Síntomas en el embarazo

¿Qué afecciones son habituales en el embarazo?

2 mayo, 2018

Si bien cada mujer y cada embarazo son distintos y los síntomas pueden variar mucho de unas gestantes a otras, hay algunas molestias que suelen presentarse de manera habitual en estos nueve meses.

Afecciones digestivas

  • Náuseas y vómitos: suelen aparecer sobre todo desde la tercera semana y hasta los tres primeros meses de embarazo y se dan en cualquier momento del día, aunque más habitualmente por la mañana. Para evitarlas, es conveniente tomar una galleta o bizcocho antes de levantarse y permanecer en reposo hasta que desaparezcan, así como evitar tener el estómago vacío.
  • Ardor o acidez de estómago: más común durante el tercer trimestre y por la noche, se produce después de comer, debido a las digestiones lentas que padecen las mujeres embarazadas.Para prevenirlo, es mejor comer despacio, a bocados pequeños y masticando bien; descansar un poco tras las comidas, no tumbada sino en posición recostada o semisentada; y evitar el ejercicio físico en las dos horas posteriores. Aunque algunos medicamentos pueden ayudar a mitigar el ardor, las embarazadas no deben tomar ningún antiácido ni bicarbonato sin consultarlo previamente con su médico.
  • Estreñimiento y hemorroides: durante la gestación, el aparato digestivo ralentiza su ritmo debido a la mayor concentración de progesterona –que relaja la fibra muscular- lo que puede dificultar el tránsito intestinal o incluso causar hemorroides. Para evitarlos, se recomienda una dieta rica en fibra, la ingesta de líquidos abundantes durante el día y ejercicio moderado. Las mujeres embarazadas no pueden tomar la mayoría de laxantes, pues pueden ser peligrosos para el feto.

Afecciones circulatorias

  • Varices, piernas cansadas e hinchazón: medidas como llevar medias de terapéuticas de compresión, aplicarse duchas de agua fría en las pantorrillas o masajearlas de abajo arriba con cremas y geles específicos puede ayudar a aliviar estas molestias típicas, así como realizar ejercicio físico de manera regular, dormir con los pies elevados, evitar las prendas de vestir ceñidas y los zapatos de tacón alto o demasiado planos. Así mismo, no conviene exponerse a fuentes de calor, sesiones de bronceado o baños con agua muy caliente.
  • Gingivitis: los cambios hormonales y el aumento de la circulación sanguínea incrementan la sensibilidad de las encías durante la gestación y, a partir del primer trimestre, muchas embarazadas sufren inflamación de la encía inferior.
  • Palpitaciones y taquicardias: la mujer las percibe como latidos irregulares o pulso acelerado y si se producen con excesiva frecuencia o conllevan dificultades para respirar o dolor en el pecho, debe acudir al médico.

Afecciones de huesos y músculos

  • Síndrome del túnel carpiano: la retención de líquidos típica del embarazo puede producir en el tercer trimestre hormigueos o dolor en los dedos de la mano, sobre todo por la noche.
  • Dolor de espalda y dolor pélvico: aunque su intensidad y características varían de una mujer a otra, es habitual que aparezca del quinto al séptimo mes de embarazo, en forma de dolor lumbar, dorsalgia o ciática o dolor en la zona del pubis. Para combatirlo hay que cuidar la postura al dormir, caminar o sentarse, evitar los movimientos bruscos y no levantar pesos excesivos y practicar ejercicio moderado. También puede recurrirse a fajas, aplicar calor con mantas térmicas o bolsas de agua caliente o acudir a un osteópata. En caso de necesitar algún analgésico, es imprescindible contar con consejo médico.

Afecciones dermatológicas

  • Estrías: son habituales en las zonas donde más se estirar la piel: parte inferior del abdomen, alrededor del ombligo, en las caderas, las mamas, los muslos, las nalgas y las axilas. Es importante mantener la piel bien hidratada y aplicar productos emolientes antiestrías para intentar reducir su aparición.
  • Manchas en la piel: a partir del cuarto mes, las alteraciones en la melanina suelen dar lugar a manchas llamadas cloasmas en la frente, los pómulos y el labio superior, pero normalmente desaparecen unos seis meses después el parto. Además, los lunares y pecas tienden a oscurecerse. Para prevenir las manchas, es importante protegerse de la exposición solar con cremas fotoprotectoras de un factor 50+.
  • Acné: al comienzo de la gestación, los cambios hormonales pueden desencadenar un exceso de sebo en los poros de la piel y causar brotes de acné en rostro, pecho y espalda.
  • Picores en la piel: resultan frecuentes en la recta final del embarazo y especialmente en el vientre y el pecho. Son fruto de la sequedad y estiramiento de la piel, pero también pueden estar causados por el agravamiento de dolencias previas como dermatitis o psoriasis. Si estos picores afectan a otras partes del cuerpo y son más intensos durante la noche, sería aconsejable consultar al médico para descartar una alteración del hígado llamada colestasis intrahepática.

Afecciones del aparato reproductor

  • Sangrado vaginal: los pequeños manchados son normales cuando el parto se aproxima o después de realizar exploraciones ginecológicas, pero si aparece sangrado en otro momento, es importante contactar con el médico.
  • Dolor abdominal: desde el primer trimestre hasta el quinto mes, son comunes los pinchazos y tirones en el abdomen o las ingles ante los que es recomendable el reposo.

Afecciones del sistema urinario

  • Aumento del número de micciones y pérdidas de orina: es habitual que la futura madre sienta ganas de orinar más a menudo –y aún más conforme avance el embarazo-, ya que el útero ejerce presión sobre la vejiga. Si se acompañan de un picor leve que persiste, debe consultarse al médico para descartar una infección de las vías urinarias.
  • Infecciones urinarias: el riesgo de sufrir estos problemas aumenta en el embarazo, ya que el mayor nivel de progesterona impide que la vejiga se vacíe por completo. Las infecciones pueden sufrirse en cualquier momento de la gestación y deben controlarse inmediatamente. Pueden detectarse por signos como aumento de la frecuencia de las micciones, molestias, escozor o ardor al orinar, dolor en la parte superior de la pelvis y, en ocasiones, fiebre y escalofríos.

Afecciones hormonales y/o metabólicas

  • Cansancio: una sensación que suele desaparecer a partir del cuarto mes, aunque puede volver a presentarse en el último trimestre del embarazo.
  • Insomnio: sobre todo durante el último trimestre, la embarazada puede sufrir dificultades para conciliar el sueño debido a diferentes causas.
  • Disnea fisiológica o dificultad para respirar: la sensación de falta de aire y la percepción de un mayor esfuerzo para respirar constituye un síntoma muy frecuente en las gestantes y se relaciona con la presión que ejerce el útero sobre el diafragma y a la actividad más intensa del corazón.

Síntomas psicológicos

El embarazo también puede afectar a la situación anímica y emocional de la futura madre, que experimentará diferentes sentimientos e inquietudes a lo largo de estos nueve meses. Los síntomas psicológicos más habituales son los siguientes.

  • Alteraciones emocionales: el estado de ánimo de la madre atraviesa distintas fases a lo largo de la gestación, provocadas por los cambios hormonales típicos de esta etapa y por las preocupaciones respecto a la evolución del embarazo y a la salud del bebé. Unos temores que pueden generar ansiedad y, en ocasiones, un estado de ánimo depresivo en la mujer embarazada, algo a lo que también puede llevar la menor autoestima derivada de los cambios en su cuerpo.
    En el segundo trimestre, es habitual que la madre se sienta más tranquila y con mayor confianza en sí misma; en parte, porque ya comienza a sentir a su hijo o hija dentro de ella. En cambio, durante el tercer trimestre, la cercanía del parto puede reavivar las preocupaciones y temores por la salud del bebé y la propia capacidad para cuidarlo adecuadamente.
  • Cambios en las relaciones de pareja: esas alteraciones emocionales y la perspectiva de la maternidad y paternidad inminentes pueden alterar la relación de pareja. También en el caso del hombre se alternan sentimientos de alegría e ilusión con otros de confusión y temor a verse superado por las responsabilidades, o incluso puede llegar a sentirse excluido del embarazo o con celos del bebé, lo que puede conllevar una menor implicación por su parte.
  • La sexualidad: es otro de los aspectos de la vida en pareja que puede verse afectado a lo largo de la gestación, ya que los síntomas físicos de la mujer, el cansancio y las alteraciones en la libido influyen en gran medida. Por este motivo, es crucial una buena comunicación entre los miembros de la pareja, que deben expresarse con naturalidad sus emociones, miedos y preocupaciones. La complicidad y confianza entre ambos será clave a lo largo de la gestación.
  • La relación con los hermanos: es posible que los hermanos mayores del bebé que está por llegar modifiquen su comportamiento al sentir menor atención por parte de su madre. Por este motivo, es muy importante que se sientan implicados durante la espera.

Seguimiento médico

¿Debo acudir al médico si deseo quedarme embarazada?

Antes de emprender la aventura de concebir un hijo, conviene realizar una visita prenatal o pregestacional, con el fin de identificar y controlar posibles riesgos para la gestación y establecer hábitos saludables en la futura madre y su pareja.

En esta primera visita ginecológica, el especialista completará el historial médico de la pareja, realizará una exploración ginecológica y mamaria a la mujer y controlará su peso y talla. Así mismo, prescribirá a la paciente suplementos de ácido fólico, una vitamina crucial para la correcta formación del tubo neural del feto. Se recomienda tomar este suplemento desde tres meses antes de la concepción y, al menos, durante los tres siguientes, con el fin de prevenir anomalías como la espina bífida.

¿Por qué es recomendable acudir también al dentista?

Aunque en ocasiones este es un aspecto que se olvida, también es recomendable una visita prenatal al dentista, con el objetivo de garantizar una mejor salud bucal durante el embarazo, ya que los cambios hormonales y el aumento de la circulación sanguínea pueden incrementar la sensibilidad de las encías durante la gestación. Asímismo, es recomendable detectar previamente cualquier amenaza de caries o problemas que puedan requerir intervención o toma de analgésicos, para así evitarlos en el embarazo.

¿Cómo es el seguimiento médico en el embarazo?

Las revisiones médicas durante el embarazo suelen alternarse entre el ginecólogo y la matrona, y su frecuencia dependerá de la comunidad autónoma y de la situación de salud concreta de la futura madre y del feto.

No obstante, ante la sospecha de embarazo y si este seguimiento se realiza dentro del sistema sanitario público, lo primero es pedir cita al médico de cabecera, que solicitará una analítica de sangre y orina para confirmar el embarazo y derivará a la gestante al ginecólogo o a la matrona.

La primera visita con estos especialistas suele realizarse entre la séptima y décima semana de gestación. En ella, se realiza la historia clínica de la futura madre, un examen obstétrico, una citología y un análisis de sangre y orina, se controla el peso y la presión arterial, se indican los controles ecográficos a realizar y se facilitan recomendaciones específicas de hábitos saludables durante el embarazo. Todo ello se repetirá durante las siguientes citas, aunque el especialista llevará a cabo también nuevas pruebas para controlar la evolución del embarazo, el crecimiento del feto y la salud de la madre.

¿Qué pruebas específicas se le practican a la embarazada?

  • Test de O’ Sullivan: se realiza entre las 24 y 28 semanas para detectar una posible diabetes gestacional. La madre debe ingerir un preparado con azúcar (cincuenta gramos de glucosa) y, al cabo de una hora, se lleva a cabo un estudio de glucosa en sangre. Si el valor es superior 140 mg/l, se repite el procedimiento anterior, pero con cien gramos de glucosa y, esta vez, realizando un análisis de sangre justo antes de la administración, a la hora, a las dos horas y a las tres horas. Con los valores que se obtienen, se elabora la curva de la glucosa y, si en dos o más ocasiones los niveles alcanzados superan los que se consideran normales, se confirma la diabetes gestacional, pudiendo pautarse el tratamiento indicado.
  • Cultivo vaginal: entre las semanas 36 y 38, se toma a la madre una muestra va­ginal y rectal para descartar que haya una infección en la vagina producida por el estreptococo β agalactiae. Si el cultivo da positivo, se administran a la madre antibióticos durante el parto para prevenir riesgos.
  • Las vacunas: están recomendadas las vacunas de la gripe y el tétanos, aunque deben administrarse siempre después del primer trimestre. Igualmente, es necesaria la vacuna de la tosferina. En cuanto al resto de vacunas, y para evitar riesgos, hay que informarse bien antes de administrarse alguna. Por esta razón, y ante la posibilidad de contraer enfermedades importantes, la futura madre deberá evitar en lo posible los viajes a países tropicales que entrañen riesgos y requieran vacunas no indicadas durante esta etapa.

¿Y cómo se controla el estado del bebé?

Una serie de ecografías y pruebas de diagnóstico prenatal permitirán controlar el correcto desarrollo y estado de salud del feto a lo largo de la gestación.

  • Ecografía fetal: no entraña riesgos para el feto ni para la madre y permite controlar su estado y desarrollo en cualquier momento del embarazo. Se recomienda, al menos, realizar una en cada trimestre (en las semanas 12, 20 y 32-34).
  • Medición del pliegue nucal (translucencia nucal): el pliegue nucal del feto es un pequeño espacio que se encuentra bajo la piel de la nuca, que al final del primer trimestre ya está formado. Si al medirlo supera los dos milímetros no constituye una enfermedad, pero sí un signo de alerta de posibles anomalías en el cromosoma como la trisomía 21. Este test se realiza en la primera ecografía.
  • El triple screening: para determinar si existe la anterior anomalía u otras como el síndrome de Edward (trisomía 18) o defectos en el tubo neural, la medición del pliegue nucal suele combinarse con esta otra prueba no invasiva que se realiza entre la semana 11 y 13 de gestación, tomando una muestra de sangre de la madre.
  • Biopsia Corial: se realiza entre las semanas 11 y 12 de embarazo. Se trata de una prueba invasiva, pero no requiere anestesia: se introduce por vía transvaginal hasta el cuello del útero una cánula de aspiración para obtener una muestra del tejido de la placenta. Su análisis permite confirmar la presencia o no de anomalías genéticas y cromosómicas y, por tanto, posibles enfermedades como el síndrome de Down o de Edwards.
  • Amniocentesis: es otra prueba que permite detectar anomalías en los cromosomas. Normalmente, se realiza entre las semanas 14 y 16 de la gestación y consiste en la extracción de una muestra de líquido amniótico de la cavidad uterina mediante una punción en el abdomen. Suele utilizarse anestesia local y conlleva también un riesgo de aborto espontáneo, pero más bajo que en la biopsia de corion.
  • Test de detección prenatal de anomalías genéticas en sangre materna: es una prueba prenatal no invasiva, a partir de una analítica de sangre de la madre, que permite la detección de las anomalías cromosómicas más frecuentes. Se realiza de forma voluntaria, a partir de la semana 10 de embarazo y normalmente en centros privados, ya que no está financiada por el sistema sanitario público.

En ocasiones, puede ser necesario llevar a cabo otras pruebas especiales, con el fin de comprobar distintos aspectos de la salud y bienestar del feto:

  • Doppler: un tipo de ecografía que estudia el flujo de la sangre. Hacia el quinto mes de embarazo, el médico puede prescribir un doppler de las arterias del útero para comprobar su correcta vascularización a madres hipertensas o que hayan tenido previamente un hijo con retraso del crecimiento intrauterino. Si se produce retraso en el desarrollo del feto, puede ser necesario también un doppler del cordón umbilical.
  • Monitorización fetal: se supervisa el ritmo cardiaco del bebé mediante una sonda de ultrasonidos que se coloca sobre el abdomen de la madre. Permite controlar el estado salud del feto y, sobre todo, su respuesta ante las contracciones en el momento del parto.
  • Amnioscopia: consiste en la introducción de un tubo por el cuello del útero para observar el color y la cantidad del líquido amniótico, con el objetivo de detectar heces prematuras del feto -lo que supondría un riesgo para este-. Solo puede realizarse si el cuello del útero está algo dilatado, por lo que cada vez se recurre menos a esta técnica.

Fuentes

Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.