Alimentación para pacientes oncológicos

La alimentación y la salud están íntimamente relacionadas y también en momentos de enfermedad nos influye lo que comemos. Por eso es tan importante conocer las claves nutricionales que debe tener en cuenta un paciente que se encuentra en tratamiento oncológico.

De la mano de Aitziber Saiz, farmacéutica, graduada en Nutrición Humana y Dietética, y colaboradora de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), desgranamos las claves alimenticias que puede seguir una persona que padece cáncer y qué alimentos resultan más recomendables para un paciente que está recibiendo un tratamiento oncológico.

¿Por qué es importante la alimentación durante un cáncer?

Tanto los pacientes como los familiares deben saber que una correcta alimentación minimiza las complicaciones digestivas, mantiene un buen nivel de defensas, permite cumplir el tratamiento en el periodo establecido y, como consecuencia, mejora la calidad de vida del enfermo.

El estado nutricional tiene una gran importancia en la enfermedad debido a que influye en la evolución y en la respuesta del tratamiento.

¿Cómo saber cuál es el estado nutricional de un paciente?

Un método sencillo para realizar una valoración del estado nutricional es el que aparece en la siguiente tabla elaborada por el Instituto de la Salud de Queensland:

Método de cribado nutricional

Parámetros

¿Ha perdido peso recientemente de manera involuntaria?
No: 0
No estoy seguro: 2
Sí, he perdido peso
De 1 a5 Kg: 1
De 6 a10 Kg: 2
De 11 a15 Kg: 3
Más de 15 Kg: 4
No sé cuánto: 2
¿Come mal por disminución de apetito?
No: 0
Sí: 1
Total: ≥ 2 paciente en riesgo de desnutrición.

¿Cómo afecta el cáncer a la alimentación?

La enfermedad y la terapia pueden modificar el sentido del gusto del paciente. Se suelen percibir de forma alterada la temperatura de los alimentos, el olor y el sabor -menor sensibilidad para el sabor dulce y mayor del salado y amargo-.

Además, cada paciente presenta unas reacciones adversas distintas ante el tratamiento oncológico: vómitos, diarreas, estreñimiento, xerostomía…

 ¿Cuáles son los principales riesgos alimenticios durante esta enfermedad?

El cáncer es una enfermedad multifactorial, con tratamientos distintos. Pero un factor que tienen en común muchas de las personas que lo padecen es la desnutrición, y su manifestación más habitual, la malnutrición proteico-calórica y las deficiencias en vitaminas y minerales. Como consecuencia de este déficit nutricional, se puede producir una alteración en el sistema inmune o intolerancias a terapias neoplásicas, por ejemplo.

¿Cómo podemos evitar la desnutrición?

Para evitar una posible desnutrición, y como cuidados generales nutricionalmente hablando, podemos seguir algunas recomendaciones:

  • Fraccionar la dieta: pueden realizarse desde seis hasta 10 comidas, porque es preferible hacer tomas de menor aporte para que el cuerpo vaya digiriendo los alimentos.
  • Variar la dieta: tomar distintos tipos de verduras, por ejemplo, y modificar la forma de cocinarlas. Es importante evitar la monotonía.
    Cambiar la rutina de las comidas: comer en distintos sitios de la casa (en la cocina, el salón…) e intentar proporcionar compañía al paciente, aunque es recomendable elegir ambientes tranquilos y relajados.
    Apostar por sus alimentos preferidos: procurar que el paciente coma a las horas de mayor apetito y sobre todo alimentos que sean de su agrado.
  • Consumir más pescado que carne: y alternar pescados azules (bonito, salmón…) con los blancos (merluza, gallo…).
    Reforzar la ingesta de legumbres: son una fuente importante de fibra y se pueden comer cocidas, en ensaladas o combinadas con arroz, por ejemplo.
  • Cinco frutas o verduras al día: hay que procurar que una de las verduras sea en forma de ensalada (cruda). Podemos optar por alimentos de temporada.
  • Beber abundantes líquidos: especialmente agua –dos vasos- entre las comidas. Y para recuperar las sales minerales perdidas, es recomendable el consumo de sueros de rehidratación oral. Además, se pueden beber licuados, bebidas vegetales como zumos, cremas de verduras, yogur batido e infusiones.
  • Evitar acudir en ayunas a los tratamientos: excepto en los casos que le indiquen lo contrario.

¿Qué alimentación debe seguir una persona enferma de cáncer?

En líneas generales, el enfermo oncológico debe seguir una dieta equilibrada, rica, que cubra todos los grupos de alimentos, atendiendo a sus gustos, y siempre en cantidades suficientes, de forma que se cubran todos sus requerimientos y particularidades.

Diez consejos alimenticios para pacientes oncológicos

  • 1. Planifica las comidas.
  • Los horarios de los tratamientos pueden interferir en las horas de las comidas del paciente, por lo que hay que tenerlos en cuenta. Generalmente se conocen de antemano, lo que ayuda a establecer los menús semanales e incluso diarios.
  • 2. Menos cantidad y más veces.
  • En la planificación, reparte las comidas en varias tomas y sin que estas sean muy voluminosas: puedes realizar hasta 6-10 tomas al día. Procura comer más en la comida en que tengas más hambre, que suele ser en el desayuno, y ten en cuenta que existen ciertos medicamentos que afectan al apetito.
  • 3. Dieta personalizada.
  • Cada enfermo tiene unas reacciones adversas distintas ante el tratamiento oncológico, así como unos gustos diferentes; por eso, si preparamos los menús, debemos atender a las preferencias y necesidades del paciente.
  • 4. Apuesta por la variedad.
  • Evita la monotonía en la elaboración de comidas, porque el paciente oncológico debe hacer una dieta variada y equilibrada, de forma que se cubran todos sus requerimientos.
  • 5. Consume alimentos de todos los grupos.
  • Elige los productos de temporada y variando según la época del año. Opta por proteínas de fácil digestión, como el pescado blanco (merluza, lenguado, gallo…), carnes blancas (pollo, pavo, conejo…), clara de huevo cocida, o queso fundido desnatado-; los hidratos de carbono como el pan, galletas, pasta o arroz son de fácil digestión y te aportarán la energía necesaria; para cocinar y aliñar los alimentos, emplea aceite de oliva, y toma lácteos según tu tolerancia. Además, puedes usar concentrados de proteínas en polvo en aquellos casos en que la dieta no cubra tus necesidades nutricionales.
  • 6. Mejor, sin grasa.
  • Las tecnologías culinarias que uses deben aportar poca grasa a tu dieta para facilitar la digestión y evitar la saciedad: plancha, hervidos, vapor, horno, microondas, papillote…
  • 7. Hidrátate mucho.
  • Bebe entre 1,5 y 2 litros de agua al día, y para recuperar las sales minerales perdidas, es recomendable el consumo de sueros de rehidratación oral. Además, puedes beber licuados, bebidas vegetales como zumos, cremas de verduras, yogur batido e infusiones.
  • 8. Buen ambiente y en compañía.
  • Tan importante como la comida es el lugar y la compañía. Elige ambientes relajados y agradables, sin ruidos y distracciones como la televisión y evita comer solo.
  • 9. Realiza ejercicio suave cada día.
  • Junto a la alimentación, hay otro hábito que debes introducir en rutina: el ejercicio diario, siempre en la medida de lo posible, y eso sí, evitando esfuerzos los días que estés muy bajo de energía, el día del tratamiento o días posteriores.
  • 10. Consulta a tu médico.
  • Tu médico especialista es quien mejor conoce el tratamiento y tu evolución, así que debes recurrir a él en caso de que tengas dudas con ciertos alimentos o hábitos nutricionales o si surge algún síntoma relacionado con la comida.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.