Medicamentos y conducción

¿Qué es?

¿Qué relación existe entre los medicamentos y los accidentes de tráfico?

Aunque la conducción se ha convertido en una acción habitual que muchísimas personas realizan diariamente, no deja de ser una actividad compleja que requiere toda nuestra atención para poder ejecutarla de forma segura y evitar poner en peligro nuestra salud y la de los demás.
En los accidentes de tráfico influyen muchos factores fácilmente reconocibles, como pueden ser el exceso de velocidad, las distracciones o la ingesta de alcohol. Sin embargo, también existen otros aspectos que afectan a la capacidad de conducir de la persona y, por tanto, pueden llegar a provocar accidentes de mayor o menor gravedad. Hablamos de la acción de algunos medicamentos, incluso los que no precisan receta médica, que pueden disminuir nuestra capacidad de conducir de forma segura.

Por lo general, este factor no solemos tenerlo tan presente, ya que hasta el 80% de quienes consumen medicamentos que pueden influir en la conducción desconocen esta circunstancia, según la Fundación CNAE (Confederación Nacional de Autoescuelas).

De acuerdo con este mismo organismo, en España, el 5% de los accidentes de tráfico están relacionados con el consumo de ciertos medicamentos. De hecho, el 42,1% de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico en 2017 presentaron resultados positivos en alcohol, drogas y/o psicofármacos. Se encontró presencia de psicofármacos sin asociación a otras sustancias en un total de 40 conductores fallecidos en 2017 (6,14%), según datos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses.

¿Cómo afectan los medicamentos a la conducción?

Para empezar, no debemos olvidar que los medicamentos tienen un triple efecto: por un lado, el terapéutico (beneficioso); por otro, los efectos secundarios; y, en tercer lugar, los posibles efectos adversos si se combinan con otro tipo de sustancias (interacciones).

Más en concreto, algunos tratamientos farmacológicos pueden interferir de manera más o menos relevante en nuestra destreza para conducir. Los efectos más importantes de algunos medicamentos sobre la capacidad para la conducción son:

  • Somnolencia.
  • Pérdida de coordinación psicomotora y reducción de reflejos.
  • Cambios de comportamiento, confusión, aturdimiento y mareos.
  • Dificultad para la concentración.
  • Trastornos del equilibrio o sensación de vértigo.
  • Problemas en la percepción sensorial, visual, auditiva y de las distancias.

Sin embargo, en algunas circunstancias, la medicación puede tener un efecto positivo en la capacidad de conducción, en el sentido de que ayuda a controlar ciertos síntomas de la enfermedad del paciente, en el caso de que se trate de un problema de salud que directamente merma esa habilidad.

Es más, podemos mencionar algunas patologías que pueden interferir con la capacidad de conducción: cualquier tipo de epilepsia; trastornos convulsivos; trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, esquizofrenia…); enfermedad de Parkinson; diabetes; demencias; vértigos; trastornos del sueño; alteraciones graves visuales y/o auditivas; alteraciones musculares agudas o en el aparato locomotor; incluso enfermedades cardiovasculares (que pueden desembocar en ictus, infarto) y algunas alergias.

¿Qué medicamentos son los que más afectan a la capacidad de conducir?

Entre los fármacos más frecuentemente prescritos que pueden afectar a la capacidad de conducción destacan los que actúan sobre el sistema nervioso central (trastornos del sueño, ansiedad, psicosis, depresión, epilepsia, párkinson, migrañas, demencia, dolor); los utilizados para tratar la alergia, las afecciones oculares, la gripe y el catarro; o los relajantes musculares.

Todos ellos pueden producir efectos como los anteriormente descritos y que se detallan uno a uno y según cada grupo de medicamentos en esta tabla.
Además, también hay que tener en cuenta que dichos efectos dependen de factores como la edad o el metabolismo, por lo que pueden variar de una persona a otra. En cualquier caso, la premisa básica es consultar siempre al médico o farmacéutico antes de tomar alguno de estos medicamentos.

¿Cómo reconocer los medicamentos que afectan a la conducción?

Desde el año 2007, cuando un medicamento tiene la capacidad de influir en nuestra habilidad para la conducción, incluye en su envase y prospecto una serie de advertencias para que los pacientes puedan reconocerlos rápidamente.
Así, en la caja del fármaco aparece un símbolo específico consistente en un triángulo rojo con el vértice hacia arriba y con un vehículo en su interior, que indica que el medicamento puede afectar a nuestra capacidad de conducción.

Este pictograma no significa que los pacientes que toman dicho medicamento tengan prohibido conducir, sino que es aconsejable leer el prospecto o preguntar a un profesional sanitario sobre su uso durante la conducción.
En concreto, en el prospecto, la información sobre sobre medicamentos y conducción se detalla en el punto 2, titulado “Qué necesita saber antes de empezar a tomar el medicamento”, bajo el epígrafe “Conducción y uso de máquinas”.
Así mismo, conviene recordar que hay medicamentos que pueden influir en la capacidad de conducción pero que no requieren del pictograma. Estos pueden ser algunos anticatarrales y fármacos antidiabéticos.
Por otro lado, con el objetivo de informar y aconsejar a la población sobre la utilización de los medicamentos al volante, la Unión Europea puso en marcha el proyecto DRUID (Driving Under the Influence of Drugs, Alcohol and Medicines), en relación a una mejora de la clasificación de los riesgos de medicamentos y conducción. Como resultado, se compuso una clasificación que consta de 4 niveles:

  • Categoría 0: sin efecto sobre la capacidad de conducción.
  • Categoría 1: influencia leve sobre la capacidad de conducción. El mensaje para el paciente es que no conduzca sin leer detenidamente el prospecto antes de tomar el medicamento.
  • Categoría 2: influencia moderada sobre la capacidad de conducción. El mensaje para el paciente es no conduzca sin consultar a su médico o profesional farmacéutico antes de tomar el medicamento.
  • Categoría 3: influencia muy marcada sobre la capacidad de conducción. El mensaje para el paciente es que no conduzca.

En definitiva, siempre es importantísimo leer el prospecto para conocer los posibles efectos que puedan tener en la habilidad para conducción.

¿En qué casos debemos prestar especial atención?

Podemos enumerar varias situaciones o colectivos a los que conviene prestar atención en cuanto a la combinación de medicamentos y conducción, porque presentan mayor riesgo:

  • Al comienzo del tratamiento o ante un cambio en la dosis.
  • Con el consumo de alcohol: se debe evitar el consumo de alcohol mientras se toman medicamentos (y siempre evitar conducir después de haber consumido alcohol).
  • Si el paciente se encuentra cansado.
  • Pacientes de edad avanzada: en el año 2030, un tercio de los conductores será mayor de 65 años, según datos de la Fundación CNAE.
  • Pacientes polimedicados: cuanto mayor sea el número de medicamentos que se consuman a la vez, mayor es la probabilidad de experimentar efectos adversos y/o interacciones. Hay que tener en cuenta que, en nuestro país, un 17% de los conductores utiliza medicamentos de forma crónica, y de estos, en torno al 61% usan dos o más medicamentos, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
  • Pacientes de algunas patologías concretas: diabetes, insuficiencia renal, epilepsia, enfermedad de Parkinson, depresión…
  • Conductores profesionales o personas que conduzcan más de 40 minutos seguidos al día: en España, aproximadamente un 17% de los conductores utilizan medicamentos de forma crónica, y de estos, en torno al 61% usan dos o más medicamentos, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
  • Personas que manejen maquinaria peligrosa.

Síntomas que nos alertan de que debemos dejar de conducir

Si estás conduciendo y notas u observas estos efectos, detén la conducción:

  • Visión borrosa o doble.
  • Dificultad para concentrarte o estar alerta.
  • Sorpresa ante acontecimientos habituales del tráfico: frenazo en el último momento ante un stop o un semáforo, por ejemplo.
  • Dificultad para recordar cómo has llegado al destino.
  • Dificultad para mantener una trayectoria recta.
  • Invadir frecuentemente el carril contrario o llegar a conducir por el centro de la carretera.

10 Claves sobre los medicamentos y la conducción

El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en consenso con diversos organismos sanitarios nacionales y europeos, ofrece una serie de recomendaciones sobre el consumo responsable de fármacos al volante, que podemos resumir así:

  • 1. La interacción entre medicamentos y conducción existe.
  • Ten siempre presente que los medicamentos pueden interferir en nuestra capacidad de conducción, aumentando el riesgo de accidentes. Según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), el 25% de los fármacos que consumimos puede interferir en la conducción.
  • 2. Pregunta a tu médico.
  • Si acudes a su consulta por algún problema de salud y el profesional sanitario te prescribe un medicamento, consúltale si puede influir en la conducción. Y si, por tu trabajo o estilo de vida, eres una persona que tiene que conducir de forma habitual, coméntaselo también para que pueda valorar la posibilidad de encontrar el fármaco que menos influya en tus habilidades al volante.
  • 3. Sigue las indicaciones pautadas.
  • Toma la medicación en la dosis y el horario que te haya indicado el profesional sanitario. No dejes de tomar el medicamento por tu cuenta, sino que, si te surge cualquier duda, consulta de nuevo al médico.
  • 4. Observa cómo te sienta la medicación antes de ponerte al volante.
  • Antes de conducir, intenta apreciar cómo reacciona tu cuerpo o tus facultades al tomarte la medicación. Si ves que tus reflejos o capacidad de concentración se ven afectados o que te produce excesiva somnolencia, debes indicárselo al médico o farmacéutico y sobre todo, evitar conducir.
  • 5. Presta atención al comenzar un tratamiento nuevo o al cambiar la dosis.
  • La reacción del organismo a los fármacos se manifiesta de forma más intensa en los primeros días de tratamiento y, en el caso de cambio de dosis, durante las primeras horas tras la ingesta del fármaco. Por eso, según el tipo de medicación que estés tomando, evita conducir los primeros días del tratamiento o cuando te modifiquen la dosis.
  • 6. Si sufres algún síntoma, no conduzcas.
  • Si percibes algún síntoma descrito en el prospecto (somnolencia, visión borrosa, pérdida de reflejos, menor concentración, debilidad mareos…), no dejes de tomar el medicamento, pero tampoco conduzcas.
  • 7. Cuantos más medicamentos tomes a la vez, mayores efectos.
  • Recuerda que si tomas más de un medicamento a la vez, la probabilidad de experimentar efectos adversos o interacciones que influyan en la conducción es mayor.
  • 8. No mezcles medicamentos, alcohol y conducción.
  • Estés o no tomando medicamentos, beber alcohol y/o consumir drogas puede aumentar el riesgo de sufrir efectos adversos relacionados con el fármaco, además de afectar negativamente a tu capacidad para conducir. Beber y conducir supone un gran riesgo para ti como conductor, para tus acompañantes en el vehículo y para el resto de conductores. Por eso, es importantísimo que siempre evites conducir después de haber consumido cualquier cantidad de alcohol. Insistimos: a la hora de conducir, “alcohol cero”.
  • 9. Lee el prospecto o busca el pictograma en la caja del medicamento.
  • Si ya estás siguiendo una medicación o no puedes consultar a tu médico, revisa el envase o la caja del fármaco para detectar la presencia del pictograma relacionado con la conducción. Si lo tiene y es de riesgo alto, evita conducir. Hay algunos medicamentos que pueden afectar a la conducción pero no requieren pictograma. En estos casos, la información sobre su interacción con la capacidad al volante está recogida en el punto 2 del prospecto, “Conducción y uso de máquinas”.
  • 10. No te automediques.
  • Nunca tomes un medicamento por decisión propia y sin consultar a un profesional médico o sanitario.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.

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