Acné

El acné es la enfermedad cutánea más frecuente, y se inicia en una etapa crítica de la vida. Aunque parezca que es una patología sencilla, debemos tener en cuenta que la aparición de unas lesiones visibles y significativas en una edad en la que la imagen y la autoestima se están desarrollando, hace que puedan darse efectos emocionales y psicológicos importantes en las personas que la padecen.

Además, hay que añadir que es un trastorno de larga evolución y que presenta la posibilidad de dejar secuelas permanentes (cicatrices). Por tanto, lejos de ser una enfermedad banal, el acné se convierte en un problema de salud importante debido a su repercusión en la calidad de vida de los pacientes.

Actualmente la base del tratamiento se basa en una intervención precoz y el empleo de un arsenal cosmético y terapéutico muy eficaz.

¿Qué es el acné?

El acné es una enfermedad inflamatoria, causada por múltiples factores, que afecta a las glándulas productoras de sebo (grasa) localizadas en la cara, la espalda, el pecho, los hombros, e incluso la parte superior de los brazos.

Se sabe que en su aparición interviene una bacteria específica, el Propionibacterium acnés, junto a otras, lo cual ha permitido el desarrollo de tratamientos dermocosméticos y medicamentos, así como de nuevas medidas terapéuticas específicas.

En la formación de las lesiones típicas del acné hay que considerar cuatro fases diferentes.

  1. En primer lugar, se da un aumento de la secreción de sebo. En la pubertad, la menopausia, la menstruación, etc.,  aparece un desajuste hormonal y aumenta la hormona llamada dihitrotestorena, que hace que las glándulas sebáceas produzcan más sebo del necesario, creando una piel grasa. Estas glándulas están conectadas a los poros de nuestra piel mediante un canal denominado folículo. Por medio de los folículos, el sebo transporta las células de piel muerta hasta la superficie de la epidermis, con el fin de poder eliminarlas.
  2. Las células muertas sobre una piel grasa no se desprenden, de forma que se produce una obstrucción del folículo piloso debido a una acumulación de sebo y células muertas.
  3. La producción de sebo continúa, lo que provoca que el folículo se ensanche y sea apreciable la obstrucción, que se denomina comedón cerrado o punto blanco. Si el conjunto de sebo y células muertas está en contacto con el aire, se oxidará, dando lugar al punto negro. Estas lesiones no son inflamatorias.
  4. En este ambiente carente de oxígeno se altera el equilibrio natural de la flora bacteriana y prolifera en exceso la bacteria propionibacterium acnés. Este patógeno libera sustancias inflamatorias, dando lugar a la aparición de diversas imperfecciones cutáneas, que conducen a diferentes grados de acné. En este caso son las lesiones inflamatorias del acné.

¿Qué tipos de acné hay?

Existen diferentes tipos de acné según sus lesiones características y la edad de aparición.

  • Acné vulgaris. Este es el tipo más común de acné. También es el menos grave y el que aparece en la adolescencia.
  • El acné quístico. Es una de las formas más graves. Se caracteriza por la aparición de quistes, pápulas y pústulas que provocan mucho dolor. Las lesiones, además, son de un tamaño superior que en el acné vulgar.
  • El acné conglobata. Es una forma muy grave de acné en la que siempre hay múltiples elementos nódulo-quísticos unidos entre sí formando grandes abscesos que drenan a la superficie cutánea por fístulas y que, al reabsorberse, dejan importantes cicatrices.
  • Acné neonatal. Aparece en los recién nacidos y que es muy similar al acné vulgar. Por lo general suele manifestarse en las dos primeras semanas después de haber nacido y es más común en bebés varones. Cuando este tipo de acné aparece después de los tres meses de vida, entonces se le llama acné del lactante. Se relaciona con la sobreestimulación de las glándulas sebáceas del bebé por parte de las hormonas de la madre durante el embarazo.
  • Acné rosácea o rosácea. Es una afección crónica de la piel que consiste en la inflamación de las mejillas, la nariz, la barbilla, la frente o los párpados, y que puede aparecer como enrojecimiento, vasos sanguíneos prominentes similares a una araña, inflamación o erupciones en la piel parecidas al acné.
    • Acné del adulto. Afecta sobre todo a la cara, alrededor de la boca y en la barbilla, pero también a veces. Ocupa toda la cara, el cuello, e incluso el pecho y la espalda. Puede ser a su vez de dos tipos:
    • Acné persistente desde la adolescencia. Las personas que lo padecen tienen lesiones la mayoría de los días y pueden experimentar exacerbaciones menstruales.
  • Acné de comienzo tardío. Aparece por primera vez en la edad adulta, sin motivo aparente. La genética, el tabaco y las hormonas, tienen un importante papel en su aparición y en su persistencia.

¿A quién afecta?

El acné es una de las patologías más frecuentes de la piel, y es especialmente característica de la adolescencia y la juventud, pues afecta a casi el 75% de la población de entre 13 y 18 años.

Representa el 25% de las consultas al dermatólogo aunque es mayor aun el número de consulta en pediatría, medicina general y farmacias. Se trata de un problema más frecuente y severo en las mujeres que en los hombres.

Qué factores influyen en la aparición del acné

Existen múltiples factores que influyen en la aparición del acné, pero también existen mitos sobre determinados aspectos que no tienen una base científica que lo confirme.

Así, podemos decir que existe evidencia científica que confirma la relación del acné con:

  • Cierta predisposición genética.
  • La raza negra. (Las personas de esta raza tiene más tendencia a padecerlo).
  • Factores fisiológicos, como el ciclo menstrual y el embarazo, que pueden influir en su aparición.
  • El estrés, que juega también un papel importante.
  • El uso de ciertos cosméticos que no sean elaborados como “libres de grasa” pueden hacer persistir el acné en pacientes postadolescentes y hacer fracasar cualquier tratamiento.
  • Ciertos medicamentos como corticoides, algunos antidepresivos y tratamientos de la epilepsia, derivados de la vitamina B.

Por otro lado, también hay determinados factores que popularmente se han relacionado con el acné, pero que en realidad que no tienen una clara evidencia científica. Son los siguientes:

  • Algunos alimentos como el chocolate, los frutos secos, embutidos, el contenido calórico de la dieta, el yodo o el flúor. La relación entre estos productos y las lesiones de acné no ha podido ser nunca demostrada científicamente.
  • El clima. También resulta un factor controvertido: si bien la mayoría de los pacientes mejoran durante el verano, otros pueden empeorar para acabar padeciendo el llamado acné solaris o aestivalis.

El acné puede provocar lesiones no inflamatorias e inflamatorias. Entre las primeras, se encuentran:

  • Los comedones cerrados. Son pápulas de color pálido, ligeramente sobreelevadas sobre la piel.
  • Los comedones abiertos o puntos negros. Son tapones de queratina y lípidos que obstruyen el folículo.

Entre las lesiones inflamatorias, se hallan:

  • Las pápulas rojizas. Son pequeñas lesiones de contenido sólido, generalmente de menos de un centímetro, con bordes bien definidos, que sobresalen por encima de la piel. Suelen ser de color rosado y pueden doler al tocarlas.
  • Las pústulas. Son pequeñas ampollas llenas de líquidos o pus que pueden aparecer en la parte superior de una zona de la piel inflamada.
  • Los nódulos. Son granos grandes, dolorosos y sólidos que están dentro de la piel. Pueden dejar cicatrices.
  • Los quistes. Son granos más profundos que los nódulos. También resultan dolorosos y están llenos de pus que, y son susceptibles de producir cicatrices.

Según el número de estas lesiones se habla de diferentes estadios del acné, como se ve en la tabla de la derecha.

¿Cómo se diagnostica?

Normalmente, el acné se diagnostica de manera clínica, ya que es fácilmente visible por la presencia de las lesiones características en cara, cuello, tronco y parte superior de los brazos. Además, en mujeres adultas que presenten signos de hiperandrogenismo (voz ronca, ciclos menstruales irregulares, exceso de vello…) puede ser aconsejable un análisis hormonal, ya que, por ejemplo, el acné puede estar asociado al síndrome del ovario poliquístico.

¿Cómo es el tratamiento para el acné?

El tratamiento para el acné varía en función del grado de gravedad que presente el paciente. La Academia Española Dermatología Venereología recomienda los siguientes tipos de terapia:

  • Tratamientos tópicos. Se basan en el uso de geles antiacneicos y que contienen principios activos como la dapsona o la tretinoína, entre otros.
  • Tratamientos sistémicos. Consisten en la administración de píldoras y se emplean sólo en los casos moderados o graves de acné. Estos medicamentos pueden ser antibióticos (que controlan la inflamación y la infección), queratolíticos (controlan la hipercornificación del folículo) o antiandrógenos como la isotretinoína, un retinoide que controla la grasa.
  • Otros posibles tratamientos son los peelings químicos y las microdermoabrasiones, que permiten suavizar o eliminar las cicatrices, así como la aplicación de luz roja (terapia fotodinámica), eficaz en casos de acné moderado resistente a otros tratamientos.

10 Consejos para prevenir y mejorar el acné

  • 1. No te toques la piel.
  • Apretarte y rascarte las diferentes lesiones que produce el acné puede empeorar el problema y dejarte cicatrices o manchas oscuras en la piel. Además, las manos pueden ser siempre posibles portadoras de bacterias, lo que aumenta el riesgo de infecciones.
  • 2. Lávate la piel con delicadeza.
  • Limpia tu rostro dos veces al día con productos específicos para pieles grasas y lávate y sécate sin restregar. Posteriormente, hidrata tu cutis con cremas o geles que también sean adecuados para tu tipo de piel. Desmaquíllate siempre al final del día.
  • 3. Limpiezas de cutis sí, pero con precaución. 
    Existen mascarillas y diferentes cosméticos queratolíticas que ayudan a eliminar la obstrucción de los poros. También existen medicamentos que pueden realizar esta función.
  • 4. Aféitate con cuidado.
  • Y solo cuando sea necesario. Si usas cuchilla, la hoja debe estar bien afilada y, antes de aplicarte la crema de afeitar, es recomendable que te laves la cara con agua y jabón a fin de ablandar la barba.
  • 5. Elige los cosméticos adecuados.
  • Las personas con piel grasa deben escoger aquellos de consistencia no aceitosa y, sobre todo, los que incluyen la leyenda “no comedogénicos”, puesto que son los que no obstruyen los poros de la piel. Utilizar cosméticos de color y fotoprotectores libres de grasa.
  • 6. Ten cuidado con el sol.
  • Aunque el sol puede mejorar el acné, este efecto es pasajero y después puede provocar un efecto rebote y empeorar las lesiones. Además, los rayos ultravioleta y la radiación infrarroja A (IR-A) pueden provocar graves daños en nuestra piel a corto y largo plazo, por lo que es imprescindible protegerse adecuadamente con tratamientos fotoprotectores adecuados para pieles grasas. Los geles crema tacto seco te dan un acabado mate.
  • 7. Lávate el cabello con regularidad.
  • Sobre todo si tienes el pelo graso, debes lavarte el pelo de manera periódica, con el fin de llevarlo siempre limpio y evitar que su grasa pase a la piel. Separar el pelo del rostro (flequillo, etc.).
  • 8. Sigue una dieta equilibrada.
  • La AEDV recomienda comer sano y excluir o reducir al máximo aquellos alimentos con alto índice glucémico como los azúcares refinados.
  • 9. Acude al dermatólogo.
  • La mejor manera de prevenir las cicatrices es seguir cuanto antes el tratamiento adecuado para tu tipo de acné, que tu médico sabrá valorar. En ocasiones, el tratamiento incluye medicamentos que requieren un estricto control por parte del especialista.
  • 10. Constancia en la aplicación de tratamientos.
  • Tanto en el caso de  los geles y cremas tópicos como en el de los medicamentos, al seguir un tratamiento contra el acné, debes cumplir las recomendaciones de tu dermatólogo al pie de la letra y ser constante en el tiempo..

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¿Las marcas de los granitos se pueden quitar?

Los distintos tipos de acné pueden dejar en la piel marcas más fáciles o difíciles de eliminar. Uno de los métodos más efectivos para tratarlas es regenerar la superficie de la piel con láser, que eliminará la capa de la piel dañada, u optar por la dermoabrasión, que desgasta la superficie de la piel. Ambos métodos pueden aplicarse solamente cuando no existe un brote activo de acné. Además, también es recomendable acudir al farmacéutico para que nos recomiende tratamientos cosméticos especialmente indicados para la piel acneica, o al dermatólogo para que estudie con detenimiento nuestro caso.