Enfermedad boca-mano-pie

Esta enfermedad benigna está causada por un virus

12 junio, 2017

De la mano del Dr. Josep de la Flor i Brú, Director de Pediatría en Atención Primaria, Subdirector de Pediatría Integral y Vocal regional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), entre otros cargos, explicamos qué es la enfermedad boca-mano-pie, sus causas, síntomas y tratamiento.

¿A quién afecta?

La llamada “boca-mano-pie” es una enfermedad infecciosa y contagiosa, generalmente benigna, que afecta fundamentalmente a niños pequeños, pero que puede contagiarse  a personas de todas las edades. Es muy común y aunque hay casos en todo el mundo, es más frecuente en zonas tropicales.

Además, su incidencia es mayor en colectivos con poca higiene y sobrepoblación y sus brotes se presentan con más frecuencia entre los meses de junio y octubre.

¿Cómo se produce?

Es una enfermedad producida por virus. Los responsables son los llamados enterovirus, un grupo muy extenso de microorganismos que comprende los virus de la poliomielitis (enfermedad erradicada en España en 1988 gracias a la vacunación masiva y a punto de ser erradicada en el resto del mundo) y los enterovirus-no-polio, con más de 100 variedades, que comprenden los virus Coxsackie A y B, los Virus ECHO, los parechovirus y los enterovirus propiamente dichos.

La infección se transmite principalmente a partir de virus eliminados por vía digestiva (durante varias semanas) y de manos contaminadas por restos fecales (vía fecal-oral).

Secundariamente, también se transmite por:

  • Vía respiratoria (al toser, estornudar, hablar…): durante una o tres semanas.
  • El parto: de madre a niño.
  • La lactancia materna.
  • Contacto con objetos contaminados por partículas víricas: como los enterovirus sobreviven largos periodos de tiempo en superficies inanimadas, la transmisión también se produce así, lo que ocasiona que puedan producirse epidemias en hospitales, guarderías y escuelas.

¿Cuáles son sus síntomas?

La enfermedad boca-mano-pie es la forma más conocida de infección por enterovirus y se llama así por la distribución característica de las lesiones cutáneas que causa lesiones vesiculares (pequeñas ampollas en la piel, de pocos milímetros de diámetro) en:

  • Las palmas de las manos.
  • Las plantas de los pies.
  • El interior de la boca.

Estas lesiones pueden presentarse en otras partes del cuerpo: tronco, dorso de las manos y de los pies, espalda, región del tendón de Aquiles, glúteos…

Además de las lesiones cutáneas, estas infecciones acostumbran también a dar fiebre: puede ser alta (40º) y prolongada (entre 3 y 6 días).

Además de esta afección, otra forma muy común de enfermedad por enterovirus es la herpangina, un tipo de faringitis vírica caracterizada por lesiones bucales localizadas en la parte posterior de la faringe, que, en ocasiones, evolucionan a pequeñas úlceras, no tan dolorosas como las causadas por el virus del herpes, con las que a veces se confunden.

Existen, además, otras formas infecciosas causadas por este virus y que son más difíciles de reconocer y diagnosticar, ya que muchos otros virus pueden causarlas:

  • Exantemas o erupciones no vesiculares y generalizadas por todo el cuerpo.
  • Cuadros respiratorios de resfriado común.
  • Gastroenteritis agudas (vómitos y diarrea).
  • Fiebre sin otros síntomas.
  • Conjuntivitis…

Aunque el aspecto de las lesiones es común a estas otras infecciones, lo que nos hará sospechar que se trata de la enfermedad boca-mano-pie es la localización de esas pequeñas ampollas.

Las complicaciones graves son poco frecuentes

Una complicación rara de la enfermedad boca-mano-pie es la caída de las uñas de las manos y de los pies (llamada onicomadesis) a las pocas semanas de la curación de la enfermedad. Es reversible, dado que las uñas vuelven a crecer normalmente después.

En casos de lesiones bucales muy intensas y dolorosas, el niño puede rechazar la alimentación y la ingesta de líquidos, lo que en raras ocasiones podría producir una deshidratación.

Excepcionalmente, algunos tipos de enterovirus (E-71 y D68) pueden producir complicaciones muy graves como encefalitis, parálisis, edema pulmonar o complicaciones cardíacas. Los recién nacidos, por un sistema defensivo muy inmaduro, son más propensos a sufrir las formas más graves de estas infecciones.

A día de hoy no hay posible tratamiento

No hay ningún tratamiento antiviral contra los enterovirus, responsables de la aparición de esta enfermedad. De hecho, ningún antibiótico tiene efecto sobre la evolución de la infección; al contrario, puede favorecer la aparición de complicaciones.

El tratamiento común se reduce a las medidas de confort para el niño enfermo:

  • Analgésicos-antitérmicos (paracetamol o ibuprofeno) para controlar la fiebre, el malestar general asociado a la enfermedad o el dolor producido por las lesiones cutáneas o dentro de la boca.
  • En lesiones bucales dolorosas hay que evitar la ingestión de ácidos (naranja, otros cítricos, tomate…) y beber líquidos moderadamente fríos por su efecto calmante del dolor.

Claves de prevención

Si bien no existe todavía ninguna vacuna disponible contra los enterovirus -aunque se sigue investigando -, podemos establecer unas medidas útiles de prevención para hacer frente a esta enfermedad, y son fundamentalmente dos:

  • El lavado de manos, sobre todo en los cambios de pañal.
  • El aislamiento del niño enfermo, que no puede acudir a guardería o escuela hasta que desparezca la fiebre y las vesículas de la piel se hayan secado.

Consejos para prevenir y/o controlar la enfermedad boca-mano-pie

  • 1. Lavarse constantemente las manos es la mejor protección.
  • Apuesta por un buen hábito de higiene, lavando tus manos y las de tu hijo con agua y jabón, especialmente si el niño enfermo todavía lleva pañales.
  • 2. El colegio o la guardería pueden esperar.
  • Respeta el período de aislamiento marcado por tu pediatra para evitar el contagio. Además, tu hijo se sentirá más cómodo en casa durante el proceso de recuperación.
  • 3. Anima a tu hijo a beber abundante líquido.
  • Evitará su deshidratación, sobre todo si tiene lesiones bucales que le impiden comer con normalidad.
  • 4. Huye de los alimentos salados, ácidos o picantes.
  • Durante su enfermedad, evita este tipo de alimentos que pueden aumentar el dolor de sus lesiones bucales. Ofrécele líquidos moderadamente fríos por su efecto analgésico.
  • 5. La boca, cuanto más limpia, mejor.
  • Intenta que tu hijo se enjuague cuidadosamente la boca para eliminar los restos de alimentos.
  • 6. Evita administrar a tu hijo fármacos sin prescripción, especialmente antibióticos.
  • Sigue escrupulosamente la medicación y dosificación de los fármacos que le haya recetado únicamente tu pediatra.
  • 7. No te asustes si a tu hijo se le caen las uñas.
  • Es uno de los síntomas de esta enfermedad, es poco frecuente pero, si ocurre, no te preocupes, sus uñas volverán a crecer con normalidad.
  • 8. Consulta con tu pediatra ante cualquier complicación.
  • Si tu hijo tiene una conducta anómala, respira con dificultad, tiene mal color, la fiebre le dura más de 6 días o sufre cualquier otro síntoma no habitual, acude lo antes posible a un profesional médico.
  • 9. Desinfecta sus juguetes.
  • Limpia con regularidad los objetos y juguetes con los que el niño haya estado en contacto; existen muchos virus que pueden vivir en esos artículos durante varios días.
  • 10. Mantén a raya las medidas higiénicas en tu hogar.
  • Aunque tu hijo haya pasado la enfermedad, puede contraerla de nuevo mediante otro virus diferente, así que extrema las medidas higiénicas si sabes de un brote en la escuela infantil o centro escolar.

Autor

El doctor Josep de la Flor i Brú es pediatra de Atención primaria. CAP El Serral. Sant Vicenç dels Horts. Barcelona; Director de Pediatría en Atención primaria; Subdirector de Pediatría Integral; Coordinador del TECDIAP (Grupo de trabajo de la SEPEAP dedicado a tecnologías diagnósticas en Atención Primaria), Vocal del VACAP; Vocal regional y Vocal pediátrico de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.