Bursitis

La bursitis se origina por movimientos repetitivos

23 julio, 2018

¿Qué es la bursitis?

La bursitis es una inflamación de la bursa o bolsa sinovial, que es una estructura en forma de saco que actúa como almohadilla entre las partes blandas de las articulaciones (músculos, tendones y piel) y las partes más duras, las óseas.

En las articulaciones grandes existen múltiples de estas bursas o bolsas sinoviales, por lo que son estas partes del cuerpo, o aquellas de uso muy continuado en la práctica profesional o deportiva, las que más afectadas suelen verse por la bursitis.

¿Qué tipos de bursitis existen?

Existen dos formas importantes de clasificar la bursitis. La primera, divide las bursitis en agudas y crónicas:

  • Bursitis aguda: en ella, el dolor y los síntomas de inflamación aparecen de forma brusca.
  • Bursitis crónica: se trata de una bursitis aguda que no se ha resuelto adecuadamente o de repetidos episodios de bursitis aguda.

En segundo lugar, también podemos atender a la localización de las bursitis. Las más comunes suelen ser las de:

  • Hombro: de ellas, algunas bursitis se asocian a lesiones tendinosas muy habituales, como la lesión del manguito de los rotadores (un conjunto de tendones en el hombro).
  • Cadera.
  • Rodilla.
  • Codo.
  • Muñeca.

¿A quién afecta?

A partir de los 40 años, la resistencia del tejido de la bursa sinovial ante los traumatismos repetidos es menor, incluso cuando estos sean de pequeña intensidad. Por eso, la incidencia de la bursitis aumenta con la edad.

¿Qué la puede causar?

La causa más frecuente de bursitis son los movimientos repetidos o la presión mantenida sobre una articulación. Ello origina un roce inadecuado entre la bursa y los huesos adyacentes, lo que provoca la inflamación.

Frente a este tipo de origen, local, existen otras causas que se consideran sistémicas, en las que la bursitis es un síntoma de una patología. Entre esas causas, se encuentran:

  • Enfermedades reumatológicas (artritis reumatoide y gota).
  • Enfermedades hormonales (diabetes, hipotiroidismo).
  • Infecciones y heridas.

¿Existen factores de riesgo?

Como el origen de la bursitis es la repetición de movimientos con una articulación, sí existen ciertos factores de riesgo:

  • Algunas profesiones que requieren el uso y movimiento repetitivo de determinadas articulaciones presentan mayor riesgo de provocar bursitis. Entre otras, la peluquería, la carpintería o la práctica del piano, son ejemplos de profesiones que aumentan el riesgo de bursitis.
  • Las prácticas deportivas también pueden ser un factor de riesgo: en especial el levantamiento de pesas con objetivos de musculación, la práctica continuada de deportes como golf o tenis, así como cualquier ejercicio físico en el que no se mantiene una postura articular correcta.
  • La bursitis también se produce en personas que mantienen una presión continuada sobre una articulación. Por ejemplo, tradicionalmente, la bursitis rotuliana (en la rodilla) afectaba a enmoquetadores, soladores, a personas que fregaban de rodillas o a quienes permanecían largo tiempo rezando.

¿Qué síntomas tiene la bursitis?

Los síntomas más universales de la bursitis son:

  • Dolor.
  • Signos de inflamación locales.

Además, podemos observar:

  • Coloración rojiza en la zona.
  • Dolor ante la palpación y la movilización de la zona.
  • Limitación de la movilidad: puede darse en algunas articulaciones, como el hombro.
  • Infección de la bolsa sinovial: puede producirse en algunos casos, y conlleva implicaciones para el tratamiento, ya que hará necesaria la utilización de antibióticos.

¿Cómo se trata?

Lo más importante para establecer el tratamiento y la prevención de la bursitis suele ser su localización, aunque, independiente de la articulación donde se produzca, este siempre debe ir dirigido a tratar la inflamación y a permitir una movilización en el futuro que no reproduzca los golpes o movimientos causantes de la inflamación.

Para tratar la inflamación aguda, aparte de la toma de antiinflamatorios orales, se recomiendan tres medidas que pueden recordarse con el acrónimo RHE, esto es, la aplicación de Reposo, Hielo y Elevación.

A diferencia de otro tipo de lesiones traumatológicas, en la bursitis no debe aplicarse compresión o presión sobre la articulación afectada.

En algunas ocasiones, podrá procederse a la aspiración del líquido mediante artrocentesis o incluso a la inyección de tratamiento con corticoides y anestésicos (infiltraciones). Más infrecuente es la necesidad de cirugía.

10 Consejos para sobrellevar la bursitis:

  • 1. Ayúdate de dispositivos eléctricos que te eviten el esfuerzo manual.
  • A la hora de realizar movimientos repetitivos, utiliza aparatos eléctricos en cocina o destornilladores eléctricos en las tareas de bricolaje, entre otras ayudas.
  • 2. Usa almohadillas como protección.
  • Protege con almohadillas aquellas zonas problemáticas sobre las que vayas a realizar una presión mantenida, como es el caso de la muñeca para movilizar el ratón del ordenador. No olvides detener la actividad cada cierto tiempo.
  • 3. No permanezcas de rodillas mucho tiempo.
  • Evita permanecer largos períodos de tiempo de rodillas y si no puedes evitarlo, utiliza una almohadilla que disminuya la presión directa del suelo.
  • 4. Cuida tu calzado.
  • Emplea plantillas, almohadillas o protectores en el calzado si presentas bursitis del tendón de Aquiles. Igualmente, cuida el calzado deportivo si caminas o corres grandes distancias.
  • 5. Vigila tu postura en ciertos ejercicios físicos.
  • Busca asesoramiento profesional para realizar una práctica correcta y ergonómica de algunos ejercicios físicos, como puede ser el levantamiento de pesas. Siempre calienta músculos y articulaciones antes del ejercicio y estira antes y después.
  • 6. No te excedas en la práctica de algunos deportes.
  • Deportes como el golf, béisbol o tenis, si se practican de forma continuada pueden acabar afectando a las articulaciones más expuestas al riesgo de bursitis, por lo que intenta realizarlos de forma moderada o cuidando mucho el tipo de postura que mantienes.
  • 7. Evita ciertos movimientos con el hombro.
  • Si has presentado bursitis de hombro sé especialmente cuidadoso con los movimientos que implican levantar los brazos por encima de la cabeza, especialmente con carga.
  • 8. Sigue fielmente el tratamiento médico.
  • Sigue las indicaciones médicas sobre el tratamiento farmacológico con antiinflamatorios y, en caso de infección, antibióticos. Las infiltraciones pueden ser casi imprescindibles en algunas formas, pero repetidas a lo largo del tiempo comportan riesgos para los tendones.
  • 9. Consulta a tu farmacéutico sobre soluciones para ciertas articulaciones.
  • El uso de rodilleras, muñequeras o coderas puede ser de gran utilidad para realizar actividades repetidas con menor riesgo para las bursas o bolsas sinoviales de rodilla, muñeca o codo. Consulta al farmacéutico sobre este tipo de soluciones ergonómicas.
  • 10. No desatiendas ciertos síntomas.
  • Si presentas bursitis sin realizar movimientos repetitivos o presión excesiva, acude a tu médico con el fin de investigar si alguna enfermedad sistémica pudiese ser la causa. Si además, hay fiebre y mal estado general, puede existir una infección que requerirá un tratamiento específico.