El parto

¿Cómo es la fase previa o fase latente?

Los pródromos de parto o la fase latente de parto indican que el embarazo va llegando a su fin; es la forma que tiene el cuerpo de preparase para el trabajo de parto, que está ya muy cerca.

Se trata de una serie de signos y síntomas que cada mujer percibe de forma muy diferente, llegando incluso algunas a no notarlos, mientras que otras atraviesan una fase latente muy larga y molesta. Su duración es también muy variable, pudiendo oscilar entre unas horas o varios días.

Los síntomas que se pueden notar durante la fase latente del parto son:

  • Contracciones uterinas irregulares: los niveles de oxitocina (hormona natural encargada de que el útero se contraiga) van aumentando en sangre y la mujer empieza a notar contracciones que son poco perceptibles, aunque pueden llegar a ser molestas y dolorosas, según cada mujer. Se suelen describir como molestias típicas de la regla o ‘pinchazos’ en la parte baja del vientre. En realidad, se trata de contracciones que tienen una función importante: borrar (acortar) y madurar el cuello del útero, lo que es necesario antes de que empiece a dilatarse.
  • Expulsión del tapón mucoso: suele ocurrir en esta fase, aunque también puede haber sucedido antes sin que la mujer lo haya notado. Por tanto, la expulsión del tapón no está relacionada con un inminente inicio del parto. Se trata de una cantidad de flujo mucoso viscoso y espeso, de color transparente o amarillento y que puede contener trazos de sangre. Al darse esta expulsión, muchas mujeres notan sensación de alivio, y sienten que pueden respirar mejor. Esto se debe a que el fondo uterino empieza a descender, al encajarse la cabeza del bebé en la pelvis materna.

Sensación de molestias abdominales: normalmente, la mujer no puede indicar dónde las siente, aunque suelen ir acompañadas de alteraciones intestinales, como diarreas.

¿Qué debe hacerse durante esta fase?

Durante este periodo puede ser difícil saber qué hacer. Las mujeres comienzan a notar molestias y contracciones que empiezan a ser dolorosas pero no lo suficientemente frecuentes como para ir al hospital, por lo que es normal que su estado se vea alterado por  los nervios y la agitación.

Sin embargo, hay que intentar controlarse y no dejar que la adrenalina que esta situación produce dificulte el trabajo de la oxitocina, hormona que está empezando a regular las contracciones uterinas. Por ello, se recomienda:

  • Ahorrar la mayor energía posible durante esta fase. Lo mejor es intentar descansar  o incluso conciliar el sueño entre las contracciones, y recargar el depósito energético del cuerpo ingiriendo sólidos y líquidos.
  • Practicar técnicas de alivio del dolor: paseos, cambios posturales, movimientos con la pelota de fitness, calor local (bolsas de semillas), masajes, duchas o baños calientes.

¿Qué señales hay que tener en cuenta?

Existen dos indicadores que nos advertirán de que ha llegado el momento de trasladarnos al centro hospitalario para que el parto tenga lugar:

En primer lugar, lo más recomendable en cuanto a las contracciones es esperar en casa hasta que tengan una frecuencia de tres en diez minutos (es decir, una contracción cada 3 ó 4 minutos) durante dos horas en madres primerizas, o de dos en diez minutos en madres que vayan a tener a su segundo hijo.

Y en segundo lugar, debemos prestar atención a la rotura de membranas (bolsa rota o romper aguas). En caso de que las aguas sean claras, hay que anotar la hora en la que se produjo. A continuación, debemos acudir al hospital, aunque sin apresurarse. Hay tiempo de prepararlo todo con calma, incluso de descansar y comer algo antes de ir.

En cambio, si el líquido es teñido (amarillento, verdoso, o rosáceo), será necesaria una monitorización tocográfica del bebé para comprobar que todo esté bien (lo cual es así en la mayoría de los casos), por lo que se recomienda ir al hospital con más premura.

¿Cuándo podemos advertir que algo se sale de la normalidad?

Varios factores pueden señalar que algo no está transcurriendo como debería:

  • Contracciones uterinas muy dolorosas e intensas (sensación cortante, como de apuñalamiento) mantenidas en el tiempo. La mujer suele referir que la tripa está muy dura y no se relaja, a l tiempo que el dolor es muy intenso.
  • Fiebre materna mayor de 38°C.
  • Sangrado vaginal igual o mayor que una regla.
  • Cuando la madre nota una disminución o ausencia en el patrón habitual de movimiento de su bebé. Aquí es importante confiar en el instinto de la futura mamá.
  • En todos estos casos, se requiere consulta en un servicio de Urgencias maternales.

 

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.

Como mencionábamos con anterioridad, todos los partos pasan por tres etapas: dilatación, expulsivo y alumbramiento.

En todas ellas, el cuerpo de la mujer trabaja para que el bebé nazca exitosamente, y lo hace mediante contracciones que se reparten en distintas etapas, según su intensidad y fase del parto.

¿Cómo sabemos cuándo llega el momento del parto?

Tras el momento de conocer que está embarazada, toda mujer recibe una fecha en la que se estima que su bebé puede nacer. Es la llamada FEP (Fecha Estimada de Parto). Sin embargo, esta fecha es puramente indicativa, ya el embarazo se considera a término entre las semanas 37 y 42 de gestación, y el parto puede ocurrir en cualquier momento entre esas fechas.

Pese a los innegables avances de la ciencia y la tecnología dentro de la obstetricia, lo cierto es que todavía no se conocen cuáles son los mecanismos que hacen que una mujer se ponga de parto. Se cree que tanto factores maternos como fetales tienen que ver en el inicio de este proceso.

¿Cómo es la fase de dilatación?

Gracias al trabajo realizado en casa durante la fase latente, se llega a la fase activa del parto, que comprende desde que el cuello del útero se ha dilatado 3-4cm hasta la dilatación completa, de 10cm.

Durante esta fase, el bebé desciende también otros 10 cm por el canal del parto, que es la pelvis de la madre. Es tan importante durante esta fase la dilación del cuello del útero como lo es el descenso del bebé por el canal de parto.

Esta fase tiene una duración media de 1 cm de dilatación por hora (aunque la variabilidad es grande de mujer a mujer). La intensidad de las contracciones aumenta durante esta fase de moderada a fuerte y son más frecuentes.

Por su parte, el dolor proviene tanto de las terminaciones nerviosas del cuello del útero durante el proceso dilatación, como del paso del bebé por la pelvis, que causa una sensación de presión sobre el pubis y el sacro hacia los laterales, o incluso puede irradiarse hacia abajo, hacia las piernas.

Durante esta fase es normal que aparezcan:

  • Náuseas y vómitos.
  • Hiperventilación, cuando la respiración no se gestiona bien.
  • Inquietud y estrés, ya que es una situación desconocida que no podemos controlar.

¿Qué puede ayudar a la mujer durante esta fase?

  • El movimiento. El hecho de estar en posición vertical y en movimiento ayuda a la progresión de la dilatación y hace que las contracciones sean menos dolorosas para la mujer.
  • La analgesia farmacológica. Esta es la fase en la que, si la mujer lo desea, se le puede aplicar la analgesia epidural, que actúa bloqueando las terminaciones nerviosas desde el espacio epidural, y consigue bloquear la sensibilidad a distintos niveles según la concentración de fármaco.  Es administrada por una anestesista a través de un catéter muy delgado que se introduce en la zona lumbar de la columna. Esta medida hace que la embaraza pierda sensibilidad al dolor, pero en ocasiones también puede mermar su la capacidad para empujar, al no notar la mujer la sensación de presión que la cabeza del bebé ejerce sobre la zona del recto. Si se opta por esta analgesia, es necesario monitorizar las constantes vitales de la madre y el bienestar fetal.
  • La analgesia no farmacológica. Durante esta fase, es posible recurrir a métodos para aliviar el dolor que no conllevan ningún fármaco: calor, acupuntura o inyecciones de agua estéril, entre otros.

Así mismo, el apoyo personal o familiar a la mujer embarazada es un factor muy importante durante esta fase, en el sentido de que pueda tener con ella a la persona que quiera que esté allí acompañándole: pareja, familiar, amiga…

Por su parte, la matrona es el personal sanitario de referencia para asistir y apoyar a la mujer durante el parto, siempre que todo siga una evolución esperada y sin complicaciones. Ella será la encargada de monitorizar el latido del bebé, realizar tactos vaginales para ver la evolución del parto, etc.

¿Cómo es la fase del expulsivo?

El expulsivo se inicia cuando el cuello del útero está completamente dilatado (10 centímetros)  y la cabeza del bebé se encuentra prácticamente a nivel del suelo pélvico La mujer, durante esta fase, empuja con cada contracción, ayudando a que el bebé  nazca.

Esta es la fase que más reservas de energía consume, tanto en la madre como en el bebé. Por ello, es mejor no comenzar a empujar hasta que la cabeza del bebé esté a 1-2 cm del suelo pélvico; es decir, pese a que la dilatación del cérvix sea completa, no hay que empezar a empujar si la cabeza del bebé todavía está demasiado alta en la zona de la pelvis.

Las contracciones durante esta fase cambian de carácter y se hacen más largas. Así, la mujer siente un fuerte deseo de empujar, que ella identifica con ganas de defecar. En ese caso, se recomienda que la mujer puje de forma espontánea, cuando ella sienta el impulso durante la contracción. Si lo necesita, la matrona la guiará durante toda esta fase, para que el nacimiento de la cabeza del bebé ocurra de forma lenta y controlada, minimizando el riesgo y grado de un posible desgarro perineal.

En ocasiones, llegado este momento, se practica la llamada episiotomía, un corte en el periné, zona que se encuentra entre la vagina y el ano, para ampliar el canal de salida. Sin embargo, es importante comprender que la zona vaginal está hecha para poder desgarrarse durante el parto. Un desgarro perineal cicatriza más rápido y con menos problema que una episiotomía. Por eso, este procedimiento no se recomienda de forma rutinaria, salvo en casos muy concretos.

Por otro lado, también es muy importante que durante esta fase la mujer elija la posición en la que se encuentre más cómoda para empujar. Y la matrona se adaptará a su postura. La verticalidad (estar de pie, en cuclillas, de rodillas, en silla de partos, a cuatro patas, semisentada…) es una gran ventaja durante este periodo, ya que la mejora la circulación materno-fetal, la calidad de las contracciones, la movilidad de la pelvis y da mayor libertad de movimientos.

Otra postura muy cómoda es la posición de lado, que hace que la mujer controle mejor la sensación de presión, a la vez que evita que tenga que empujar contra la gravedad, como sucede cuando está tumbada en litotomía (boca arriba).

Tras un tiempo variable, el bebé sale y los profesionales sanitarios cortan el cordón umbilical.

¿Cómo es la fase del alumbramiento?

La fase del alumbramiento es la tercera y última fase del parto. Tras empujar y haber parido al bebé, el útero de la mujer vuelve a contraerse para ayudar a la expulsión de la placenta. Normalmente, esto ocurre entre 15 minutos y una hora después del parto.

La matrona comprobará entonces varios aspectos importantes: examinará la placenta para certificar que ha sido expulsada de forma íntegra; chequeará que el útero se ha contraído bien y no sangra demasiado, y examinará el perineo y el suelo pélvico para evaluar si hay o no necesidad de suturar.

Por su parte, también es fundamental que nada más nacer, el bebé tenga contacto precoz con la madre, haciendo el ‘piel con piel’, a poder ser de forma ininterrumpida durante las dos primeras horas. De esta forma, se beneficia el establecimiento del vínculo entre madre y bebé, se favorece la lactancia, y se ayuda a que el bebé mantenga una temperatura más estable, entre otras ventajas.

Autora

Este contenido ha sido elaborado por Susana Cerdán, enfermera y matrona en diferentes centros hospitalarios.

Fuentes:

 

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.

Fecha de publicación 14 septiembre, 2015

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