Hernia discal

¿Se puede tratar la hernia discal?

20 junio, 2016

¿Cómo es nuestra columna vertebral?

La espina dorsal o columna vertebral está formada por una serie de huesos individuales conectados y apilados entre sí llamados vértebras. Estas, a su vez, están unidas entre sí por los discos intervertebrales, unas almohadillas planas, redondas y acolchadas, cuya función es amortiguar los golpes entre una vértebra y otra, así como permitir el movimiento de la espina dorsal.

Los discos están formados por una capa exterior dura y fibrosa llamada annulus fibrosus y una parte central suave y gelatinosa, conocida como núcleo pulposo (nucleus pulposus).

¿Qué es la hernia discal?

La hernia discal es una patología de los discos invertebrales que se produce la parte central del disco comienza a perder parte de su contenido, que se desplaza a través de una fisura en la capa externa hacia la raíz nerviosa que rodea la espina dorsal. De hecho, la palabra “hernia” significa abultar o sobresalir. Este desplazamiento del núcleo pulposo presiona el nervio, lo que produce dolor de espalda y/o piernas (ciática), además de otros posibles síntomas como  hormigueo o falta de fuerza.

Las hernias de disco son más comunes en la parte inferior de la espina dorsal: se suelen producir en los dos discos inferiores de la zona lumbar, en la cintura o inmediatamente debajo de ella. De hecho, según la Clínica Universitdad de Navarra, la hernia discal lumbar es quince veces más frecuente que la hernia discal cervical.

¿A quién afecta?

De acuerdo a los datos publicados por la revista “La Medicina Hoy”, la hernia lumbar -la más frecuente- tiene una incidencia del 2% en la población general. Puede aparecer a cualquier edad y afectar a cualquier sexo, aunque es más común en hombres y suele producirse de los 30 a los 50 años.

¿Qué causa la hernia discal?

El desgaste producido por el paso de los años o algunos trabajos en los que se levanten pesos de manera frecuente pueden provocar el deterioro o la degeneración de los discos invertebrales. Estos se aplanan y pierden parte de su capacidad de amortiguación. Si se debilitan demasiado, puede ocurrir incluso que la parte externa o annulus se rompa. Cuando esto sucede, la parte interna del disco se abre paso por la rotura y presiona los nervios que se hallan junto a ella.

¿Cuáles son sus factores de riesgo?

Sufren un mayor riesgo de padecer hernia del disco lumbar:

  • Los hombres.
  • Las personas de entre 30 y 50 años.
  • Aquellas personas que desempeñan trabajos o tareas que requieren levantamiento de objetos pesados o posturas asimétricas.
  • Las personas que padecen exposición repetida a vibraciones.
  • Las personas con sobrepeso u obesidad.
  • Las personas fumadoras.

¿Cuáles son sus síntomas?

La hernia discal lumbar puede provocar los siguientes síntomas:

  • Ciática. Se trata de un dolor continuo en la región posterior del muslo que puede irradiarse por la pierna hasta el pie. Puede tratarse de un dolor agudo, dolor sordo o una sensación de ardor, así como afectar a una o a ambas piernas.
  • Dolor local agudo de espalda. El lugar exacto dependerá de cuál sea el disco débil y, la intensidad, de qué proporción del disco haga presión sobre el nervio.
  • Debilidad muscular en la pierna afectada.
  • Sensación de hormigueo en la pierna y/o el pie.
  • En raras ocasiones, puede darse incontinencia urinaria.

¿Cómo se diagnostica la hernia discal?

En primer lugar, se lleva a cabo una exploración física del paciente, que, junto a un estudio de la sintomatología, puede ser suficiente para realizar un diagnóstico. Este examen puede incluir también una prueba neurológica para comprobar los reflejos musculares, las sensaciones y la fuerza muscular del paciente.

En ocasiones, pueden ser también necesarias pruebas de imagen como radiografías, resonancias magnéticas, TAC (tomografía actual computerizada), la mielografía -que permite ver el tamaño y localización de la hernia discal- o la electromiografía, que registra la actividad eléctrica de los músculos y permite detectar el nivel exacto de afectación de las raíces nerviosas en la columna vertebral.

¿Cómo se trata?

La mayoría de los pacientes con hernia aguda de disco mejoran sin cirugía al cabo de unas cuatro semanas, por lo que es conveniente iniciar un tratamiento basado en medidas como las siguientes:

  • Reposo. Puede ayudar a reducir los síntomas un período corto de reposo en cama, que no dure más de dos o tres días. Durante este tiempo, además de reducir la actividad, se debe evitar cargar peso, flexionar del tronco o adoptar posturas asimétricas.
  • Medicamentos. Los antiinflamatorios no esteroideos combinados con analgésicos y relajantes musculares pueden ayudar a reducir el dolor. Entre los primeros, se hallan el ácido acetilsalicílico el ibuprofeno o el naproxeno y, entre los relajantes, la cyclobenzaprina y el metocarbamol, que se suelen recetar para aliviar el malestar asociado con los espasmos musculares.
  • Inyecciones de esteroides. Conocidas como epidurales o bloqueadores de nervios, se inyectan en la parte inferior de la espalda y contribuyen a reducir la hinchazón y la inflamación de las raíces nerviosas, así como a mejorar la movilidad.
  • Terapia física. Su objetivo es mejorar la fortaleza, flexibilidad y resistencia del paciente, con el fin de que gane autonomía y movilidad. Se compone de un programa de ejercicios que suele incluir estiramientos para mejorar la flexibilidad, ejercicios de fortalecimiento de los músculos de la espalda, el abdomen y las piernas, y otros aeróbicos como caminar o andar en bici, que contribuyen a aumentar la resistencia y mejorar la circulación.

Si el dolor no remite con las anteriores medidas o los síntomas empeoran, puede ser necesaria una operación quirúrgica. Las opciones más habituales son la laminectomía, la fusión espinal y la discectomía.

Diez consejos para prevenir y controlar la hernia discal

Cuidar nuestra forma física, además de las posturas que adoptamos en el día a día, puede ayudarnos a prevenir la hernia de disco y también a reducir el dolor, cuando este ya se ha presentado:

  • 1. Cuida tu postura.
  • Si tienes que estar de pie, distribuye tu peso de manera uniforme y, si es posible, apoya uno de tus pies sobre un escalón u objeto elevado. Cuando te sientes, hazlo con la espalda recta, bien apoyada sobre el respaldo y mantén los pies en el suelo, sobre un reposapiés, si es posible.
  • 2. No duermas boca abajo.
  • Duerme en un colchón duro con una tabla debajo y hazlo de lado, con una almohada entre las piernas para reducir la presión en la espalda, o boca arriba, con una toalla enrollada bajo la nuca y almohadas bajo las rodillas. Sobre todo, nunca duermas boca abajo.
  • 3. Piensa en tu espalda cuando camines.
  • Trata de no encorvarte y anda con la espalda erguida y la cabeza elevada, echando los hombros hacia atrás.
  • 4. Siéntate bien al volante.
  • Acerca el asiento lo necesario para que tus pies alcancen los pedales sin esfuerzo y maneja el volante con las dos manos. Si se trata de un trayecto largo o trabajas al volante, realiza descansos cada dos horas para realizar ejercicios de estiramiento
  • 5. Deja los tacones en el armario.
  • Resérvalos para las ocasiones especiales, pues pueden aumentar la tensión en la espalda. El calzado demasiado plano también puede ser perjudicial.
  • 6. Realiza las labores domésticas con atención.
  • Acuérdate también de mantener una postura adecuada mientras llevas a cabo actividades cotidianas. Por ejemplo, arrodíllate cuando hagas la cama, reparte el peso entre ambos brazos cuando vuelvas de la compra o plancha posando un pie sobre una caja de cartón.
  • 7. Dobla las rodillas cuando levantes peso.
  • Si debes coger del suelo un objeto pesado, no inclines la espalda. En su lugar, flexiona las rodillas, mantén la espalda recta y levanta el objeto despacio, manteniéndolo lo más pegado al cuerpo posible y evitando los movimientos bruscos.
  • 8. Mantén a raya el sobrepeso.
  • Mantener un peso adecuado es imprescindible para mantener sana nuestra columna vertebral. Para lograrlo, come de manera variada y equilibrada, sin abusar de grasas y azúcares, ingiere frutas y verduras en abundancia y lleva un estilo de vida activo, alejado del sedentarismo.
  • 9. Realiza ejercicio físico a diario.
  • Caminar, la bicicleta estática o nadar ayuda, además de a aumentar el gasto calórico y, por tanto, controlar el peso, a reforzar la musculatura lumbar. También podemos dedicar unos minutos por la mañana a practicar estiramientos y ejercicios específicos que fortalezcan el abdomen y los músculos de la espalda, lo que disminuirá la presión sobre los discos lumbares.
  • 10. Deja de fumar.
  • El tabaco es uno de los factores de riesgo de la hernia discal, pues disminuye el riego sanguíneo que llega a la columna vertebral y el suministro de oxígeno. Tanto si ya padeces de problemas de espalda como si quieres prevenirlos, tu espina dorsal agradecerá que abandones este nocivo hábito.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.