Rodillas

¿Cómo puedes prevenir lesiones en la rodilla?

21 abril, 2015

¿Cómo es la rodilla?

La rodilla es la articulación más grande del cuerpo y a la vez la más vulnerable.

Confiere al ser humano una gran movilidad, ya que en posición de flexión permite al cuerpo alzarse, caminar, correr, agacharse, saltar o girarse.

Además, en posición de extensión contribuye a su estabilidad, aunque al mismo tiempo soporta la presión del peso del cuerpo, razón por la que es la articulación más vulnerable. De hecho, es la que más se lesiona, tras el tobillo, en la práctica deportiva y la cuarta en el mundo laboral.

Está compuesta por diferentes elementos que trabajan en conjunto para permitir su correcto funcionamiento:

  • Huesos. La rodilla está formada por la unión de tres huesos: el fémur, la tibia y la rótula, un hueso plano y redondo que protege la articulación. Tanto los extremos del fémur y el peroné como la rótula están recubiertos de un cartílago articular que los provee de amortiguación e impide que se produzca rozamiento entre ellos cuando la rodilla se mueve, facilita el deslizamiento y amortigua los golpes.
  • Músculos. El cuádriceps, ubicado en la parte anterior del muslo, ayuda a enderezar y extender la pierna, mientras que el isquiotibial, que se encuentra en la parte posterior del muslo, permite flexionar la rodilla.
  • Tendones. Son como cables de un tejido muy resistente que conectan entre sí músculos y huesos. El tendón del cuádriceps, que se encuentra en la parte anterior y conectado a la parte superior de la rótula, permite extender la pierna. El tendón de la rótula conecta la parte inferior de esta con la parte superior de la tibia y, por último, los tendones del isquiotibial se encuentran en la parte posterior de la rodilla.
  • Ligamentos. Son un tejido muy elástico que conecta huesos entre sí. En la rodilla hay cuatro ligamentos que unen el fémur con la tibia y permiten mantener las piernas estables: el ligamento colateral interno, el ligamento colateral externo, el ligamento cruzado anterior y el ligamento cruzado posterior.
  • Meniscos. Son estructuras cartilagionosas situadas entre la tibia y el fémur con la función de amortiguar el espacio entre ambos huesos. Ayudan a absorber el peso del cuerpo distribuyendo la presión que soporta la rodilla sobre una zona más amplia. Cuando cualquiera de estas partes se daña o sobrecarga, pueden surgir el dolor y las dificultades para caminar o flexionar la rodilla.

¿Quién padece problemas en las rodillas?

Los problemas en las rodillas afectan a ambos sexos y pueden producirse a todas las edades, aunque es cierto que algunas enfermedades degenerativas propias de esta articulación como la artrosis, que en España afecta a dos millones de personas, es más común en las personas de mediana edad. De hecho, según la Sociedad Española de Reumatología (SER), a partir de los cincuenta años, prácticamente todo el mundo tiene manifestaciones radiológicas de esta enfermedad, aunque solo una pequeña porción presenta síntomas.

Por otra parte, un 15% de la población trabajadora y un 20% de la población que realiza deporte sufre algún tipo de lesión de rodilla a lo largo de su vida. Además, según el “Libro Blanco de la SECOT 2011. La Cirugía Ortopédica y Traumatología en España”, la patología degenerativa de la rodilla ha sido la segunda dolencia más tratada por los especialistas de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT) en los últimos años, solo por detrás de la traumatología general.

¿Qué puede dañar nuestras rodillas?

Los problemas mecánicos de las rodillas pueden estar provocados por:

  • Un golpe o movimiento brusco, que puede causar un esguince o torcedura.
  • La edad. El desgaste con el paso de los años y el envejecimiento de los cartílagos es la principal causa de la artrosis, que suele empezar a desarrollarse alrededor de los cincuenta años.
  • La obesidad. Las rodillas de una persona obesa deben soportar una sobrecarga de peso que provoca un mayor desgaste de la articulación.
  • Algunas enfermedades reumáticas. La artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico (lupus) pueden inflamar las rodillas e, incluso, causar daños permanentes.
  • La práctica de algunos deportes. Practicar deportes como el fútbol, el esquí o el rugby aumenta el riesgo de sufrir lesiones, sobre todo en los meniscos y ligamentos, debido a los cambios bruscos de velocidad y los movimientos de lado a lado. También correr de una manera demasiado intensa sin la preparación física adecuada puede dañar las rodillas.
  • Usar un calzado no adecuado. El uso prolongado de tacones puede causar lesiones y desequilibrios en la postura, así como artrosis o artritis en las rodillas, entre otras dolencias. Igualmente, realizar ejercicio físico intenso sin llevar el calzado adecuado puede perjudicar esta articulación.

¿Qué problemas suelen afectar a las rodillas?

Existen diferentes problemas o dolencias que pueden afectar a esta articulación. Las más típicas son:

  • Lesiones de menisco. Se trata de un desgarro, rotura o desplazamiento del menisco, y se da más en el interno que en el externo. Son más frecuentes en hombres que en mujeres y en adultos jóvenes o con mayor actividad deportiva. Están causadas por sobrecarga física, y movimientos repetitivos o bruscos. Se reconocen por síntomas como dolor agudo, chasquido, sensación de punzada y bloqueo parcial o total, hinchazón e inflamación.
  • Lesiones de ligamentos. Las sufren sobre todo los futbolistas o personas involucradas en accidentes de tráfico, puesto que la principal causa es un giro del cuerpo con el pie fijo en el suelo. Produce síntomas como dolor agudo e intenso, impotencia para utilizar la rodilla e inestabilidad total por la sensación de que la rodilla se va hacia un lado o falla al apoyarse en ella.
  • Artrosis u osteoartrosis. Es una enfermedad crónica que se caracteriza por el envejecimiento y deterioro paulatino del cartílago que recubre los huesos de la rodilla. Generalmente se da debido a la edad, aunque también influyen el sobrepeso o lesiones previas. Provoca un dolor que aparece cuando se realiza actividad física y cesa cuando se reposa; inflamación y rigidez en la articulación, que a veces deriva en pérdida de fuerza, estabilidad e incapacidad para caminar y estar de pie; así como deformidad progresiva de la rodilla. Es una patología más propia de mujeres, y sobre todo a partir de los 50 años.
  • Artritis. Implica una inflamación general de la articulación que produce dolor y deformidad en la rodilla. Está causada por infecciones o enfermedades autoinmunes y pueden distinguirse dos tipos: la artritis reumatoide y la psoriásica.
  • Quiste de Baker. Es la acumulación de líquido sinovial en la zona de detrás de la rodilla. Se asocia a artrosis y roturas de menisco y se da más en mujeres y adultos mayores. Suele notarse inflamación y sensación de pesadez.

También existen lesiones de repetición:

  • Tendinopatía rotuliana. Es una lesión muy común -el 90% de las lesiones de tendones de rodilla son de tendinopatía rotuliana- por sobreuso o sobrecarga del tendón rotuliano. Este tendón une el cuádriceps y la tibia, y permite la extensión de la rodilla y que la fuerza muscular del cuádriceps se transmita a la pierna. Se trata, por lo tanto, de una estructura fundamental para que podamos caminar, saltar, correr y mantenernos de pie. Cuando se produce una tendinitis rotuliana, el principal síntoma es el dolor, en la cara antero inferior de la rodilla, y que aparece antes, durante o después realizar una actividad física. La causa fundamental de este problema es la sobrecarga mecánica y los microtraumatismos de repetición, aunque factores como la edad, la obesidad, la debilidad muscular, la dieta, cambios hormonales, e incluso la toma excesiva de medicamentos como los AINE, predisponen a sufrirlo. De hecho, personas de entre 30 y 50 años que llevan a cabo una actividad física, laboral o deportiva en la que realizan el mismo tipo de movimientos son los pacientes más habituales.
  • Condromalacia. Es la degeneración del cartílago rotuliano, localizado en la cara posterior de la rótula, y que evita el roce de un hueso con otro. Causa dolor en la cara anterior de la rodilla tras permanecer sentado y comenzar a caminar o al subir y bajar escaleras y cuestas; sensación de fallo o de bloqueo  en la rodilla; e inflamación. Si no se trata y se cura adecuadamente, produce cada vez mayor sintomatología. La lesión del cartílago se produce en la mayoría de los casos por mecanismo de sobrecarga o repetición excesiva, es decir,  por la práctica de actividades en semiflexión de la rodilla o que requieran subir y bajar continuamente. Suelen sufrir esta lesión personas de más de 55 años, principalmente mujeres que de manera habitual usan tacones, y personas que practican deportes sobre terrenos duros.

Y también pueden darse otros problemas:

  • Fracturas.  Alguno de los huesos que componen la rodilla se rompe o fisura.
  • Dislocación de rótula. Esta se desplaza hacia un lado de la rodilla, debido a un giro brusco, torcedura o a algún tipo de impacto. A veces, impide caminar.
  • Esguince de rodilla. Se trata de una distensión o desgarro de ligamentos causado por torceduras súbitas o no naturales, que suele afectar sobre todo al cruzado anterior y/o al ligamento colateral interno. En ocasiones, puede producirse la rotura completa de los ligamentos.
  • Distensión o desagarro de músculos o tendones. Se produce cuando se extiende excesivamente o se desgarra en parte o por completo un músculo o tendón.
  • Tendinitis. Es un dolor en la parte frontal de la rodilla que empeora al subir y bajar escaleras o cuestas. Se produce cuando un tendón se irrita o inflama por sobrecarga de la articulación y puede provocar también molestias al andar o al flexionar, extender o elevar la pierna.
  • Osteocondritis disecante. Un trocito de hueso o de cartílago se ablanda o desgasta y se desprende del extremo del hueso, lo que provoca dolor crónico.
  • Bursitis. Se trata de la inflamación de las bolsas sinoviales que se encuentran cerca de la rodilla, debido a una presión repetitiva sobre la rodilla que puede causar arrodillarse por períodos prolongados, sobrecargas o lesiones.
  • Enfermedad de OsgoodSchlatter. Frecuente en atletas de entre diez y trece años, la sobrecarga repetitiva en el extremo anterior de la tibia, donde el tendón de la rótula se conecta con el hueso, produce un bulto doloroso debajo de la articulación. Se suele aliviar con reposo.

¿Cómo se diagnostican los problemas de las rodillas?

En primer lugar, es necesario un examen físico centrado especialmente en las rodillas, las caderas, las piernas y otras articulaciones, así como la realización de un cuestionario médico al paciente.

En algunas ocasiones, pueden ser necesarias además las siguientes pruebas:

  • Radiografía de la rodilla.
  • Resonancia magnética de la rodilla o tomografía computarizada, si puede haber producido ruptura de ligamentos o menisco.
  • Cultivo del líquido sinovial.

¿Cómo pueden tratarse las dolencias en las rodillas?

Puesto que los problemas y lesiones que pueden afectar a esta articulación son muy diversos, existen diferentes tratamientos:

  • Reposo y frío o calor. Esta es una las recomendaciones médicas más frecuentes para lesiones como esguinces leves, distensiones, desgarros o sobrecargas. En ocasiones, este tratamiento puede completarse con la aplicación de hielo, un vendaje elástico comprensivo y manteniendo la pierna elevada, colocándola sobre almohadones o cojines. En el caso de la artrosis, puede ser necesario, en cambio, aplicar calor seco en la zona con una bolsa de agua caliente o una manta eléctrica.
  • Tratamiento farmacológico. Para reducir el dolor y la inflamación, el facultativo puede prescribir analgésicos o antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno o infiltrar directamente en la rodilla corticoides o ácido hialurónico.
  • Ortopedia. En algunos casos, puede ser necesario llevar una rodillera para evitar que la articulación se mueva demasiado o, incluso, una escayola durante algunos meses o semanas.
  • Cirugía. Las lesiones más graves pueden requerir de una artroscopia, una operación quirúrgica que permite ver directamente el interior de la articulación de la rodilla gracias a la inserción de una cámara diminuta mediante una incisión. Con frecuencia, se puede reparar la lesión durante la misma operación. En otras ocasiones, las operaciones quirúrgicas son abiertas.
  • Fisioterapia. Tras una lesión o intervención quirúrgica, pueden ser necesarias sesiones de rehabilitación durante varias semanas o meses, en las que se realizan ejercicios para recuperar la movilidad de la rodilla y para estirar y fortalecer los músculos implicados en el movimiento de esta articulación.

10 consejos para mantener tus rodillas sanas

Las lesiones y problemas de la rodilla pueden prevenirse o aliviarse, si se tienen en cuenta una serie de sencillas recomendaciones:

  • 1. Presta atención a tu dieta.
  • Tu alimentación debe ser equilibrada y rica sobre todo en vitaminas A, C, D, calcio y ácidos grasos Omega-3. Además, bebe agua en abundancia y rehidrátate tras realizar esfuerzos.
  • 2. Controla tu peso.
  • La alimentación y el ejercicio físico te ayudarán a conseguir elpeso adecuado a tu edad y constitución. Ten en cuenta que cada kilo de más ejerce aproximadamente cinco kilos extra de presión sobre la rótula al bajar o subir escaleras, y una pérdida de 5 kg disminuye en un 50% los síntomas asociados a los dolores de rodilla.
  • 3. Cuida tu higiene bucal.
  • Muchas de las enfermedades bucales tienen un reflejo en las articulaciones y músculos. Por eso, cepíllate los dientes correctamente después de cada comida; realiza también una limpieza lingual; usa microcepillos o seda dental para asegurar un repaso minucioso; y visita a tu odontólogo una vez al año.
  • 4. Realiza ejercicio, pero con precaución.
  • El ejercicio moderado más recomendable es nadar, pedalear o caminar. Pero siempre debes realizar un buen calentamiento antes de comenzar, y ejercicios de estiramiento y enfriamiento al acabar. Cuando sea necesario, lleva siempre el equipo de protección adecuado como, por ejemplo, las rodilleras.
  • 5. Mantén un buen tono muscular. Existen una serie de actividades físicas como la bicicleta –también la estática- o la natación, que te permitirán fortalecer la musculatura, especialmente el cuádriceps, sin sobrecargar las articulaciones. Es mejor evitar los deportes con carrera y salto; y en el caso de decantarse por correr, conviene  hacerlo por una superficie lisa y suave como un sendero, en lugar de por cemento. Además, si trabajas sentado, haz descansos cada hora o realiza pequeños movimientos de piernas para prevenir la atrofia muscular.
  • 6. Elige el calzado adecuado.
  • Al realizar deporte, tu calzado debe sujetar el pie de manera suficiente y proporcionar la amortiguación necesaria para el tipo de actividad que estás realizando. En la vida diaria, no se recomienda utilizar un tacón excesivo o suelas demasiado blandas o desgastadas, porque además de dolor y deformidad en los pies, este calzado puede sobrecargar y dañar las rodillas. El calzado que uses debe repartir bien la carga del peso y amortiguar el impacto de la zancada.
  • 7. Recurre a las rodilleras.
  • Las rodilleras son una solución terapéutica muy adecuada para prevenir y tratar las lesiones o dolor en esta articulación. Acude a la farmacia, donde el profesional te orientará acerca del producto más ajustado a tu necesidad, dolor o  a la actividad física que vayas a realizar o sujeción que precises. Las terapias de frío/calor también son muy recomendables para aliviar el dolor y las molestias relacionadas con traumatismos, fracturas, distensiones… que afectan a la rodilla.
  • 8. Toma de medicamentos.
  • También los analgésicos, como el paracetamol, y medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno son una medida contra el dolor, pero su toma deberá ser siempre pautada por un médico.
  • 9. Ve al médico en cuanto sientas dolor.
  • Si comienza a dolerte la rodilla, acude a tu médico cuanto antes, con el fin de prevenir lesiones graves. También antes de realizar deportes de riesgo, sería recomendable que te sometas a un reconocimiento médico para cerciorarte de que tus rodillas se encuentran en óptimo estado. Sigue las indicaciones del especialista en cuanto al tratamiento, farmacológico o no.
  • 10. No retomes tus actividades habituales hasta que el médico te lo permita.
  • Por muchas ganas que tengas de volver a hacer deporte o una vida normal, no esperar el tiempo suficiente para que una lesión mejore o para que la rodilla se recupere tras una intervención, aumenta el riesgo de recaída o de futuras lesiones. En ocasiones, además, puede ser necesaria rehabilitación antes de retomar la actividad física.

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Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.