Expones, además, a tu organismo a reacciones alérgicas o efectos secundarios adversos sin necesidad.
  • 2. No solicites antibióticos al farmacéutico sin que el médico te los haya indicado.
  • No debemos presionar al profesional sanitario para que nos dispense estos medicamentos cuando acudimos sin receta a la farmacia, dado que está prohibido por ley. Tampoco exijas al médico que te los prescriba si no los considera necesarios: él, mejor que nadie, sabe cuándo está indicado su uso y cuándo no.
  • 3. Tampoco para tus hijos.
  • Si el niño muestra síntomas de alguna infección, acude a su pediatra, quien te indicará si es necesario administrarle o no un antibiótico. Hacerlo sin que sea necesario puede ser dañino para la salud de tu hijo y hacer más difícil su curación cuando adquiera una infección que de verdad requiera antibióticos.
  • 4. Paciencia y cuidados.
  • Si contraes un resfriado o una gripe y el médico te dice que no necesitas antibióticos, cuídate para recuperarte. Descansar y armarse de paciencia es muchas veces el mejor remedio para los enfriamientos y catarros. Si los síntomas no mejoran o empeoran en el plazo indicado por el especialista, vuelve a la consulta para que te examine de nuevo.
  • 5. Sigue fielmente las instrucciones del médico.
  • Debes respetar y cumplir todas sus pautas, tanto en lo referente a la dosis que debes tomar, como el horario o la duración del tratamiento. Favorecemos las resistencias de las bacterias a los antibióticos cuando estos se toman en dosis incorrectas o de forma irregular.
  • 6. Organízate para cumplir el horario al pie de la letra.
  • Antes de empezar el tratamiento, piensa en qué horario te resulta más fácil para respetar la frecuencia de toma indicada por tu médico. Intenta tomarlo siempre a la misma hora.
  • 7. Completa el tratamiento hasta el final.
  • No lo interrumpas; los síntomas desaparecerán pronto, pero eso no quiere decir que la infección esté resuelta. Debes completar el tratamiento prescrito, de lo contrario, la infección puede reaparecer y el antibiótico dejar de ser efectivo.
  • 8. No guardes los antibióticos que te sobren después del tratamiento.
  • En su lugar, pregunta a tu farmacéutico cómo deshacerte de ellos de manera adecuada.
  • 9. Siempre que sea posible, vacúnate.
  • Con el fin de evitar infecciones, ya sean víricas o bacterianas. De esta manera conseguimos evitar su aparición. Acompaña también a tus hijos o mayores a vacunarse, cuando esté recomendado para ellos.
  • 10. En resumen: realiza un consumo de antibióticos responsable.
  • La eficacia de los medicamentos depende de todos. El uso responsable de antibióticos puede contribuir a frenar la aparición de bacterias resistentes, lo que hará que los antibióticos sigan siendo eficaces tanto en la actualidad como para las generaciones futuras.

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Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.