Rizartrosis

¿Cómo paliar los síntomas de la rizartrosis?

12 enero, 2015

¿Qué es la rizartrosis?

La rizartrosis o artrosis del pulgar es una alteración degenerativa de la articulación trapeciometacarpiana (TMC) que une el dedo pulgar a la muñeca. La particular disposición de los ligamentos de esta articulación permite realizar con la mano el movimiento de pinza, que consiste en unir el pulgar con los dedos largos. Se trata de un gesto fundamental para llevar a cabo la mitad de las actividades que realizamos diariamente con nuestras manos como, por ejemplo, abrir una puerta, planchar o coger objetos.

La degeneración del cartílago que recubre esta articulación provoca dolor, rigidez y limitación del movimiento del dedo pulgar, lo que dificulta la realización del gesto de pinza. Por tanto, aunque se trata de una enfermedad benigna, puede ser causa de incapacidad sociolaboral de carácter crónico y tiene una importante repercusión en las actividades de la vida cotidiana.

¿Cuáles son sus síntomas?

  • El síntoma inicial es el dolor en la base del pulgar, que puede aparecer en ambas manos, aunque suele ser más intenso en la dominante. Este dolor mejora con el reposo y aumenta con el inicio del movimiento, sobre todo después de un periodo de inactividad. Una vez que la articulación está en movimiento, se suavizan las molestias, pero si la actividad es prolongada, comienzan de nuevo. Normalmente, no suele doler por la noche, salvo que la artrosis sea muy avanzada.
  • En este caso, además del dolor, la destrucción del hueso y las alteraciones que sufren los ligamentos, los tendones y la cápsula articular, así como la contractura muscular que en ocasiones provoca esta patología, se produce una deformidad que muchas veces imposibilita realizar movimientos que antes sí hacíamos con esos dedos de la mano.
  • En estos estadios más avanzados, la rizartrosis también provoca pérdida progresiva de fuerza.

Lo habitual es que estos síntomas estén asociados a la realización de actividades que impliquen la participación intensa del pulgar como pellizcar o sujetar objetos, hacer pinza lateral u oposición mantenida. Por lo tanto, acciones habituales y cotidianas como la preparación de alimentos (pelar, cortar, trocear, abrir botes, sujetar sartenes o platos); abrochar botones, corchetes o cremalleras; escribir durante varios minutos; planchar; abrir cerraduras con llave o tender la ropa pueden intensificar los síntomas.

¿A quién afecta?

La rizartrosis es la segunda artrosis del miembro superior que mayor número de procesos quirúrgicos origina y afecta a un gran número de personas en edad avanzada (a partir de los 65 años), con un marcado predominio de mujeres frente a los hombres.

De hecho, la mayor incidencia de esta patología se da en mujeres postmenopáusicas de mediana edad. Se trata de una dolencia que suele iniciarse a los 40 o 50 años, aunque hay casos de comienzo más tardío.

También parece existir una relación entre la rizartrosis y  otras enfermedades como el síndrome del túnel del carpo (STC).

¿Cuáles son sus factores de riesgo?

Existen varios factores que pueden producir un desgaste de la articulación trapeciometacarpiana:

  • La edad. El paso de los años aumenta el riesgo de padecer artrosis, de forma paralela al envejecimiento general del cuerpo.
  • El género. La prevalencia es mayor en mujeres.
  • La genética. La posibilidad de sufrir artrosis del pulgar es mayor cuando existen antecedentes  familiares.
  • Factores hormonales. Por ejemplo, la menopausia precoz o los desequilibrios hormonales.
  • Obesidad y vida sedentaria. El sobrepeso corporal aumenta el desgaste articular.
  • Factores mecánicos. Haber desempeñado de manera habitual durante años trabajos manuales puede aumentar el riesgo de padecer rizartrosis. Por ejemplo, dentistas, profesores, amas de casa, guitarristas, pianistas, escritores y las personas dedicadas a la hostelería, peluquería, limpieza o albañilería pueden verse más afectadas. También los trabajadores manuales, montadores y otras actividades profesionales relacionadas con la carga directa en manos presentan más riesgo de sufrir este proceso degenerativo.

En cambio, el origen étnico puede considerarse como un factor protector, según algunos investigadores. Por ejemplo, la rizartrosis es menos frecuente en personas de origen chino que entre la población blanca norteamericana.

¿Cómo se trata la rizartrosis?

La rizartrosis no tiene cura, por lo que el tratamiento se basa en aliviar el dolor, frenar la evolución de la enfermedad y mejorar la funcionalidad de la mano con el fin de mejorar la calidad de vida de la persona y retrasar lo máximo posible un abordaje quirúrgico.

Existe, para ello, un tratamiento farmacológico que incluye analgésicos, antiinflamatorios, corticoides o la administración de sustancias como el ácido hialurónico. También puede llevarse a cabo un tratamiento no farmacológico, que está compuesto por el uso de ortesis y férulas que favorecen el reposo articular y reducen el dolor, programas educativos para los pacientes y programas de ejercicios para potenciar la musculatura de la mano y, por lo tanto, su movilidad. En el caso de que fracasen todas estas opciones, existe, así mismo, tratamiento quirúrgico.

Diez claves para convivir con la rizartrosis o artrosis del pulgar

Adoptar una serie de precauciones y trucos en los quehaceres habituales hará más llevadera la rizartrosis:

  • 1. Utiliza aparatos eléctricos en la cocina.
  • En las tareas que impliquen el uso intensivo del pulgar, podemos ayudarnos de electrodomésticos como el exprimidor, el pelador, la batidora o el abrelatas. También, en lugar de fregar, podemos usar el lavavajillas.
  • 2. Usa utensilios ligeros.
  • Mejor si disponemos en nuestro hogar de cucharas, cazos y demás cubiertos de plástico o aluminio y con mangos gruesos, pues su ligereza nos permitirá manejarlos más fácilmente.
  • 3. Evita el gesto de ‘pinza’.
  • El momento de servir la comida esconde sus riesgos. Debemos sujetar los platos por debajo, con las palmas de las manos, y no por los lados, de forma que evitemos efectuar el gesto de pinza con el índice y el pulgar.
  • 4. Libera las manos siempre que sea posible.
  • Los expertos aconsejan no aguantar mucho peso con las manos, por lo que elementos como un carrito para trasportar cosas resultan muy útiles.
  • 5. No cargues  excesivo peso.
  • Si no nos queda más remedio que cargar con pesos de forma manual, hay que intentar redistribuir el peso entre el antebrazo y el hombro, evitando que todo el esfuerzo se centre en las manos y en los dedos.
  • 6. Intenta no forzar el pulgar.
  • Actividades como, por ejemplo, llevar maletas, también pueden dañarnos. Lo más recomendable es empujarlas con los cuatro dedos, en lugar de tirar de ellas con el pulgar.
  • 7. Sigue un programa de ejercicios todos los días.
  • Realizar diariamente ejercicios sencillos de estiramiento, flexión y extensión fortalece nuestra musculatura y mejora la movilidad de las manos. Por ejemplo: flexionar y extender los dedos sobre una mesa, elevar; separar el pulgar o dibujar la letra ‘o’ con éste y el resto de dedos, u otros que aparecen en la imagen de abajo.
  • 8. Todos los dedos necesitan atención.
  • Para no descuidar el resto de dedos de la mano, podemos realizar maniobras que potencien su movilidad, como sacar una cerilla de su caja, sacar monedas de un monedero, abrochar y desabrochar botones o coger garbanzos de un plato.
  • 9. Toma baños calientes para las manos.
  • Otro truco muy beneficioso es sumergir las manos en agua caliente con el fin de reducir la rigidez: debemos introducirlas en un recipiente con agua a una temperatura cercana a la corporal, es decir, entre 37ºC y 40ºC.
  • 10. Consulta al farmacéutico sobre el uso de elementos de ayuda.
  • Por ejemplo, las muñequeras textiles absorben los constantes micromovimientos que inconscientemente se realizan durante el día, lo que alivia el dolor sin inmovilizar la articulación y permite mantener la actividad del pulgar. Durante las fases de mayor dolor, también es útil el empleo de férulas de reposo por las noches.

Fuentes

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.