Cicatrices

¿Qué es?

Un mismo proceso con distintos finales

Una herida de la infancia, una cirugía, un accidente de tráfico… Casi todo el mundo tiene en su cuerpo alguna una cicatriz, resultado de un proceso natural que nuestro organismo pone en marcha para volver a unir sus tejidos tras una lesión: conforme van sanando, el tejido cicatricial se va formando.

El proceso de cicatrización es muy complejo y de forma simplificada, que veremos a continuación se puede decir que se compone de una serie de fases que se solapan entre sí:

La primera fase de formación de una cicatriz es la fase de coagulación, en la que las plaquetas y los hematíes llegan a la zona afectada para formar un coágulo que detenga la hemorragia, entre otras funciones. Es una fase que dura pocos minutos.

Posteriormente, comienza la fase inflamatoria, que dura aproximadamente entre dos y cuatro días. En ella, se elimina el tejido muerto o dañado y se destruyen los microorganismos.

En la siguiente fase -proliferativa-, nuestro cuerpo comienza a producir colágeno para regenerar las fibras que forman los tejidos e ir rellenando la herida. Además, los bordes de la herida se tensan. Esta fase se inicia en el tercer día y dura, aproximadamente, entre 2 y 3 semanas.

Por último, tiene lugar la llamada fase de remodelación o maduración, que comienza alrededor de un mes después de cuando se produjo la agresión y que puede durar hasta un año (incluso más) -aunque este periodo varía de una persona a otra y en función de la extensión y características de la lesión-. En esta etapa, el enrojecimiento disminuye, el colágeno se reabsorbe y se mantienen solo las fibras que han quedado a ras de la piel. Como estas se vuelven más densas, aumenta también la elasticidad de la piel, si bien no recuperará todas las características de la piel circundante (el pelo o vello, por ejemplo, estarán ausentes y la resistencia a la tensión no será la misma). Con el paso del tiempo, la cicatriz va desapareciendo poco a poco y en algunos casos puede llegar a ser imperceptible, principalmente en función de la capa de la piel que se llegue a dañar y del tamaño de la herida.

Numerosos factores involucrados en la cicatrización

Si todas estas fases se desarrollan con éxito, la cicatriz resultante será una línea clara, blanquecina, flexible, que no se eleva sobre la piel y que no causa dolor. En algunos casos, será incluso difícil de percibir. Sin embargo, muchos factores pueden interferir en este proceso y dar lugar a una cicatriz de apariencia menos estética.

Por ejemplo, algunos de los aspectos que influyen en el grado de cicatrización son el tamaño de la lesión o herida, su profundidad y la parte del cuerpo en que está situada. En el caso de las lesiones en el tórax, los hombros, las piernas, la espalda y la frente, sobre todo si son verticales u oblicuas, la cicatrización es peor que, por ejemplo, en las encías, la palma de las manos o la planta de los pies. Si las cicatrices son horizontales, el pronóstico es mejor, mientras que las zonas donde hay tensión empeora.

Igualmente, influye en el proceso de cicatrización la causa de la lesión, pues los cortes limpios y verticales suelen ser menos perceptibles que las cicatrices de heridas producidas por quemaduras o desgarros.

Otro factor determinante es la edad, pues, hasta los 30 años, las cicatrices maduran más lentamente y, en general, con peores resultados estéticos. También las personas con la piel negra u oscura cicatrizan peor.

Así mismo, la evolución es peor en las mujeres fértiles, en comparación a las posmenopáusicas y a los varones, debido a los estrógenos. Por último, puede existir una predisposición genética a cicatrizar mejor o peor o que la cicatriz evolucione peor si se produce una infección.

Cicatrices normales o irregulares

Por tanto, las cicatrices resultantes pueden ser varios tipos. Las que se curan y se presentan al mismo nivel que la piel circundante se denominan cicatrices planas: como decíamos, pueden ser prácticamente imperceptibles o, como mucho, debe verse una línea fina del mismo color de la piel o un poco más roja.

En segundo lugar, la cicatriz resultante puede ser atrófica. En este caso, el área de la cicatriz se encuentra algo hundida por debajo del nivel de la piel que rodea la lesión, debido a que la producción de colágeno para formar las fibras no ha sido suficiente. Es el caso de las marcas que dejan el acné o la viruela.

Pero también suceder lo contrario, que se produzca un exceso de colágeno. En este caso, estaríamos hablando de cicatrices hipertróficas, que se caracterizan por elevaciones gruesas del tejido que sobrepasan la superficie de la piel que rodean la lesión, aunque no los límites de la cicatriz. Pueden llegar a producir contracturas y limitaciones de la funcionalidad si se localizan sobre articulaciones o a lo largo de una extremidad.

También el cuarto tipo de cicatriz, las queloides, se forman por la misma causa, pero es un caso más problemático, ya que son bastante abultadas y se suelen extender más allá de la lesión. Además, pueden provocar comezón y ardor.

Por último, las lesiones producidas fundamentalmente por quemaduras dejan un tipo de cicatriz que se llama contractura o cicatriz normotrófica, ya que la herida presenta unas características por las que se da una contracción del tejido que deforma el área de piel afectada. En estos casos, puede condicionar la funcionalidad física de la persona, ya que las estructuras afectadas son la piel, musculatura y nervios, según el grado de quemadura.

Primeros cuidados de las cicatrices

En todo caso, está demostrado que extremar los cuidados durante las primeras semanas mejora el proceso de formación de la cicatriz. Si se trata de una herida quirúrgica, hasta que los puntos hayan sido retirados o reabsorbidos, es necesario mantener a raya las infecciones. Para ello, se debe lavar la herida diariamente con agua y un jabón suave, secarla muy bien y aplicar después el antiséptico que haya recomendado el médico.

Una vez se ha cerrado la herida, hay que seguir lavándola con cuidado con agua y jabón y secarla adecuadamente. Si es posible, hay que mantenerla al aire libre, pero sin que se produzcan roces o contacto con el polvo o cualquier tipo de suciedad.
En este sentido, deben controlarse los posibles signos y síntomas de infección -hinchazón, supuración, enrojecimiento, fiebre o calor en la zona afectada-.

En otros tipos de heridas no quirúrgicas, conviene consultar al profesional sanitario, puesto que unas adecuadas curas en las fases iniciales pueden contribuir a que el proceso de cicatrización sea normal y se evite la aparición de infecciones y anomalías posteriores en el proceso. Se trata de realizar curas en ambiente húmedo, aplicando vendajes o tiritas dotadas de una capa especial. Así, el proceso de cicatrización se acelera notablemente, reduciéndose la formación de tejido anómalo.

También es conveniente mantener, una vez cerrada la herida, la piel bien hidratada, ya que ello le permitirá conservar su elasticidad y, por tanto, recuperarse con mayor facilidad. Existen en el mercado productos con acción hidratante y otros de acción emoliente que pueden ayudar a prevenir la formación de tejido cicatricial anormal. Consulta con el profesional el producto más indicado para tu caso en particular.

Debe evitarse el rascado y la exposición directa al sol. Cuando esta sea inevitable o durante el verano, es necesario tomar medidas de fotoprotección como aplicar cremas con un factor alto (SPF+ 50). Igualmente, es recomendable cubrirla con ropa o un sombrero y permanecer en la sombra. En caso de alcanzarla, las radiaciones solares podrían hacer que la cicatriz se oscurezca.

Igualmente, es recomendable evitar el contacto continuado con el agua, así como las actividades que estiren la cicatriz. Si después del primer mes, esta ha adquirido un tono rojo o violáceo o la zona pica, es recomendable visitar al dermatólogo, para que valore si la cicatrización se está produciendo con normalidad y, en caso de que no sea así, prescriba el tratamiento más adecuado. Estos pueden consistir en el uso de cremas, espráis, apósitos de silicona o corticoides.

En los casos más severos, pueden estar recomendados los masajes sobre la cicatriz o métodos como el láser -que permite suavizar la piel y estimular la producción de colágeno-, la congelación (criocirugía), los ultrasonidos combinados con pomadas especiales o la dermoabrasión. En los casos extremos, puede ser necesaria una cirugía para extirpar toda o una parte de la cicatriz, con el propósito de dar lugar a una más delgada y menos perceptible.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.